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Pedro Páez.

Foto: Pablo Nogueira

El yin y el yang

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Políticos y académicos crearon “dicotomía falsa entre Estado y mercado”, pero éste puede ser “inclusivo” y “continental”.

La emergencia de gobiernos latinoamericanos de izquierda y progresistas durante la última década viene operando cambios de diferente naturaleza en el escenario subcontinental, desde la económica y social hasta la institucional. Este último aspecto se traduce actualmente en el desarrollo de una “nueva arquitectura financiera”, en cuyo curso sobresale el Banco del Sur (BS), entidad “de nuevo tipo” orientada a cubrir el “vacío gigantesco” que los organismos multilaterales de crédito dejan en materia de financiamiento a planes de desarrollo y proyectos de soberanía económica. la diaria dialogó con el economista ecuatoriano Pedro Páez, de paso por Montevideo como funcionario de esa novedosa superestructura financiera que la región necesita con “urgencia” para situarse frente a una “situación tan turbulenta” como la de la “crisis estructural del capitalismo”. Sobre ésta y sus efectos, advirtió Páez, “es muy probable que se venga una ola de ataques especulativos contra América Latina (AL) en los próximos meses”.

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-¿Qué cargo y función cumple en esta estructura novedosa que es el BS?

-Soy presidente de la comisión ecuatoriana que participa en el diseño y las negociaciones internacionales no sólo del BS sino de la nueva arquitectura financiera [regional], que incluye el tema de la moneda común y la alternativa al Fondo Monetario Internacional [FMI].

-¿Cuántas patas más tiene la comisión?

-Básicamente, ahora estamos peleando por tres pilares básicos: el Banco del Sur, que avanza con algunos países; el Sucre, que avanza con otros, y la alternativa al FMI, que lo hace con otros.

Flor de consejo

La primera reunión del Consejo Sudamericano de Economía y Finanzas de la Unasur, que reunirá a los ministros de Economía y a los presidentes de bancos centrales de la región, estaba prevista para junio, pero fue suspendida a causa de las dificultades provocadas por la ceniza del volcán Puyehue, en Chile. Según anunció en la víspera el viceministro de Economía argentino, Roberto Feletti, el encuentro se llevará finalmente a cabo en Buenos Aires el 12 de agosto, informó en su web el rotativo porteño El Cronista Comercial. El jerarca declaró a la agencia oficial de noticias Télam que el temario de la reunión se basará en "una cita técnica ya realizada. Vamos a aprobar el estatuto del Consejo Sudamericano, así como también el plan de trabajo". Cabe recordar que el consejo fue creado por los 12 presidentes del grupo en noviembre en Georgetown, capital de Guyana, con el objetivo de "diseñar una nueva arquitectura financiera para la región". Lo preside el ministro argentino de Economía, Amado Boudou.

-¿Con cuáles en cada caso?

-Se trata de una propuesta integral, pero por razones políticas hay ritmos y prioridades distintas entre los países. En el BS están involucrados hasta ahora Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela. En el caso del Sucre, la moneda común, que no es exclusiva, como en el caso del euro, sino que es una moneda común adicional, alternativa, estamos Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba. En el caso de la alternativa al FMI intentamos que sea, al menos desde el principio, [en torno a[ la cuestión de Unasur. Se constituyó el Consejo de Ministros de Finanzas y de Bancos Centrales, por primera vez: sin necesidad del FMI se autoconvocará a los bancos centrales y a ministros de Economía para discutir los problemas del continente [ver recuadro]. Las proyecciones avanzarán muy rápidamente, el escenario latinoamericano cambia con mucha dinámica, y es muy probable que, en poco tiempo, logremos que los tres pilares involucren a todos los países de AL.

-Hace referencia a procesos novedosos en términos históricos para AL. ¿Cabe pensar que son reversibles en función de la evolución política interna de los países?

-Creo que son compromisos de Estado, y dada, no sólo la voluntad de los pueblos, expresada en el advenimiento de nuevas fuerzas políticas a los gobiernos, sino la gravedad de la crisis estructural del capitalismo, sería suicida para el continente revertir un proceso de esta naturaleza. Apostar al libre comercio y a la inserción poco sensata que se han dado en las últimas décadas al mercado internacional sólo contribuirá al empobrecimiento de nuestros países pero también a la inviabilidad de los aparatos productivos. Necesitamos crear condiciones que permitan armar mercados continentales, y sostener procesos de más largo plazo en términos del desarrollo de las fuerzas productivas locales.

-¿Generar mercados propios?

-Por supuesto. Éste es un proceso en el que necesitamos generar una dinámica con mercados propios. Algo de lo que los empresarios no se están percatando a nivel internacional es que no se puede hacer negocios si no hay mercados. Y están haciendo políticas de ajuste, tratados de libre comercio y una cantidad de ajustes absolutamente inviables. No se puede pretender producir más pagando menos.

-¿Dónde radica físicamente esta nueva arquitectura financiera institucional que está generando la región?

-Cada país tiene distintos equipos y es un tema soberano de cada uno. Representamos a la delegación ecuatoriana en esas negociaciones, tratando de impulsar esto desde una perspectiva coherente e integral. Necesitamos crear ámbitos y ritmos específicos para cada una de las negociaciones, pero es una urgencia para el conjunto del continente armar una nueva arquitectura financiera. El ámbito inmediato sería Unasur, pero sería bueno poder extender esto en plazos cortos a toda la comunidad de estados latinoamericanos.

-¿Sería algo similar -salvando las distancias- a la relación entre la Unión Europea y sus estructuras institucionales?

-Así es. En una situación tan turbulenta como la de la crisis que estamos viviendo es fundamental contraponer el poder soberano de los pueblos expresados a través de los estados, cuando se tiene enfrente corporaciones mucho más grandes que los estados. En la gran mayoría de los casos, los países de AL son mucho más pequeños que la gran mayoría de las corporaciones transnacionales, y mucho más débiles que los grandes bancos. Necesitamos instituciones que no sólo representen la soberanía nacional, y ahí está la diferencia con la construcción europea, sino que también construyan un espacio supranacional, que no significa erosión de las capacidades nacionales ni concesión de las soberanías respectivas. Creamos un diseño y un concepto de soberanía supranacional que va directamente de la mano del fortalecimiento de la soberanía nacional, pero también del fortalecimiento de soberanías subnacionales y populares. El caso del Sucre es clarísimo en cuanto a la diferencia con la construcción europea: en lugar de sacrificar, en el altar de la moneda, la política de desarrollo, social, fiscal y otras, es necesario que el Sucre viabilice un proceso de profundización de la integración. El Sucre es una especie de tarjeta de crédito recíproca entre bancos centrales que evita la utilización del dólar en las transacciones entre nuestros países. Si logramos evitar la utilización del dólar reducimos una presión innecesaria sobre el mercado en nuestros países, por lo tanto hay más grados de libertad en la política cambiara, comercial y de desarrollo. Y como en tal caso no cabe manipular la tasa de interés para controlar el tipo de cambio, se tiene más libertad en la política monetaria y en la financiera. Como el servicio de la deuda es más estable y menor porque no se ha manipulado la tasa de interés, hay una liberación de recursos para la política fiscal pero también para las decisiones de los hogares y de las empresas en torno a la inversión productiva y al bienestar.

-¿Hubo hace apenas semanas una decisión en la Unasur de frenar el avance hacia una moneda común?

-Hoy existe la decisión de los siete países latinoamericanos, firmada el 9 de diciembre de 2007, de avanzar hacia una moneda común. Pero ésta no implica el proceso europeo de desaparición de las monedas nacionales. El Sucre no fue diseñado como un sustituto de las monedas nacionales, es una tarjeta de crédito adicional.

-¿Los bancos centrales "liquidan" con ella?

-Exacto. Usan estas "tarjetas de crédito" en lugar de dólares contantes y sonantes, y ese ahorro no es trivial. Evitar el uso del dólar genera un alivio a esa angustia por la obtención de divisas que está en el corazón de buena parte de la dependencia macroeconómica de AL.

-¿Cómo se articulan el Sucre y las monedas nacionales en las operaciones internas con las empresas vinculadas al comercio exterior?

-Es un tema doméstico de cada país. Una vez hecha la transacción, el Banco Central del país exportador, por ejemplo en Ecuador, es acreditado en valores en sucres, que es una canasta de monedas. Cada unidad vale 1,25 dólares, y el exportador es directamente liquidado en dólares por el Banco Central. El sucre es un acuerdo intergubernamental con características supranacionales en la medida en que ayuda a reducir la utilización del dólar en un ámbito que va más allá del Estado nacional.

-¿Ese proceso de desdolarización de las economías es aún heterogéneo en la

región? -Este proceso de recuperación de la soberanía nacional es todavía incipiente pero la crisis estructural mundial obliga a acelerarlo rápidamente. Es muy probable que se venga una ola de ataques especulativos contra AL en los próximos meses. Es necesario contar con recursos que permitan proteger el comercio, el mercado, abrir nuevos mercados, incorporar nuevos actores, generar nuevas lógicas, abrir nuevos productos a la dinámica de los mercados continentales.

Mercado socialista

-El bloque del llamado "socialismo real" buscó generar un ámbito que tenía el nombre de mercado común, o al menos llevaba esa denominación representando ese espacio simbólico que en el capitalismo llamamos mercado. ¿El mercado como espacio universal de intercambio de bienes e ideas trasciende la contradicción capitalismo/socialismo? -No sólo eso sino que es una dicotomía falsa la que se ha instalado entre Estado y mercado, no sólo en la cabeza del público en general sino de los hacedores de política y los propios académicos, de las universidades. Hoy por hoy el Estado y el mercado sirven a los mismos amos, y la evidencia más clara son los salvatajes bancarios a los supuestos adalides del libre mercado: son millones de millones de dólares, millones de millones de euros que se han inyectado de manera impune a los mismos sectores que han abusado, desde la incompetencia y desde la inoperancia, de la palabra "mercado". Entonces necesitamos crear mercados nuevos. No es un problema de más Estado o de menos mercado sino de crear más mercados, pero inclusivos, no oligopólicos, no capturados desde la lógica del cortoplacismo, de la especulación, de las transnacionales sino mercados que inviertan en espacios donde se valide el trabajo de la gente. Y necesitamos un mejor Estado, no el capturado por las corporaciones, por los oligopolios sino uno que represente los intereses estratégicos de los pueblos.

-¿El Banco del Sur tiene alguna similitud funcional equiparable a otra del Banco Central Europeo?

-No. Es una banca de desarrollo de nuevo tipo, y eso tiene dos aspectos: un nuevo tipo de banca porque hay nuevas prácticas bancarias...

-¿Por ejemplo?

-Que maneja no sólo créditos en divisas extranjeras sino que también incluye monedas nacionales y una moneda común. Por ejemplo, Ecuador pide un préstamo, y un tramo del préstamo vendría en dólares para aquello estrictamente necesario para importar maquinaria del norte, pero otra parte vendrá en reales brasileños para importar otras cosas del Brasil y contratar empresas brasileñas, y otra parte será en pesos argentinos, bolivianos, uruguayos, etcétera. Otra alternativa, impulsada por Ecuador, es [construir] otro tipo de criterios, de indicadores para la formulación, la evaluación y la priorización de los proyectos. Ejemplo de esto es un borrador de manual de crédito, que elaboramos para discutir con los países hermanos, que internaliza las externalidades ambientales, sociales, como el trabajo no pagado de las mujeres de la comunidad. El otro aspecto del BS es [establecer] otro juego de prioridades con referencia, según decidieron los presidentes, a las necesidades básicas de la gente. Poner primero la vida y no lo que el mercado, crematísticamente, sugiere, que es básicamente en torno al modelo primario extractivista, sobre todo ahora que tenemos los precios de los commodities altos. Pero esta situación pone todos los huevos en una sola canasta: hablamos de factores exógenos, el precio de nuestras exportaciones está inusitadamente, y de manera sostenida, alto, pero uno no sabe cuándo puede cambiar la tendencia, y qué pasa con AL si cambia. Necesitamos recuperar la coherencia entre producción y consumo desde los derechos de la gente y sus necesidades. De ahí que los presidentes establecen como prioridades del BS soberanía alimentaria, sanitaria, energética, en producción de conocimiento, en recursos naturales, en construcción de una infraestructura continental que sirva no sólo para exportar sino también para organizar el espacio en torno a una dinámica de mercados locales, regionales, continentales y en financiar todas las lógicas productivas que han sido discriminadas por la banca de desarrollo y la banca privada comerciales. Ni siquiera el microcrédito reconoce y atiende esta lógica.

-¿Dónde capta recursos, financiamiento, fondeo para aplicar a los proyectos de desarrollo?

-Primero, está ligado a planes de desarrollo. El BS es una institución que sirve a los gobiernos de acuerdos a las necesidades e intereses de cada uno, decidido al interior de cada país soberanamente. Está llamado a convertirse en el Consejo Financiero de estas nuevas entidades, que son los Consejos de Ministros de la Unasur. Es el mecanismo a partir del cual los ministros pueden ejercer la soberanía que sus respectivos presidentes les exigen en los campos temáticos que les corresponden. Hoy tenemos un vacío gigantesco en ese plano que no ha sido atendido por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo ni por las otras instituciones de desarrollo. Tiene un capital suscrito de 7.000 millones de dólares, pero esto no evidencia el verdadero músculo del BS porque además va a movilizar recursos locales y monedas nacionales. Creamos el espacio de validación de las monedas del continente.

-¿Cómo se integra esa masa monetaria?

-Primero está el aporte de cada país, dividido de acuerdo al tamaño de las economías. El primer rango, de 2.000 millones de dólares, es para economías más grandes, hay un segundo de 950 millones, otro de 400, otro de 150 y otro de 45 millones. Un 10% de ese aporte de capital ya está en monedas nacionales. Hoy por hoy, el sucre, de manera incipiente, entre los cuatro países que lo están operando, funciona como un clearing automático, y, al mismo tiempo, como un mecanismo que abre crédito. Recuérdese que al momento de realizada la transaccción el Banco Central del país exportador recibe inmediatamente un valor acreditado en sucres, que puede utilizar de manera inmediata para negociar, comprar productos de los otros países. Así ningún Banco Central se queda con el hueso. La diferencia entre esta liquidación bruta en tiempo real en sucres y la liquidación neta del saldo en dólares cada seis meses abren un espacio de crédito implícito, aprovechable por los estados y también por los pequeños productores. Y el respaldo institucional de los bancos centrales reduce la incertidumbre y baja el umbral de entrada [al financiamiento] a una gran cantidad de actores que ni siquiera sueñan ahora con el comercio internacional por las dificultades que implica la eventualidad del no pago.

-¿Qué valor tiene en este proceso el encuentro que te trae a Montevideo?

-Analizamos la importancia y las posibilidades enormes que hay, en los planos monetario y financiero, para fortalecer la participación de esas unidades productivas que no son propiamente capitalistas, de la economía social y solidaria. El mercado presenta una asimetría estructural que opera automáticamente contra ellas y las asfixia: desde la competencia hasta la escala, pasando por lo tecnológico, la desventaja institucional, los contactos, el acceso a instancias de conocimiento y de influencia política, el manejo del exterior y otras variables.

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