Fernando Pereira, coordinador y secretario de Finanzas del PIT-CNT, durante la entrevista con la diaria. / Foto: Pablo Nogueira

Marcando la cancha

Fernando Pereira, uno de los coordinadores del PIT-CNT, habla del paro general parcial convocado para hoy.

"Hacemos política desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y no sólo nosotros, las cámaras empresariales también hacen política", resume Fernando Pereira, uno de los coordinadores del PIT-CNT. El paro general parcial que aprobó la Mesa Representativa de la central recibió críticas internas, de la oposición y del oficialismo.

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Pereira acepta esos cuestionamientos pero reivindica el derecho de la Mesa Representativa de tomar una decisión de este tipo. El sindicalista considera que en esta coyuntura electoral están configurados "dos bloques" o modelos de país, aclara que el PIT-CNT también pretende "marcarle la cancha" a un eventual tercer gobierno del Frente Amplio (FA) y sale al cruce de algunas objeciones "esquizofr...
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Pereira acepta esos cuestionamientos pero reivindica el derecho de la Mesa Representativa de tomar una decisión de este tipo. El sindicalista considera que en esta coyuntura electoral están configurados "dos bloques" o modelos de país, aclara que el PIT-CNT también pretende "marcarle la cancha" a un eventual tercer gobierno del Frente Amplio (FA) y sale al cruce de algunas objeciones "esquizofrénicas" contra el movimiento sindical.

-En 2009, cuando el candidato del Partido Nacional era Luis Alberto Lacalle, el PIT-CNT organizó una "Marcha de la esperanza". ¿Qué diferencias hay entre aquella coyuntura y ésta?

-Esa marcha de 2009 reflejó un momento político en Uruguay, con un movimiento sindical que había trepado al doble de la filiación y que había conquistado derechos elementales, por ejemplo la negociación colectiva y la libertad sindical. Nadie podía pensar antes de 2004 que los trabajadores de los supermercados iban a poder parar grandes superficies o que en los recibos de los trabajadores rurales empezaran a figurar las horas extras. Si la contabas así era una película de Steven Spielberg. En 2009 llegamos a la conclusión de que ese proceso de cambio y de democratización debía profundizarse. Eso permitió otros avances democráticos durante el gobierno de José Mujica. Hoy la agenda de derechos nadie la discute, pero fue una lucha que dio la sociedad civil organizada, incluyendo al movimiento sindical. También se votó la Ley de Responsabilidad Penal del Empleador y no hay ningún empresario preso, como se anunciaba, pero sí hubo 2.500 accidentes menos en este primer semestre. ¿No es una gran victoria del movimiento sindical? La mortalidad en el trabajo sin la negociación colectiva era de diez cada 100.000 registrados; y ahora pasó a ser de cuatro cada 100.000 gracias a la enorme cantidad de cláusulas que se establecieron sobre la salud y la seguridad en el trabajo, porque la negociación colectiva no son sólo salarios. En esta coyuntura se entendió que teníamos que hacer lo mismo que en 2009, estableciendo qué cosas están faltando.

-De todas maneras, esta vez la medida del paro fue más discutida internamente.

-Esta medida tuvo 45 votos afirmativos y cuatro negativos en la Mesa Representativa. Hubo una discusión pública, pero eso no significa falta de consenso. Aunque fue una mayoría aplastante, uno leía titulares que decían: "posiciones divididas". Pero la discusión real se va a ver mañana [por hoy]: si hay decenas de miles de trabajadores en la marcha, si nuestro discurso es atinado y el resto de la sociedad comprende nuestro planteo, entonces habrá sido una táctica acertada.

-¿No hay un distancia demasiado grande entre el nivel de convicción política de la capa dirigencial del PIT-CNT y el resto de los trabajadores afiliados?

-Es un tema para trabajar más, es cierto. La dirección sindical tiene dos obligaciones: pelear por sus derechos y, una vez conquistados, sintetizarlos en la cabeza de la gente, explicitando cómo se conquistaron. He visto conflictos ganados que no fueron suficientemente sintetizados. No es que el movimiento sindical logra cosas y éstas quedan de una vez y para siempre; logra cosas y tiene que ir por más. La independencia es otra cosa, es no consultar con los partidos ni con los gobiernos las posiciones que toma el movimiento sindical. Pero no se puede confundir independencia con neutralidad o indiferencia. Si yo dijera que me da lo mismo tener negociación colectiva que no tenerla, sería un hipócrita. En estos nueve años hicimos casi 30 medidas generales y con eso logramos muchas conquistas, y yo no lo voy a dejar que eso pase desaparcibido. Somos una organización social y política, no somos partidarios, pero hacemos política desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y no sólo nosotros, las cámaras empresariales también hacen polítíca. Hace poco presentaron un documento que es un plan de gobierno. A la medida de la derecha, pero es un plan de gobierno. ¿Alguien objetó que dieran su posición política sobre casi todos los temas? Nadie. Pero si el PIT-CNT opina en un acto público inmediatamente dicen que estás haciendo un acto político-partidario. Si las cámaras van al Parlamento a presionar para que no se apruebe la Ley de Responsabilidad Penal del Empleador, están reflexionando con los senadores, pero si hay una movilización de trabajadores en la puerta ya es una presión indebida. Llegó la hora de adecuar esos discursos a la realidad. Por suerte, somos un movimiento cargado de ideología, algo que a muchos sectores les molesta, y mucho más en campaña electoral. El último 1º de mayo hicimos un balance y las principales figuras de la oposición que estaban en el acto plantearon que había sido un discurso equilibrado. Ahora, como faltan dos meses para las elecciones, decimos lo mismo pero pasó a ser un discurso desequilibrado. Es el nerviosismo de la campaña.

-¿Cuál sería la diferencia entre decir "por acá no sería", como claramente lo hacen con Luis Lacalle Pou, con indirectamente promover un voto por el FA?

-Nosotros no le vamos a decir a nadie qué votar. Sí les vamos a decir a los trabajadores cuáles son las diferencias entre un modelo que se aplicó en los 90 y un modelo que se empezó a aplicar hace nueve años. Y después, cada uno optará libremente. El voto no responde solamente a una cuestión de logros o conquistas. Nosotros no nos creemos quiénes para decirle a nadie qué votar. En otros países lo hacen; el Partido de los Trabajadores de Brasil fue construido por una central de trabajadores, la CUT [Central Única dos Trabalhadores], y llevó a la presidencia de la principal potencia latinoamericana a Luiz Inácio Lula da Silva. Eso podría ser legítimo, pero en Uruguay no lo hacemos porque desde la década del 60 tenemos otra concepción sindical: mostrar las cosas y que la gente laude de la manera que le parezca. Hoy vemos que claramente hay dos bloques en el país, y nosotros nos sentimos parte del bloque social y democrático de los cambios.

-Otro modelo es el de la Confederación General del Trabajo de Argentina. Desde la llegada del FA al gobierno la comparación ha sido permanente. ¿Cuál es tu punto de vista?

-Es una barbaridad total y completa. Para empezar, en Uruguay hay una central única y organizada por ramas de actividad, no organizada por trabajadores sueltos. O sea que cuando una patronal va a hablar con un sindicato, sabe con quién está hablando. No son modelos comparables. Hablar de la peronización del movimiento sindical en Uruguay es imposible, para empezar, porque no tenemos ningún Perón. Y en segundo lugar, porque el sindicalismo uruguayo es plural por definición, fue conformado por anarquistas, comunistas, socialistas, cristianos. Esa cultura sindical está instalada en Uruguay desde hace casi 50 años y ha solidificado la unidad en la diversidad.

-También hay una tradición de corrientes sindicales vinculadas a sectores progresistas de los partidos tradicionales. ¿Qué pasa con ellos en una coyuntura como ésta?

-El ex secretario general de mi gremio [se refiere a Gustavo Macedo, de la Federación Uruguaya de Magisterio] es del Partido Nacional [PN] y yo me sentía absolutamente representado por él. Somos grandes compañeros y no hay ningún problema. Seguramente él está de acuerdo en que los cambios en Uruguay llegaron para quedarse y que el movimiento sindical va a defender sus conquistas, entre ellas la negociación colectiva. Está claro que hay otra parte de la sociedad que piensa que ése no es el camino; lo ha dicho Óscar Licandro [uno de los asesores de Lacalle Pou], que no está de acuerdo con los Consejos de Salarios. Hay gente -por suerte cada vez menos- que sigue pensando que el mejor sindicato es el que no existe. ¿Algún dirigente de los partidos tradicionales salió a decir que lo que dijo Licandro era un disparate? Yo no escuché a nadie. Si alguien lo dijo, lo hizo en voz muy baja. Nosotros lo vamos a decir bien fuerte: que alguien diga eso nos genera mucho miedo.

-¿O sea que para el PIT-CNT no es lo mismo un candidato wilsonista que uno más identificado con el herrerismo?

-En lo personal, no involucro a nadie en esto, creo que hay una diferencia sustancial. Una cosa es el pensamiento y el programa de gobierno wilsonista, la matriz que construyó el frente social del PN. Recién hablaba de Macedo, pero también puedo nombrar a Miguel Cecilio, a gente que aportó mucho a los movimientos sociales y populares del país. En los temas más importantes estamos de acuerdo con ellos; es evidente que su concepción de sociedad es diferente de la que tienen otros sectores del PN. El problema es que durante la campaña electoral todo es más difícil, pero esos compañeros de los sectores progresistas blancos seguramente no estén de acuerdo con el documento de las cámaras empresariales y van a coincidir más con nuestras propuestas. Está claro que para el PIT-CNT no es lo mismo hablar con el wilsonismo o con el ala batllista del Partido Colorado que hablar con los sectores más duros o conservadores.

-¿Que los presidenciables sean Pedro Bordaberry y Lacalle Pou contribuye a tomar una medida de este tipo?

-No creo que sea algo del estilo "nos obligan a salir". Nosotros hubiéramos salido a marcar la cancha en cualquier circunstancia. Como hace el canchero del estadio Centenario con las líneas blancas, estamos diciendo en qué líneas nos vamos a mover, porque no vamos a ser electos para gobernar, nosotros vamos a seguir dirigiendo sindicatos y vamos a defender nuestras ideas con movilización y lucha. Tampoco negamos que para nosotros es más fácil hablar con los dirigentes más progresistas de los partidos tradicionales, en su momento con [Alejandro] Atchugarry, con [Jorge] Larrañaga, con Teresita González, en medio de semejante crisis. Si la concepción que tienen de sociedad es la de mejorar la vida la gente, para nosotros es mucho más fácil.

-¿Pero significa también marcarle la cancha a un eventual tercer gobierno del FA?

-Claramente. Todas estas demandas las venimos peleando durante gobiernos del FA. Muchos de los medios que nos acusan de perder la independencia hablaron de un pacto del PIT-CNT con el gobierno para bajar la conflictividad en este año electoral; sin embargo, hace pocos días también nos criticaron por los altos niveles de conflictividad que se registraron en este trimestre. Si en estos años, según el índice que elabora la Universidad Católica, hubo momentos de alta conflictividad, ¿no habla eso de una independencia del movimiento sindical? Nosotros no fuimos a ninguna negociación sin movilización, porque ésa sigue siendo nuestra fuerza. Así se logran los cambios, no a partir de una cúpula inteligente que arma un nuevo paquete de leyes y consigue mejoras salariales. No. La gente no nos ve a los dirigentes sindicales como monstruos, nos ve caminando en las mismas calles, en las mismas ferias y con los mismos problemas.

-A diferencia de lo que sucedió en 2009, esta medida en particular recibió críticas desde el FA. ¿Cómo las tomaron?

-Creo que es lo bueno de esto. Todo el mundo tiene derecho a cuestionar, pero el derecho a decidir lo sigue teniendo la Mesa Representativa. Que Tabaré Vázquez, Álvaro García y Lacalle Pou digan lo que piensan, pero la decisión la tomó la Mesa Representativa. Y los sindicatos que no apoyaron la medida en la Mesa están trabajando como cualquier otro para que esto sea una gran movilización; ésa es la marca registrada del movimiento sindical. Creo que lo que planteaban estos compañeros tenía fundamentos, pero una vez que se tomó la decisión los sindicatos la acatan, sin tomar atajos. Es un poco esquizofrénico, porque si hacemos un planteo general nos acusan de ser unos líricos o de responder a intereses político partidarios, y muchas veces son los mismos que cuando reclamamos mejoras salariales nos tratan de corporativos, o cuando decimos algo del gobierno nos dicen que nos estamos peronizando. Otras veces, cuando criticamos, nos acusan de poner un palo en la rueda... Yo creo que todo eso es una demostración inequívoca de que somos un movimiento sindical independiente.

-Otra lectura posible es que después de lo que sucedió con Alfredo Silva en la Administración de los Servicios de Salud del Estado, el PIT-CNT no estaba en el mejor momento para hacer planteos tan políticos. ¿Lo analizaron?

-No creo que las críticas internas hayan pasado por ahí. Lo de Alfredo Silva está en la órbita judicial, y creo que el movimiento sindical tomó decisiones rápidas y correctas. Discutimos palabra por palabra, y creo que fue una decisión política acertada. Hubo errores y ruidos -algunos compañeros pensaban que la remoción no era la mejor medida, otros pensamos que sí-, y el movimiento sindical sigue adelante.

-En todo caso, se puso en debate qué pasa con los dirigentes sindicales cuando integran el gobierno. Ese pasaje no está tan naturalizado entre toda la dirigencia, incluso para algunos es un paso equivocado.

-A mí me llama mucho la atención cuando se dice que muchos compañeros hacen en el movimiento sindical una carrera para ser diputados. El que hace eso es un bobo. Yo tengo 25 años de militancia sindical, y te aseguro que se llega mucho más fácil desde adentro de los partidos. Es mucho más sencillo entrar derecho a los sectores que ser transferido del movimiento sindical a la lista partidaria. Todos lo saben. No se forma un cuadro sindical en dos días. A mí me da mucho dolor cuando un compañero con 15 o 20 años de militancia sindical deja la actividad, porque ahí perdemos un cuadro formado hasta el hartazgo. Hoy un dirigente sindical tiene que leer mucho, estar informado y actualizado, asesorado permanente por sociólogos, abogados, economistas, contadores. Tiene que estar en vínculo permanente con las universidades, interiorizarse en política nacional e internacional. Entonces, cuando uno de ésos se nos va, es casi como un divorcio. Para nosotros la salida de Héctor Florit o de Teresita Capurro fue muy dura, porque son compañeros con una experiencia terrible. ¿A alguien se le ocurre hacer todo eso para ver si algún día llega? Si alguien está pensando en eso, mejor que vaya derecho a militar a un partido.

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