Óscar de los Santos. Foto: Santiago Mazzarovich

Tranquilidad esteña

Una charla con Óscar de los Santos, diputado de Alianza Progresista y ex intendente de Maldonado.

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Muchos dirigentes del Frente Amplio (FA) ven a Óscar de los Santos como una potencial figura de recambio nacional. Sin embargo, su opción sigue siendo la de hacer política desde Maldonado (“soy aldeano y me siento cómodo en la aldea”). El diputado fernandino dijo además que la presidencia del FA necesita una cabeza fresca y alguien joven de verdad (no de la generación 83); planteó que la Presidencia de la República está en una situación de debilidad institucional y advirtió que si alguien en el FA piensa sacar réditos debilitando la figura del presidente de la República “pone en riesgo todo el proyecto”. También opinó sobre la posibilidad de que Danilo Astori y José Mujica vuelvan a ser candidatos en 2019, y fue muy claro: “No me gusta”.

-Una de las discusiones que tendrá el FA en 2016 es la elección de su presidencia. Más allá de los nombres, ¿cuáles deberían ser los ejes de debate?

-Hay un capítulo vinculado con la actualización ideológica; otro que tiene que ver con el rol de los territorios en la organización del FA y de la relación de las estructuras organizativas, preservando el movimiento pero tratando de innovar en materia de nuevas expresiones de comunicación, como las redes frenteamplistas. De la misma forma que existen comités funcionales de trabajadores, hay que promover que los académicos y los jóvenes también tengan espacios de toma de decisiones en los organismos políticos del FA. También tenemos que analizar el proceso de retroceso que vive América Latina y cómo el FA puede convertirse en un paradigma de cómo revertir esa tendencia. Si bien tenemos conflictos y tensiones, que son evidentes, hay que recordar que en el FA nunca pensamos monolíticamente, porque no somos un partido único, somos una coalición. Es importante ver qué pasa a nivel mundial. Tengo la sensación de que la convulsión ideológica ha llegado a un punto en el que ya no quedan referencias. En Europa han aparecido alternativas fuera de las estructuras que conocíamos. En Uruguay, si sumás a Unidad Popular, la izquierda extrafrenteamplista, el PERI [Partido Ecologista Radical Intransigente] y el FA, tenés un espectro de izquierda que es muy significativo. Creo que deberíamos reelaborar un discurso que plantee un modelo de desarrollo basado en la sustentabilidad ambiental. Si no rompemos estigmas y generamos nuevos paradigmas, vamos a tener complicaciones para desarrollar cualquier proyecto nacional.

-¿Qué características debería tener el próximo presidente del FA?

-Tengo la impresión de que tiene que ser una cabeza muy fresca y de que tiene que ser alguien joven. Y cuando hablo de joven, hablo de joven. No estoy hablando de alguien de la generación 83. Porque el mundo va a seguir cambiando vertiginosamente en los próximos cinco o diez años, y cada vez nos va a costar más decodificarlo. Muchos de nosotros ya tenemos la cabeza muy armada y nos perdemos parte de la riqueza de la realidad. Una pregunta que se plantea es si tiene que ser alguien conocedor de las estructuras del FA o es mejor que venga alguien de afuera, irrumpa y establezca nuevas dinámicas. Ésa es una discusión. También creo que sería importante que esta persona pueda pensar en clave nacional. Al FA le falta mucho para ser una fuerza nacional; basta ver el desfasaje que hay entre las elecciones nacionales y las departamentales.

-Si uno mira los nombres que se han manejado, los únicos más jóvenes serían Pablo Álvarez y Alejandro Sánchez, que vienen más bien del movimiento estudiantil que ocupó liceos en 1996. ¿Te parecen buenas opciones?

-Sí, la veo por ahí. También hay otros que mencionan a Javier Miranda. Para mí es importante la capacidad de conducir procesos de debate continuo. No de vivir en asamblea, pero sí de discutir más, porque el mundo nos va a exigir. Tiene que ser alguien que enamore a los trabajadores organizados y a los académicos, y también tiene que ser capaz de inyectarle estímulo a la necesaria recreación del proyecto político.

-Durante muchos años el tema de la “unidad de acción” parece haber tenido un valor casi sagrado para el FA; sin embargo, parece que cada vez es más fácil romper esa unidad. ¿Cómo pensás que se debería discutir ese tema?

-La unidad de acción y la disciplina son, en algún punto, temas vinculados al autoconvencimiento. Digo esto porque la disciplina no es algo militar, es algo a lo que me comprometo para administrar diferencias. El tema es cuando empiezan a pesar las individualidades y los intereses sectoriales, y ahí las preguntas son: ¿hasta dónde la bandera de Otorgués y la historia del FA son un acervo para todos? ¿O es apenas un trapo en el que nos envolvemos cada cinco años para juntar votos? La cultura frenteamplista es mucho más que callar los silencios a gritos, y también es mucho más que tratar de hacer públicas las diferencias para ver cuánto acumulo en un pedacito de poder. A veces nos destratamos demasiado y se anteponen los intereses y enconos personales. No apostamos tanto a impulsar ideas, sino más bien a descalificar las ideas de los otros.

-¿Piensa que esos problemas se agravaron a partir de la llegada al gobierno en 2005?

-El primer período de gobierno fue más monolítico. En el segundo se empezaron a manifestar diferencias más abiertamente y hubo una primera ruptura de la disciplina partidaria, con la Ley de Caducidad. Y en éste tuvimos legisladores que decidieron no votar lo que se acordó en la bancada. La única manera de resolverlo es con más discusión y más calidad en la discusión, y con que el FA juegue un rol articulador más activo, asumiendo que la política es una negociación permanente.

-Las señales que se dan desde los liderazgos no son las mejores. Uno de los episodios más álgidos de este año en la interna del FA fue el cruce de cartas entre Astori y Mujica.

-Hay una discusión de fondo y legítima sobre el rol del Estado. Hay una necesidad de contar con un Estado más moderno y eficiente. Por otro lado, hay un rol de las empresas públicas que la ciudadanía laudó y colocó como uno de los baluartes de las señas de identidad de nuestra nación. Ése es un debate necesario y legítimo que el FA necesita tener.

Pero lo que más llama la atención de estas cartas es que, si bien en muchas cosas Mujica y Astori están en las antípodas, en el gobierno anterior demostraron lealtad con el proyecto. Es importante poner en valor lo que ellos lograron en términos de convivencia. Y quiero remarcar la lealtad institucional de Astori; quiero decirlo aunque no sea astorista: nadie puede poner en tela de juicio la sostenibilidad del proyecto económico que lideró Astori en estos años. También valoro la actitud de Mujica, que, incluso en la hipótesis de la existencia de dos grupos económicos, siempre respetó la opinión de Astori. En este tercer gobierno, cuando pensábamos que eso había cesado, nos encontramos con que no está claro si vamos a tener un puerto de aguas profundas [PAP] en Rocha o si la regasificadora es estratégica. Ahí faltó afinar. Y las cartas son la expresión de cosas que se laudaron sin acuerdos básicos. ¿Puedo juzgarlos por eso? No. Lo que estoy diciendo es que evidentemente tenemos problemas. Porque el PAP era un plan estratégico. La construcción de estos relatos y darle certezas a la gente es parte de las tareas de los dirigentes. Eso no se resuelve con cartas, se resuelve tomando definiciones políticas.

-¿Y qué pasa con las luchas de poder? Da la impresión de que a más tiempo en la gestión, más son las facturas que se cobran entre los dirigentes del FA.

-Es probable que nos estemos pasando más facturas que nuestra capacidad para discutir las cosas en perspectiva. Perdemos de vista que la derecha mediática y la derecha empresarial van a estar siempre jugando fuerte. Ahí es cuando el valor de la unidad tiene un significado distinto. Un tema que me preocupa es la debilidad de la institucionalidad de la Presidencia de la República. Todo aquel que crea que puede hacer la fiesta de 2019 comiendo entre 2016 y esa fecha puede estar hipotecando el futuro. No hablo del futuro personal o del sector, hablo del proyecto nacional. El que crea que puede succionar energías a la institucionalidad del Estado y del gobierno puede ayudar a que implosione toda la fuerza política. Es un tema de responsabilidad.

-Pero ¿dónde estás viendo esos riesgos? ¿En la actividad parlamentaria?

-En Diputados no lo he visto. Hemos discutido mucho y tenemos muchas diferencias, pero no he visto agresiones ni descalificaciones. Lo que digo es que hay una clara ofensiva de la derecha, y que muchas veces desde la izquierda le hacemos el caldo de cultivo para debilitar la Presidencia de la República. También hay un antecedente complicado: cuando debilitamos la presidencia del FA para sacar a Mónica Xavier. En estos nueve meses, desde que parimos esa criatura, han pasado muchas cosas, y ninguna es gratis. Tenemos que hacernos cargo de las causas.

Esto no significa que al presidente haya que decirle siempre que sí, porque el presidente no es un virrey. Pero sí es el hombre más representativo del Uruguay, y tenemos que fortalecer la institucionalidad presidencial, buscando nuevas formas de diálogo entre el Parlamento, la fuerza política y el Poder Ejecutivo. Pero reitero: quien piense que puede sacar astillas del árbol de la Presidencia de la República en realidad está prendiendo fuego todo el bosque.

-¿La crisis por ANCAP es la peor que ha vivido el FA desde 2005?

-No sé si puedo medirla. La discusión por el TLC [Tratado de Libre Comercio] con Estados Unidos también tuvo momentos de mucha tensión, pero se terminaron dirimiendo rápidamente. Lo del TISA fue una discusión más específica del FA. No participó tanto el gobierno, algo que a mí me pareció incorrecto. El Ejecutivo debe dar los debates con la sociedad; eso es parte de la radicalidad democrática y del republicanismo. Evitar debates puede significar que la izquierda pierda parte de sus contenidos y su estructura muscular, algo que es muy importante. Esconder las diferencias o descalificar al que plantea diferencias es contrarrevolucionario.

-A veces queda la sensación de que este Poder Ejecutivo tiene poca iniciativa para marcar la agenda política.

-Necesitamos más iniciativa del Ejecutivo y también de la fuerza política, incluyendo a los parlamentarios, los intendentes, los ediles y los militantes. Pero necesitamos que esa capacidad de iniciativa tenga cuatro o cinco grandes ejes. No hay capacidad de iniciativa que valga si todos los días tenemos una agenda tan amplia como la que tuvimos en el gobierno pasado. Mujica nos ayudó a pensar, pero abrió una agenda tan amplia que en temas estratégicos, como la integración del Mercosur o el proceso de infraestructura y logística -y reitero lo del PAP-, no logramos avanzar.

Con esto no estoy haciendo una valoración negativa del gobierno de Mujica, que fue un muy buen gobierno; lo que sí planteo es que en este tercer gobierno no tenemos posibilidades de abrir todos los frentes. Tengo la sensación de que hoy cada uno tiene su propia agenda, porque representa un pedazo de su parcela electoral, y que muchos estamos viendo cómo preservamos nuestro nicho. Hay que acercar más esas parcelas. Necesitamos un rol más importante de la Presidencia en la capacidad de iniciativa y acordar esos cuatro o cinco ejes programáticos, asumiendo con responsabilidad que la amenaza de la restauración es real: lo que está haciendo Novick es lo mismo que hizo Macri en Argentina y la derecha en Venezuela. La receta la tienen.

-No será fácil laudar esas discusiones en un escenario económico adverso.

-Pero es imposible no intentar laudar debates. Por ejemplo, si, como dicen las encuestas, los uruguayos están perdiendo el ideal que tenían de las empresas públicas, algo nos está pasando. La defensa de las empresas públicas fue una bandera de la izquierda y del movimiento popular, porque el sanguinettismo se subió recién a último momento. ¿Por qué se ha devaluado el rol de las empresas públicas? La derecha jugará lo suyo, pero nosotros tenemos que darle la perspectiva a la ciudadanía de que en los próximos cinco o diez años podemos llegar a tener un combustible más barato, una energía eléctrica más barata y costos de agua y saneamiento más baratos. Puedo tener empresas públicas muy potentes, pero si la gente no las siente como parte de su vida cotidiana, estamos complicados.

-Pero, más allá de la ofensiva contra el rol de las empresas públicas, ¿cuánto contribuyen en esa imagen negativa situaciones como la de ANCAP?

-En cualquier partido que uno decide jugar hay chances de salir lesionado. En este caso la imagen puede quedar lesionada, sin duda. El tema es qué pensamos colectivamente sobre ANCAP. Por lo pronto, hay que dar señales claras de que ANCAP nos preocupa y de que es necesario mejorar la gestión. El Partido Nacional va a mandar sus denuncias a la Justicia y ésta evaluará si en el medio alguien se corrompió. Pero que no digan que esto es como Petrobras. Los dirigentes de ANCAP no son los de Petrobras, y las garantías del sistema uruguayo son mayores. Estoy seguro de que con la capitalización ANCAP se va a estabilizar y va a ser más eficiente.

-En la izquierda uruguaya hay quienes piensan que el gobierno del FA ha sido tímido al momento de confrontar con el capital. En resumen, cuestionan la idea de que el conflicto sea de por sí un problema. ¿Cuál es su posición?

-Hay intelectuales que sostienen que los sectores de capital concentraron mucho capital, que no aprovechamos esta década para sacarle más al capital y tener más para redistribuir. Tengo una formación marxista muy liviana; no es más que los debates que puedo tener durante una entrevista o en una reunión con compañeros en un boliche. Pero creo que la base material de desarrollo para cualquier cosa necesita saber qué y cómo producir. Yo estoy acá [en la redacción de la diaria], y lo que más veo son libros y hojas. Si vos querés asegurarles a los 150 trabajadores que tienen acá que cada uno va a tener 20 hojas, lo primero que tenés que hacer es multiplicar 150 por 20, o sea que vas a precisar 3.000 hojas, de pique. Porque nadie puede repartir lo que no existe.

Si tengo que darles estímulos fiscales a empresas que invierten para recuperar su capital en el largo aliento y que me permitan generar una matriz productiva, es un elemento para tener en cuenta. No me importa cuánto acumule si reinvierte y me asegura que es una empresa competitiva por un plazo de 15 o 20 años. Pero si en el marco de estas reglas de juego viene alguien que quiere ganar desde lo inmobiliario, porque aumentó el valor de la tierra y especuló, entonces sí, tenemos que buscar mecanismos para gravarlo más. Los sojeros en Uruguay incorporaron tecnología y maquinaria, pero la pregunta que sí es válida es si queremos seguir apostando al monocultivo y si podemos agregarle valor a esa cadena productiva. ¿Alcanza con meterles la mano en el bolsillo a los más ricos porque estamos en un período de bonanza?, ¿o también necesitamos generar nuevas condiciones en nuestro aparato productivo? El tipo que vino a producir a Uruguay por las reglas de juego que tenemos mañana puede irse a otro lugar, y ahí te quedás sin el pan y sin la torta. Me podrás decir que es un planteo socialdemócrata o reformista. Yo estoy diciendo lo que puede pasar en Uruguay en esta época que vivimos.

-Recién dijo que no era astorista. ¿Cómo evalúa la situación actual del Frente Liber Seregni (FLS)?

-El mayor problema del FLS es que ha tenido muy poca vida orgánica, a pesar del esfuerzo que han hecho compañeros como Astori, [Héctor] Lescano y [Rafael] Michelini. En los lugares en los que convivimos no lo hacemos con naturalidad. Es raro que tomemos definiciones como FLS, salvo en temas muy cruciales. Es un proyecto que sigue teniendo vigencia, pero que necesita discutir sus señas de identidad: no podemos ser la fuerza política de la fuerza económica. Tenemos que ser también los representantes de los trabajadores, los universitarios, los jóvenes, los emprendedores, y también de los más jodidos. Ahora, claro, una cosa es sentir que sos representante de esos sectores, otra cosa es que lo puedas demostrar todos los días. Nos cuesta construir ese relato. Tenemos una sensibilidad para recuperar por izquierda, pensando en cuáles son los actores sociales que pueden conducir el proceso de acumulación de poder popular. Tenemos que tener más modestia para hablar con los trabajadores, la más serena modestia para hablar con los movimientos populares.

-¿El equipo económico debería ser más proactivo al hacer política?

-Es cierto que los actores de la política económica no han tenido el protagonismo de otros actores políticos al momento de hablar de la totalidad de las políticas públicas y de cómo éstas se relacionan con la solvencia en la conducción económica. Ha quedado la idea de que fueron los representantes de los empresarios, y eso no es así; es una valoración absolutamente injusta. Ha faltado transmitir correctamente la acepción política de la economía, para que lo entienda Juan Pérez en el barrio. Que se incorpore la idea de que la política económica no puede quedar al margen de la discusión política. Pero éste no es un problema de Danilo o del FLS, es un problema que tiene todo el FA.

-Algunos lo visualizan como una posible figura de recambio a nivel nacional. De hecho, su nombre se ha manejado para la presidencia del FA. Sin embargo, su apuesta sigue siendo Maldonado. ¿Por qué?

-Tengo una vida muy aldeana y me siento muy cómodo en la aldea. Me gustaría más ser intendente que diputado, como ahora. Otro tema es que conozco muy bien cuáles son mis limitaciones, intelectuales y físicas, y cuál es mi capacidad para soportar. Me veo formando parte de colectivos, como otro integrante más, trabajando con compañeros con los que tenga confianza. Transversalmente, entre los sectores del FA, se están generando niveles de confianza muy fluidos, que se visualizan menos que los líos de las cartas y la expresión de los popes. Estamos siendo capaces de intercambiar, incluso en la dureza de las discusiones, y creo que es algo bueno.

-¿Qué opina de la idea de que Astori y Mujica sean candidatos en 2019?

-No, yo creo que no. Desearía que para la próxima elección la izquierda tenga un candidato que confronte también desde el punto de vista generacional, y espero que también desde la perspectiva de género. Es uno de los grandes desafíos que tiene la izquierda: promover mujeres y jóvenes para la conducción. Venimos muy atrasados en estos temas. Hay cosas que tienen que ver con nuestras señas de identidad: esa posibilidad la verdad que no me gusta.

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