Ricardo Rachetti, en la elección departamental de mayo de 2015. Foto: Pablo Vignali

En el PC “ni se ha hablado” de la Concertación en Montevideo, y la alianza blanquicolorada que se hizo en 2015 es cada vez más inviable

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Mientras el nacionalismo se va sumergiendo en un debate intestino acerca de la conveniencia de reeditar el Partido de la Concertación, en los pasillos de la vieja casona de la calle Martínez Trueba es imposible hablar de las departamentales capitalinas de 2020 con más certeza que de cómo se jugará el Mundial de Fútbol de 2030. Con el ex candidato presidencial Pedro Bordaberry fuera de juego, sectores que se desgarran en varias fracciones, candidaturas autoproclamadas y dirigentes que abandonan la divisa para sumarse a nuevos emprendimientos políticos, ni siquiera es posible discernir quién podría ser candidato por el Partido Colorado (PC) a la Intendencia de Montevideo.

“De eso ni se ha hablado”, dijo Guzmán Ifrán –que integra el Comité Ejecutivo Nacional del PC y es el líder de la agrupación Revolución Batllista– sobre el Partido de la Concertación. “Ni siquiera los sectores están en la cancha plantados como para pararse frente a las internas, si bien ya a esta altura se debería, no sólo para definir si se hace o no la Concertación, sino para armar la estrategia general a nivel departamental. Pero no hay nada a nivel orgánico, ni de forma oficial ni no oficial”, describió.

Uno de los precandidatos presidenciales del partido, el diputado Germán Cardoso, dijo a la diaria que aún no tiene una posición tomada sobre el tema. “La Concertación no fue un mal instrumento, pero no fue bien utilizado, porque en su proceso de construcción se cayeron las dos candidaturas claves: la de Jorge Gandini [Partido Nacional, PN] y la de Luis Alberto Ney Castillo [PC]. Por diferentes razones no se materializaron, y eso se reflejó en el resultado electoral”, se limitó a opinar.

En tanto, Luis Chirico, edil capitalino que fue elegido por el Partido de la Concertación en 2015, ilustró que en el PC “hay gente que está esperando por [Ernesto] Talvi. [José] Amorín está moviéndose fuerte, Tabaré Viera espera la oportunidad en Rivera”, pero no hay novedad alguna sobre una reedición de la alianza entre blancos y colorados.

Para Ifrán, no obstante, el alejamiento de Bordaberry puede hacer que el debate en la interna del PC sobre este tema –en caso de que llegue a darse– sea más “sincero”. “Cuando estaba Bordaberry, él ejerció personalmente presiones muy importantes para que el tema se votara. Por ejemplo, [Fernando] Amado votó favorablemente a la Concertación, cuando en realidad tenía la misma postura que yo [ambos estaban en contra]”.

Fue otra historia

A diferencia de lo que ocurre actualmente, hace poco más de cinco años, en 2013, los colorados ya debatían ferozmente la posibilidad de aliarse en Montevideo con el PN e incluso con algún enfrentamiento público, como el que protagonizaron en la sede del PC Amado y el entonces senador Alfredo Solari. En mayo de ese año, la Convención Departamental del PC, dominada entonces por Amado, reclamó que la decisión correspondía a este organismo partidario, pero su voz no fue escuchada. Fue la Convención Nacional colorada la que, en setiembre de ese año, autorizó, por 531 votos a favor y 26 en contra, la alianza con los blancos. Para fines de octubre, el acuerdo fue bautizado con el nombre de Partido de la Concertación, en una conferencia de prensa parlamentaria que contó con la presencia de las principales autoridades de ambas colectividades políticas, y de Gandini, que por entonces parecía el candidato cantado de los blancos. Por los colorados ya sonaba con fuerza el nombre de Ney Castillo, quien confirmaría su candidatura pocos días después, a principios de diciembre, con el apoyo expreso de los dos sectores de mayor peso en aquel entonces en el PC: Vamos Uruguay (liderado por Bordaberry) y Batllistas de Ley (comandado por Amorín). El 9 de enero de 2014, el proceso culminó con la aceptación de la Corte Electoral del nuevo lema.

Pero la maquinaria que blancos y colorados pergeñaron para ganar Montevideo terminó resultándoles bastante ineficaz, por dos razones. En primer lugar, los candidatos de ambos bloques fueron apartados: la victoria de Luis Lacalle Pou sobre Jorge Larrañaga no sólo tiró por la borda por tercera vez consecutiva las aspiraciones presidenciales del líder de Alianza Nacional, sino que también disolvió la posible candidatura de Gandini a ocupar el despacho del Palacio Municipal. Gandini incluso se abstuvo de aparecer en las internas para ser candidato por la Concertación. Lacalle Pou designó en su lugar a quien fuera su asesor en seguridad, el ex comisionado parlamentario penitenciario Álvaro Garcé, que consiguió un magro 11,9% de los votos. Mucho menos exitoso fue el desempeño de Ricardo Rachetti (1,8%), devenido candidato de urgencia dentro de la Concertación por el PC, luego de que Castillo se rehusara a postularse tras ver cómo su candidatura generaba reparos en algunos dirigentes colorados que preferían apoyar al por entonces independiente Edgardo Novick. Justamente, este empresario fue el otro factor que puso en jaque a los partidos tradicionales. La idea era que cada colectividad política presentara dentro de la alianza un candidato propio y que hubiera un tercero no emparentado con ninguno de los dos partidos. Pero Novick terminó valiéndose de las bases coloradas –principalmente, de ex dirigentes magurnistas– para construir su candidatura departamental (la más votada, con 24,2%) y luego construyó su propio partido, el Partido de la Gente, a base de ex legisladores y dirigentes de ambos partidos tradicionales, e incluso también de militantes del Frente Amplio.

La situación crítica del PC y su consiguiente apatía respecto de una reedición de la Concertación es también un fuerte argumento entre los blancos en contra de recurrir a esa herramienta, cuyo principal defensor ha sido el senador Javier García. Desde filas nacionalistas son conscientes de que si los colorados no resuelven este asunto, el PN perdería a su principal aliado para la Concertación, y el único posible aliado pasaría a ser Novick, cuyo posible desempeño electoral todavía es un enigma.

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