Estiman que en Uruguay ya hay más superpoblación de criminales en los hogares que en las cárceles

El gran número de casos en los que los jueces decretan la prisión domiciliaria hizo que el hacinamiento se trasladara del sistema penitenciario a los barrios.

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La Justicia determinó el viernes que el argentino Marcelo Balcedo, procesado por lavado de dinero, esperará la extradición a su país en régimen de prisión domiciliaria en su mansión de Playa Verde. A comienzos de diciembre otro procesado por lavado de dinero, Francisco Sanabria, también recibió este beneficio y está viviendo en su mansión de Punta del Este. Desde el Poder Judicial consideraron que este tipo de medidas “le dan un mensaje muy positivo a la población: en la vida hay que esforzarse y progresar, porque si un día te atrapan y lográs que te den prisión domiciliaria la vas a pasar mucho mejor si sos millonario que si sos pobre. Es un gran incentivo para hacer méritos”. Pero la prisión domiciliaria para estos delincuentes también generó cuestionamientos, y lo mismo ocurrió con otros casos recientes, como el de un profesor de educación física acusado de abusar sexualmente de siete adolescentes y el del represor Gilberto Vázquez. Fuentes del sistema penitenciario reconocieron que “la prisión domiciliaria sirve para descongestionar las cárceles, pero ahora los jueces la están usando tanto que bajó la superpoblación de delincuentes en las prisiones pero subió en los hogares”. Este fenómeno es considerado como una “bomba de tiempo”, ya que “como hay ciertos barrios en los que la densidad de criminales es muy grande, como Marconi, Casavalle, Carrasco Sur o algunas zonas de Punta del Este, los enfrentamientos entre reos son prácticamente inevitables”.