Foto: Andrés Cuenca

"Tengo discrepancias con afiliar compañeros de la Republicana"

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Eduardo Juárez es secretario de organización de la Unión de Sindicatos Policiales del Uruguay (Usip); hace casi 20 años que trabaja como policía y desde 2005 milita en el movimiento sindical. Juárez, más conocido como el _Mono_, contó a _la diaria_ que recién en el primer gobierno del Frente Amplio los policías se pudieron sindicalizar. “En la actualidad, dentro de la central obrera hay tres lí...
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Eduardo Juárez es secretario de organización de la Unión de Sindicatos Policiales del Uruguay (Usip); hace casi 20 años que trabaja como policía y desde 2005 milita en el movimiento sindical. Juárez, más conocido como el Mono, contó a la diaria que recién en el primer gobierno del Frente Amplio los policías se pudieron sindicalizar. “En la actualidad, dentro de la central obrera hay tres líneas bien claras: el Sindicato Policial de Montevideo [Sipom], el Sindicato de Policías del Uruguay [Sinpolur] y Usip”, dijo.

–¿Por qué están divididos?

–Son formas y métodos de trabajo. Hay maneras diferentes de llevar adelante un plan de acción. Es algo que hoy nos ata en determinadas acciones, porque perdemos fuerza, pero tenemos un plan de acción común.

–¿Cuántos afiliados tienen entre todos?

–Hay cerca de 10.000 policías [afiliados] de un total de 30.000, y esperamos ser más, pero tenemos un gran problema: los mandos medios son reacios a que los trabajadores subalternos tengan voz y voto.

–¿Hubo dificultades con el resto de los trabajadores al principio?

–La Policía siempre fue el brazo represor de los trabajadores; si bien nos veían como trabajadores, había que demostrar en la central obrera el cambio de cabeza que habíamos tenido, y que no éramos los mismos policías de 40 años atrás. Yo siempre digo que no cargamos con la mochila de ningún milico represor. Desde el final de la dictadura hasta 2005 fue muy raro el proceso; ahora tenemos libertad para expresarnos.

–¿Antes no tenían esa libertad?

–No, en 1987 hubo una movilización policial por un reclamo salarial, que fue reprimida, cuando Julio María Sanguinetti era presidente. En el gobierno de Luis Lacalle Herrera se vivió el peor momento de la Policía. Hubo una embestida de algunos compañeros y unas cabecitas locas se empezaron a juntar y salió el paro de 1992. Ahí hubo una represión total por parte del Estado. Mi padre fue uno de los dirigentes que organizaron la huelga. Me acuerdo de que el doctor [Juan Andrés] Ramírez [ministro del Interior entre 1990 y 1993] decía: “¿Cuánto pretende ganar un policía si apenas tiene sexto año de escuela?”. Seguramente para el doctor Lacalle y para el doctor Ramírez valía más la vida de un universitario que la de un trabajador con sexto año de escuela. En una movilización apalearon a familiares y sancionaron y sumariaron a policías, 22 fueron dados de baja por defender sus derechos. Lamentablemente, después el Estado acordó con una señora, Sandra Dodera, que representaba a los trabajadores porque era familiar, pero el acuerdo no fue lo que los trabajadores querían.

–Su padre es policía y cumplió funciones durante la dictadura. ¿Hablan de ese tema?

–Sí. Empezó en 1978 y ahora está retirado. Siempre converso con mi padre, es un referente en lo que tiene que ver con mi carrera. Fue un policía honesto que siempre discrepó con el sistema que se usaba en el período de facto. Muchas veces fue sancionado por no cumplir órdenes improcedentes. Yo llevo casi 20 años en la Policía, y me encontré con compañeros que trabajaron en tiempo de dictadura y siempre me dicen que los milicos los tenían con la bota en el pescuezo.

–¿Cómo es la relación con el ministro Eduardo Bonomi?

–Lamentablemente, en este último período de gobierno se nos ha complicado la comunicación. Tenemos un tranque bárbaro; generalmente le tenemos que pedir al PIT-CNT que actúe como intermediario para tener una charla.

–¿Cuál es la opinión del sindicato sobre el servicio 222?

–Es un mal necesario.

–¿Existe el 223?

–Yo no lo puedo decir; sin duda, hay compañeros que hacen otras tareas en la órbita privada que no tienen que ver con la seguridad, pero el policía no deja de ser policía. Por ejemplo, yo estoy en mi casa descansando y viene un vecino a decirme que le acaban de robar la casa y están los bandidos ahí, y si yo no salgo tengo un problema.

–¿No es mucha casualidad que en muchos casos pasara un policía cuando se estaba cometiendo un delito?

–Puedo decir que pasa, porque a mí me sucedió: fui a un almacén a las nueve de la noche y mientras esperaba a que me atendieran entraron a rapiñar.

–¿Cómo debe actuar el policía en ese momento?

–No hay un protocolo. Hay que preservar la vida. Transitamos en una línea muy fina los 365 días del año.

–¿El ministerio no debería tener un protocolo para esos casos?

–Tendría que preverlo. En la Policía hay baches por todos lados; tratamos de solucionar todo a corazón y poniendo mucho de nosotros.

–¿No hay un conflicto entre ser integrante del movimiento sindical y de la Policía? Cabe la posibilidad de que el ministerio pueda mandar reprimir una movilización de trabajadores...

–Esa es una pregunta que nos hacemos todos. Yo creo que los trabajadores afiliados a nuestro sindicato no van a levantar un solo palo contra un trabajador; estoy muy seguro.

–¿Pone las manos en el fuego por los 10.000?

–Estoy seguro de mis compañeros. Lo que tenemos es que la fuerza de choque es la primera línea en una manifestación; en lo personal, tengo discrepancias para afiliar compañeros de la Guardia Republicana.

–¿No hay personal de la Republicana afiliado?

–Algunos sí, pero yo tengo reparos por el tipo de tarea que ellos llevan adelante. Igual, no me acuerdo cuándo fue la última vez que hubo una movilización con represión; creo que en la última me comí palos yo.

–¿Qué pasó con el desalojo del Codicen, en 2015?

–Lo que vimos fue a policías que empujaban; hubo medios de prensa que dijeron que hubo represión, pero yo no la vi. Lo que pasa es que en este tipo de medidas hay delincuentes comunes que se suman para tener otro rédito. Lo que quieren es generar disturbios o cometer algún tipo de delito.

–En las redes sociales hubo varias denuncias de abuso policial.

–Hay casos puntuales y específicos. Yo no puedo decir que no hay abuso, porque hay policías sumariados y sancionados por eso y otros que fueron procesados, pero no pongo a todos en la misma bolsa.

–¿Cómo tiene que proceder un ciudadano si sufre acoso policial?

–Está la Dirección de Asuntos Internos [Andes 1478], donde se puede denunciar todo tipo de situaciones que tengan que ver con procedimientos mal hechos. Además, está el 08005000.

–También hubo policías que mataron a sus parejas o ex parejas. ¿Cuál es la posición del sindicato respecto de esos casos?

–Es algo horrendo y totalmente repudiable. No queremos ese tipo de violencia. Lamentablemente, nosotros tenemos el arma todo el día encima; se usa mal y tenemos estos casos horrendos. También ha pasado que policías son denunciados y no hay pruebas, pero lo primero que se hace es sacarle el arma de reglamento.

–¿Usted lo ve mal?

–Creo que se tiene que estudiar cada caso a fondo. Cuando la denuncia no es cierta, yo les digo a los compañeros que denuncien a la otra parte por simulación de delito. Hay pocos casos, pero cuando un policía mata, se agrava. En la prensa no sale “el obrero mató” o “el abogado mató” o “el periodista mató”.

–¿No es una buena medida preventiva retirar el arma en casos de denuncias?

–En una primera instancia estamos de acuerdo con que se retire el arma, porque no se sabe, pero también sería bueno tratar psicológicamente a todos los policías. Cuando recién se ingresa hay un test, pero es algo que se tiene que continuar. Yo hice un test psicológico cuando ingresé y después me lo volvieron a hacer porque fui procesado, pero en la carrera policial se hace uno al ingresar y ninguno más. Tenemos el caso de un policía que se suicidó: el ministerio dice que fue a consultar por un dolor de espalda, pero nosotros tenemos la versión de que fue a pedir ayuda porque estaba mal psicológicamente.

–¿Usted por qué fue procesado?

–Por un homicidio a título de dolo eventual. Me enfrenté con unos rapiñeros, hice un disparó y maté a uno de ellos. Me costó ir a prisión por dos años y nueve meses.

–¿Cómo fue estar de los dos lados?

–Me tocó estar como guardiacárcel y después como persona privada de libertad. Son momentos difíciles, porque me trataron muy mal en Cárcel Central, donde estuve diez días en 2013; después fui derivado a otra unidad. Cuando llegué, mis compañeros me decían: “A ver qué dice ahora, sindicalista”.

–¿Cómo fue su relación con las otras personas privadas de libertad?

–Bien. Tuve más problemas con los policías que con los internos.

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