Financiando a las empresas autogestionadas

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Sistema financiero y cambio social

El peso del sistema financiero y de sus lógicas en la economía y la intensa concentración de capital que caracteriza a esta etapa marcan una nueva fase del capitalismo. ¿En qué medida el crecimiento de las finanzas y el predominio de la lógica financiera profundizan los fenómenos de concentración de la riqueza y generan nuevas elites? ¿Es posible pensar en mecanismos de inclusión en este contexto? ¿Es posible pensar en finanzas alternativas? ¿Qué rol juegan los estados, cada vez más jaqueados ante poderes ajenos a la deliberación democrática? Este mes, Dínamo buscará responder algunas de estas preguntas.

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Al igual que cualquier otra empresa, las empresas autogestionadas (EA) tienen tres mecanismos principales para financiar sus inversiones: conseguir alguna persona externa que invierta, utilizar recursos propios o pedir prestado. Sin embargo, cualquiera de estos tres mecanismos conlleva problemáticas específicas para las EA.

Una EA es una empresa que es controlada democráticamente por quienes trabajan en ella. Esto quiere decir que quienes no trabajan en la empresa no tienen derecho a participar en dicho control. Cuando una empresa capitalista (EC) recurre a alguna persona externa que invierta, en general cede parte del control de la empresa a dicha persona (muchas veces vendiéndole parte de la propiedad). Sin embargo, para una EA, ceder parte del control a alguien externo implica que la empresa se aleje de la definición recién planteada. Implica que se parezca un poco menos a una EA y un poco más a una EC, ya que habría una persona que tendría una incidencia mayor en el control de la empresa sin ni siquiera trabajar en ella. Claro que la EA podría plantearle a quien invierta que sólo tendrá derecho a disfrutar de los ingresos generados por la inversión, pero no a participar en las decisiones. Pero en este caso, quien invierta probablemente exigiría ser compensado con una participación mayor en los excedentes generados por la inversión. De este modo, el financiamiento mediante este mecanismo para una EA que quiere seguir siéndolo terminaría siendo más caro que para una EC. Seguramente por esto es que este es un mecanismo poco utilizado por las EA de Uruguay.

Una segunda opción sería que las EA utilicen recursos propios. Esto implica que quienes trabajen en la empresa destinen parte de los recursos que tienen en realizar una nueva inversión o que la EA decida reinvertir parte de los excedentes generados. Para considerar este mecanismo primero hay que señalar que la propiedad de las EA puede estar estructurada de dos maneras. Puede ser de propiedad individual o de propiedad colectiva. En el primer caso, quienes trabajan en la EA poseen una parte de la EA, parte que venden cuando dejan la empresa y parte que deben comprar para ingresar a esta. En el segundo caso, la propiedad de la EA corresponde colectivamente a la empresa, pero no a quienes trabajan en la EA por separado. Sus miembros no pagan nada para entrar y no reciben nada cuando se van.

Eirik Furubotn y Svetozar Pejovich plantearon que las EA de propiedad colectiva tendrían menores incentivos a invertir que una EC. Según ellos, si una EA genera excedentes y sus miembros tienen que decidir si los reinvierten, se enfrentarán al siguiente dilema: o repartir los excedentes y apropiarse inmediatamente de su parte, o invertirlos y disfrutar de mayores ingresos (siempre y cuando la inversión sea exitosa) luego de que haya transcurrido el período necesario para recuperar la inversión. En el caso de miembros que tengan pensado permanecer en la EA por un período menor (por ejemplo, porque estén cerca de la edad de jubilación) no tienen ningún incentivo para votar a favor de la reinversión en una hipotética asamblea. Esto llevaría a que las EA de propiedad colectiva inviertan menos, en particular si sus miembros tienen edades altas. Cabe destacar que este problema no tiene por qué afectar a las EA de propiedad individual ni a las que tengan una alta proporción de miembros jóvenes. Sin embargo, en el caso de Uruguay, este es un potencial problema que habría que considerar cuidadosamente, ya que 90% de las EA son de propiedad colectiva y la edad promedio de quienes trabajan en ellas es mayor que en las EC.

El tercer mecanismo para financiarse sería un préstamo. Si los mercados financieros funcionaran perfectamente, los bancos le prestarían dinero a cualquiera que tenga una buena idea de un proyecto de inversión. Sin embargo, esto no funciona así. Los bancos suelen exigir garantías, pero quienes trabajan en una EA suelen ser personas con una riqueza personal reducida, con problemas para tener las garantías exigidas. A esto se agrega que, para muchos bancos, las EA son formas organizacionales extrañas con las que no están acostumbrados a trabajar. Esto lleva a que, probablemente, para prestarle a una EA los bancos terminen ofreciendo un financiamiento más caro que a las EC, configurando un caso de discriminación hacia las EA.

La evidencia que surge de las investigaciones disponibles para EA de Uruguay y de otros países sugiere que las EA suelen tener menos capital por trabajador que las EC de los mismos sectores de actividad. Sin embargo, estos mismos trabajos señalan que no es posible determinar si esos menores niveles de capital se deben a que las EA quisieron invertir menos o a que enfrentaron mayores problemas para obtener préstamos debido a problemas de discriminación. En el caso de Uruguay, según muestran los resultados de los trabajos que hemos realizado en el Instituto de Economía (Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, Universidad de la República), las EA muestran en promedio menores tasas de inversión. Sin embargo, dicho promedio se explica por una minoría de EA con edades promedio de sus socios muy altas y tasas de inversión muy bajas. Si se compara el 67% de las EA en que los socios mayores de 50 años representan menos de la mitad de los socios, las tasas de inversión son similares a las observadas en EC.

Los problemas específicos que enfrentan las EA a la hora de financiar su inversión justifican la existencia de un instrumento financiero como el Fondo de Desarrollo (Fondes). Sin embargo, hasta 2015 la selección de los proyectos de inversión fue muy mala y esto llevó a que los préstamos otorgados no hayan sido devueltos en tiempo y forma en varios casos. Una correcta gestión del Fondes no sólo implica que se seleccionen proyectos viables, sino también que se consideren las especificidades de las EA mencionados anteriormente.

Un caso emblemático de EA que han crecido e invertido mucho son las integrantes del Grupo Cooperativo Mondragón. Una de las claves de dicho crecimiento es una forma de propiedad que no es ni individual ni colectiva. Las cooperativas de Mondragón tienen un sistema de cuentas individuales. Los miembros pagan para entrar a la cooperativa el equivalente al salario anual mínimo de la empresa. Lo pagan en pequeñas cuotas mensuales durante cinco años. Con ese monto se conforma la cuenta de cada trabajador. Pero, posteriormente, dicha cuenta se va incrementando con la rentabilidad de todas las inversiones realizadas por la cooperativa. Cuando el trabajador se retira de la cooperativa, recibe el monto de la cuenta que acumuló en los años que estuvo en la cooperativa. Este sistema genera fuertes incentivos a que los miembros decidan reinvertir los excedentes generados por las cooperativas.

El Fondes podría, además, funcionar como un instrumento que genere incentivos a que las propias EA introduzcan cambios en su estructura y reglas que las lleven a resolver algunos de los problemas mencionados. Por ejemplo, si el Fondes considerara la estructura de la propiedad de las EA a la hora de dar un préstamo (tal vez favoreciendo a las EA de propiedad individual o a las que tengan sistemas de cuentas estilo Mondragón), estaría generando incentivos para que las EA consideren esta estructura para poder acceder al financiamiento más barato que otorga este fondo.

Andrés Dean es economista.

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