La supremacía de las finanzas

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Sistema financiero y cambio social

El peso del sistema financiero y de sus lógicas en la economía y la intensa concentración de capital que caracteriza a esta etapa marcan una nueva fase del capitalismo. ¿En qué medida el crecimiento de las finanzas y el predominio de la lógica financiera profundizan los fenómenos de concentración de la riqueza y generan nuevas elites? ¿Es posible pensar en mecanismos de inclusión en este contexto? ¿Es posible pensar en finanzas alternativas? ¿Qué rol juegan los estados, cada vez más jaqueados ante poderes ajenos a la deliberación democrática? Este mes, Dínamo buscará responder algunas de estas preguntas.

***

El término “financierización” apareció en la década de 1990, pero no fue hasta la crisis financiera internacional de 2008 que cobró fuerza. Las investigaciones tuvieron inicialmente foco en los países desarrollados, en particular en Estados Unidos y Reino Unido; relativamente pocas y menos sistemáticas han sido las que incluyen países emergentes, aunque vienen en aumento. Las interpretaciones del término son variadas. Una aproximación amplia es la proporcionada por Costas Lapavitsas (2014), quien señala que el fenómeno implica cambios estructurales en las relaciones, prácticas y necesidades financieras de los agentes económicos clave de la economía: bancos, hogares y empresas no financieras. Veremos algunas de las manifestaciones en las empresas (financieras y no financieras), los hogares y el Estado.

La corriente principal en economía piensa que los mercados financieros son eficientes y los agentes que participan en ellos, racionales. Sin embargo, existe una fracción que critica esto y considera que son influidos por las fallas del mercado y las rigideces de precios (neokeynesianos). Por otra parte, existen otras corrientes que van un paso más allá y establecen que la inestabilidad es inherente a los mercados financieros y al sistema capitalista en general. Son estas últimas corrientes las que se refieren a la financierización. Por ejemplo, los poskeynesianos destacan la profunda incertidumbre para la toma de decisiones, la tendencia a la especulación entre los inversores financieros, la prociclicalidad del crédito y su vínculo con las burbujas de precios. Esto se debe a que existe gran disponibilidad de flujos de capitales y de créditos cuando la situación es favorable, y escasean cuando deja de serlo, lo que lleva a espirales excesivamente optimistas o pesimistas.

Los marxistas señalan la importancia de las relaciones de poder y de clase, destacan el creciente poder político y económico de la clase rentista y el capital financiero. Por su parte, los institucionalistas se centran en cómo las instituciones (organizaciones o reglas en general) dan forma a la interacción económica, en particular en cómo la gobernanza corporativa se ha enfocado en la valorización de las acciones de las empresas vinculándolas con el sector financiero.

Un prerrequisito para la financierización se vincula con la desregulación y la liberalización financiera. El proceso presenta algunas características distintivas en los países emergentes, debido a la mayor influencia que los movimientos de la economía internacional tienen en ellos y por la forma en que se integran a esta.

Haciendo un raconto de los cambios acontecidos en los diversos sectores, podemos decir que el sector financiero aumentó su tamaño y diversificó sus actividades. La desregulación (y las privatizaciones) han llevado a un gran incremento de los inversores institucionales, como las compañías de seguros y los fondos de pensiones. Se evidencia el auge en la comercialización financiera (trading) mediante una infinidad de nuevos productos financieros. En Estados Unidos y Reino Unido, los fondos de pensiones, las aseguradoras comerciales y las compañías de inversión cuadruplicaron sus activos entre los años 1980 y 2000, y para 2010 representaban 200% del Producto Interno Bruto (PIB) de cada país. Los bancos comerciales desviaron sus actividades; antes se focalizaban en prestarles a empresas y ahora se han reorientado hacia los hogares, lo que, sumado al retiro del Estado en la prestación de ciertos bienes y servicios (educación y salud, entre otros), generó un incremento de la deuda de los hogares respecto del PIB. Créditos hipotecarios, compra de autos y préstamos para pagar la educación, etcétera. Este efecto se ve no sólo en países ricos, sino también en algunos de ingreso medio.

Los mercados hipotecarios

Los préstamos hipotecarios son un rasgo distintivo asociado a la financierización. Los hogares suelen recurrir a los mercados hipotecarios para resolver el tema de la vivienda. Sin embargo, pasaron de estar orientados a facilitar el crédito a impulsar las inversiones a nivel global, lo que generó un aumento en los precios y alimentó las burbujas inmobiliarias. La relación con los mercados bursátiles genera que los propietarios de las viviendas tengan contacto con los mercados financieros mediante ingeniería financiera y calificación crediticia. En segundo lugar, el aumento de los préstamos se asocia al aumento de precios en las viviendas, o sea, más acceso, pero menos asequible. Esta característica es común en algunos países en desarrollo, pero también hay ejemplos en otras regiones del mundo, por ejemplo, Sudáfrica y Brasil. Dos Santos (2013) expresa que los préstamos a los hogares han ido aumentando como porcentaje del total de préstamos y que esto se vincula con las políticas macroeconómicas promovidas por los organismos internacionales.1

Cambio en el modelo de gobierno corporativo

Las empresas (no financieras) se ven afectadas por la financierización de varias maneras. En primer lugar, mediante un cambio en el modelo de gobierno corporativo, las empresas están centrándose en las ganancias a corto plazo con el objetivo de generar valor para los accionistas. La “revolución de los accionistas” supuso un aumento del control de las operaciones en las empresas por parte de los accionistas, que incluye la posibilidad de despido de gerentes, y el pago a estos basado en esquemas de premios. La gerencia reorienta su estrategia de “retener y reinvertir” para pasar a una de “reducir y distribuir”, lo que desplaza la creación de valor a la extracción de este. Uno de los métodos usados es inducir el incremento del precio de las acciones mediante operaciones de recompra de estas (Lazonick & O’Sullivan, 2000). Hasta la década de 1980, las empresas de Estados Unidos utilizaron sus ganancias retenidas (no distribuidas) en la compra de maquinaria, otros activos físicos o recursos humanos. Luego, como consecuencia del cambio en el modelo de gestión, las empresas se orientaron a elevar el precio de las acciones y distribuir las ganancias entre sus accionistas. Para ejemplificar esto, Lazonick (2014) muestra que, en el período 2003-2012, las 449 empresas incluidas en el índice Standard & Poor’s utilizaron más de la mitad de sus ganancias en operaciones de recompra. Por otra parte, las remuneraciones de los altos mandos gerenciales están cada vez menos vinculadas al salario y más a las compensaciones derivadas del valor de las acciones de la empresa, y esta característica se asocia con el agravamiento de las diferencias salariales que existen entre los trabajadores “de planta” y la gerencia.

Varios autores vincularon estos comportamientos con la desaceleración de la inversión real; los propietarios de las ganancias reasignan sus inversiones a mercados financieros utilizando la disponibilidad de crédito, principalmente para financiar inversiones a corto plazo y de alto riesgo. A nivel macroeconómico, Stockhammer (2004) demuestra que hay una desaceleración en la inversión real en Francia y Estados Unidos debido a los cambios en el gobierno corporativo (“revolución de los accionistas”). Resultados similares a nivel de empresa están presentes para Argentina, México y Turquía, y concluyen que los rendimientos crecientes de los activos financieros tienen el efecto de reducir la inversión física (Demir, 2009). Para América Latina, existe evidencia de que las empresas que cotizan en bolsa tienden a utilizar el mercado de capitales internacionales con objetivos de arbitraje (corto plazo) más que como mecanismo para aumentar sus niveles de inversión o productividad a largo plazo (CEPAL, 2018). La inversión real (no la financiera) dinamiza la producción y el empleo, por lo que el régimen de acumulación dominado por las finanzas se vincula con el crecimiento económico lento y volátil.

El rol del Estado

El papel del Estado respecto de la financierización es menos debatido. Streeck (2017) sostiene que en la década de 1980, como consecuencia de los altos niveles de inflación, el estancamiento del crecimiento y cierta reticencia de los ciudadanos a los aumentos de impuestos, la deuda pública comenzó a crecer. Los países dedican una mayor cantidad de gasto público para pagar la deuda; sin embargo, hay un punto en el que los acreedores pierden la confianza en que los gobiernos honren sus compromisos y comienzan a pedir ajustes fiscales. Como indica Streeck, el servicio de la deuda entra en conflicto con la provisión de los servicios públicos. Para mantener el “estado de confianza”, los gobiernos deben mostrar a los mercados que están comprometidos con ellos. El papel de las agencias calificadoras de riesgo fortalece dicho comportamiento, ya que los gobiernos temen que las agencias bajen las calificaciones de los bonos del Estado, por lo que tienen una presión adicional para las reformas económicas. Por eso, por ejemplo, después de la crisis financiera de 2008 se impusieron medidas de austeridad en varios países del mundo. Entonces, en los países democráticos hay un conflicto entre los ciudadanos y los mercados, ya que los estados dependen de ellos.

La financierización afecta además a los países en desarrollo desde otros ángulos. Tanto sus monedas como los precios de los bienes que producen han estado afectados por los mercados de capitales internacionales. En primer lugar, sus monedas se incluyeron en las canastas de los inversionistas. Por ejemplo, el real fue una de las monedas afectadas: sufrió una depreciación masiva. En segundo lugar, hay indicios de que el aumento del precio de los productos básicos (commodities) en los últimos años fue inducida por la inclusión de dichos precios en productos financieros (UNCTAD, 2010).

Por último, existen estudios que conectan la distribución del ingreso con la financierización. Por destacar uno, Stockhammer (2013) indica que para países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en el período 1970-2007 la financierización influyó en el descenso de la participación de los salarios en el PIB.

Perspectivas

Los efectos del régimen de acumulación dominado por las finanzas parecen no ser muy alentadores. El poder de las empresas y los estados se encuentra disminuido ante los mercados financieros mundiales. Sus vinculaciones con la desigualdad deben servir de advertencia para América Latina. Es importante incluir el tema en la agenda de investigación, y ver cómo este impacta en los países latinoamericanos. Hoy la Comisión Económica para América Latina y el Caribe llama “financierización periférica” a la que acontece por estos lados del mundo y destaca los riesgos que puede conllevar para la inversión productiva, problema histórico para el continente.


Jimena Castillo es economista y magíster en Economía Internacional y Desarrollo por Kingston University.

Referencias:

CEPAL (2018). “Estudios sobre financierización en América Latina”. Abeles, M; Pérez Caldentey, E y Valdecantos, S (editores), Libros de la CEPAL, 152, Santiago.

Lazonick, W y M O’Sullivan (2000). “Maximizing shareholder value: a new ideology for corporate governance”, Economy and Society, 29 (1).

Stockhammer, E (2004). “Financialization and the slowdown of accumulation”. Cambridge Journal of Economics, 28 (5), 719-741.

Stockhammer, E (2013). “Why have wage shares fallen? A panel analysis of the determinants of functional income distribution”, Conditions of Work and Employment Series, 35, Ginebra, Organización Internacional del Trabajo.

Jimena Castillo es economista.


  1. Como ejemplo, ver el informe del Banco Mundial Housing Enabling Markets to Work, en el que se recomienda a los gobiernos crear mercados hipotecarios y abstenerse de impulsar viviendas de tipo social (Banco Mundial, 1993). 

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