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Tablado en el anfiteatro del Parque de los Fogones, en el barrio Sayago, el 21 de febrero.

Foto: Martin Hernández Müller

El tablado del Parque de los Fogones: escenario con techo nuevo, vecinos que trabajan de forma honoraria y 600 personas cada noche

4 minutos de lectura
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Sayago y alrededores vivieron otro carnaval con tablado propio: “Se disfruta muchísimo, acá está la interacción real con la gente”.

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Millán 5109. Bajando unos 100 metros desde Avenida Garzón, llegando a la esquina de Martín Ximeno, se abre camino el Parque de los Fogones. Allí un pizarrón gigante anuncia la programación del sábado: La Gran Muñeca, La Mojigata, La Miel del Oso (Canelones), Curtidores de Hongos y La Sara del Cordón.

La gente llega temprano, la mayoría caminando, para tratar de ubicarse en las primeras filas del tablado, uno de los 19 que integran la red de escenarios populares. La entrada única está a 120 pesos y los menores de 12 años no pagan. Sillas plegables, termo y mate, ambiente familiar son el común denominador de este tablado que cobró vida en Sayago hace casi 20 años.

Ruben Bonet, presentador e integrante de la comisión de Vecinos del Parque de los Fogones.

Foto: Martin Hernández Müller

Es que antes de la intervención de los vecinos el predio era solamente un parque bastante oscuro con algunos juegos para niños y fogones. Una reunión en 2006 en el sindicato de COME, a la que fueron más de 30 personas de la zona, fue el punto de partida para cambiar el panorama. Alguien tiró la idea de un anfiteatro y, gracias al presupuesto participativo, el sueño de un escenario para tener carnaval en el barrio comenzó a tomar forma.

“20 años después, todo aquello que estuvo dibujado en un papelito se ve plasmado acá”, comenta Ruben Bonet, el presidente de la Comisión de Vecinos del Parque de los Fogones. Todo empezó con apenas “un escenario y una garita” en 2009: “Juntamos unos cantores y armamos una actividad en carnaval. Al año siguiente, ya empezamos a ir a DAECPU a comprar y a trabajar como escenario popular”.

Bonet, además, es el presentador del tablado, función que ya había cumplido en los primeros años de este escenario, y que retomó tras la pandemia: “Este carnaval ha sido hermoso. Todas las noches ha estado lleno. Lo del techo salió en la prensa y también ayudó. La gente se entró a arrimar”.

Murga La Gran Muñeca, el 21 de febrero, en el tablado del anfiteatro del Parque de los Fogones, en el barrio Sayago.

Foto: Martin Hernández Müller

El techado del escenario es un logro que enorgullece a los que trabajan para que el Parque de los Fogones funcione. Llegó a través de una postulación que hicieron en la red de escenarios populares y fue otorgado por la Intendencia de Montevideo en un programa en conjunto con la Facultad de Arquitectura.

“Nos ha dado una visibilidad impresionante”, añade Elizabeth Gómez sobre la novedad del escenario. Ella es otra integrante de la comisión y trata de estar en todos los detalles. Se para junto a la boletería de la entrada, saluda a los vecinos, recibe a los conjuntos, controla planillas y, por supuesto, disfruta de los espectáculos.

Eli cuenta que ya en julio empiezan a pensar en el carnaval siguiente y destaca la importancia del apoyo municipal para la permanencia del proyecto: “Nos ayudan con el pago de los conjuntos. Traemos cuatro cada día. Tres contratos los cubre la Intendencia y uno lo costeamos nosotros”.

Lo recaudado durante las 14 noches de carnaval en Los Fogones “va para pagar la luz, la seguridad del recinto en todo el año y apoyar los talleres. Lo que sobra queda para el funcionamiento del escenario el año próximo”.

Foto: Martin Hernández Müller

Son muchas las actividades que se desarrollan en el parque. Están los talleres de Esquinas de la Cultura, que incluyen tallado en madera, murga y guitarra. Además, funcionan escuelas de básquetbol y arquería; clases de karate, tai chi, pilates y yoga para niños y adultos. También hay un equipo de vóley juvenil, y este año sus integrantes son los que atienden la cantina. Ellos, como todos los vecinos y vecinas que trabajan en los distintos puestos, lo hacen de manera honoraria. Los únicos que cobran son los muchachos del staff contratado para el sonido y las luces.

La atmósfera del tablado es completamente distinta a la que se encuentra, por ejemplo, en el Teatro de Verano. Clima distendido, público generoso. Se respira hasta una predisposición mayor de la gente para con los artistas. Al bajar La Gran Muñeca, el primer conjunto de la noche, el cerrado aplauso hace sentir ese agradecimiento. Con los sombreros arriba y la emoción en sus rostros, los y las murguistas caminan lentamente por el corredor devolviendo la gentileza.

Al Parque de Los Fogones llegan unas 600 personas cada noche, lo que lleva a algunos a ilusionarse con una ampliación de la capacidad. “Nos desbordó, pero se disfruta muchísimo, acá está la interacción real con la gente”, dice Alicia Ferrando, que desde la segunda fila es una de las que nunca falta. Como integrante de la comisión, Alicia subraya el trabajo de Florencia de las Nieves, una estudiante de Bellas Artes que se hace cargo de la escenografía, y resalta también la llegada del techo: “Para nosotros fue un éxito”.

Detrás del escenario hay un container donde se cambian los integrantes de los conjuntos, que se consiguió tras una gestión con la alcaldía de la zona, así como también los baños químicos. Todo es fruto del esfuerzo de varios meses, según Ferrando: “Los vecinos vienen a colaborar, no importa el clima, no importa el horario”.

El vendedor del bingo es Rafael Andrade, al que rodean para comprarle un número entre actuación y actuación. Él es uno de los que está al frente de la escuela de básquetbol junto con Pablo Clérici, ambos exjugadores, donde lleva adelante un trabajo social de enorme valía para niños y adolescentes de la zona, que dan sus primeros pasos en el deporte de la naranja en la cancha de hormigón que está a unos metros del tablado.

La platea disfruta. No solo es gente del barrio la que dice presente; desde La Teja, Capurro, Lezica, Colón y Belvedere vinieron el sábado hasta el Parque de Los Fogones. “Es una noche que no queremos que llegue, pero llegó”, dice el presentador con algo de nostalgia adelantada, ya que es la última noche del escenario por 2026. La luna de Sayago acompaña para un cierre de temporada inmejorable. Al final de la jornada, se apagan las lucecitas del tablado. Ya no llegarán las bañaderas por María Orticochea, al menos durante unos meses, hasta el otro carnaval.

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