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Raúl Flaco Castro en el tablado 1° de Mayo (archivo, febrero de 2026).

Foto: Martin Hernández Müller

Raúl Flaco Castro: “La murga que no tiene un buen texto está condenada a no trascender”

3 minutos de lectura
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La figura emblemática del carnaval dice que el espectáculo de Falta y Resto de este año “fue hecho con mucho amor”.

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Tras ocho años de ausencia, la histórica murga Falta y Resto, nacida en 1980, volvió al Concurso Oficial de Carnaval con su espectáculo Amor de murga, una oda a la historia del conjunto, a su espíritu de lucha social y a la fiesta popular.

Raúl Flaco Castro conversó con la diaria en la previa a la participación del conjunto en la liguilla sobre hacer murga en familia, el retorno a los tablados y los cambios que ha atravesado el carnaval en los últimos años.

¿Cómo estás viviendo este carnaval?

El carnaval ha sido maravilloso, un retorno soñado. Cuando empezamos a trabajar, hace más de un año, nunca esperamos que tuviera la culminación que está teniendo. Está siendo maravilloso, vamos pasando los 100 tablados. No hubo un solo tablado en el que la gente no se parara enfervorizadamente a aplaudir a la murga. Lo que estamos viviendo en el grupo es alucinante, es como dice el título del espectáculo: amor de murga. Estamos muy enamorados de lo que está pasando con la gente.

¿De qué manera se dio este regreso?

Fue de a poquito. Empezó con unas ganas que se daban cada vez que había desfile. Yo sentía que faltaba, dijera Zitarrosa, mi cara en la gráfica del pueblo. Se tornaba el día más triste del año cuando era el desfile de carnaval y yo no estaba. Y bueno, de a poco con la familia, algunos estaban de acuerdo, otros no. Hasta que apareció Pedro, mi hijo, el que tiene 22, que debutó este año, y me dijo: “Papá, yo quiero salir contigo un año en carnaval, por lo menos”. Eso fue lo que me decidió. Pedro es un gran murguista, está enamorado de la murga, le entró por los poros desde niño. Después me reuní con los muchachos, en primera instancia con Pitufo [Edú Lombardo], a partir de él con Pinocho [Pablo Routin], el Zurdo [Freddy Bessio], [Alejandro] Balbis, etcétera. Todos fueron recibiendo la posibilidad con mucho cariño, dedicación y amor. Eso posibilitó lo que está pasando ahora.

¿Cuándo empezaron a armar el espectáculo?

Todavía no había terminado el carnaval pasado y ya estábamos en las vueltas de pensar en sacar la murga este año. En ese momento yo no tenía ni siquiera toda la propiedad del título. Me hice cargo de comprarle su parte del título al otro director [Hugo Piruja Brocos]. Ahí empezamos a trabajar las ideas, que fueron cambiando hasta que llegamos al denominador común de todo lo que estábamos haciendo, que era el amor brutal por la murga. Había cosas escritas hace tiempo, cosas que se fueron escribiendo a partir de la idea, y todo contempló siempre esa consigna. Fue hecho con mucho amor, y ese es el secreto para que funcione.

Tenés décadas de experiencia en carnaval. ¿Qué cosas han cambiado y cuáles permanecen?

El entusiasmo y el amor del pueblo uruguayo por el carnaval está intacto. Casi siempre los que opinan en contra del carnaval son los que no se animan a vivirlo, gente que lo siente muy crítico consigo mismo y con los demás. No hay otra expresión popular tan crítica consigo misma como el carnaval, eso me parece notable.

Qué ha cambiado: he encontrado que hay mucha más profesionalización de los conjuntos, se ensaya mucho más, se trabaja mucho más en los textos, en las músicas, a veces con buen resultado y otras no. A veces la inspiración del pasado era más fresca. Hoy veo también que algunos discursos están demasiado estructurados, pero bueno, yo no soy quién para dar mi opinión y que sea la válida, el carnaval es una expresión popular de colectivos que opinan con sus propios criterios. Cada murga es un diario con su opinión editorial. Algunas son más incisivas, otras menos, algunas son más divertidas, otras menos, algunas son más elocuentes, otras más intrincadas.

Veo que lamentablemente se está valorando demasiado la superestructura de pintura y vestuario por sobre lo más importante de la murga, que es para mí el coro y, sobre todo, el texto. La murga es una comedia musical política. El texto es lo más importante, la música es como un aceite que lleva las palabras al corazón. Hace reír, hace llorar, hace aplaudir, hace saltar del asiento, hace bailar, hacer mover a la gente; pero primero tiene que estar el texto. La murga que no tenga un buen texto está condenada a no trascender, porque la gente va a los tablados a escuchar lo que la murga tiene para decir.

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