A la cumbre rockera con la que comenzó el festival Canelones Suena Bien el jueves, le siguió un cierre de una tónica bien diferente.
A las siete de la tarde del sábado, había sillas de playa y abundante espacio para tirarse hacia atrás en varias partes del predio ubicado en la manzana cero de Atlántida, cerca del escenario o frente a la pantalla más alejada de la acción en vivo, dispuesta a medio camino para aquellos alérgicos a las multitudes en el pasillo de los food tracks.
Foto: Martín Hernández Müller
En el backstage, y aún con luz natural, Ruben Rada se acercó a la prensa –cuándo no– con uno o dos chistes de camaradería. Luego, se anticipó a dos o tres preguntas: “Me parece que nosotros nos dormimos, fuimos bastante débiles. Si tenés un cuadro de fútbol de amigos, y hay uno tuyo que se porta mal, hay que reunirse con ese muchacho y decirle: ‘Andate, porque estás perjudicando todo el trabajo que hizo un montón de gente en tantos años’”, dijo en alusión a Nicolás Maduro, la invasión norteamericana a Venezuela y - según entiende- la respuesta tardía del resto de los países de América Latina.
“Acá estamos festejando un recital maravilloso, pero hay que tener los ojos abiertos, los oídos y el corazón”, reflexionó el músico sobre “el difícil momento que atraviesa América Latina”. A Rada, las acciones del gobierno de Donald Trump, le traen recuerdos del Imperio Romano: “Se ve que allá los muchachos se gastaron toda la guita y ahora vienen por todo, el litio y el agua”.
Por último aclaró que nunca le gustó la demagogia, y a propósito recordó su canción “Dedos”, compuesta a partir de un riff de su compañero en Tótem, Eduardo Useta, como su mejor forma de expresarse: “Yo apenas si fui a la escuela, terminé cuarto grado de primaria. Soy un muchacho que le gusta cantar ‘Las manzanas’, candombe, pero tengo mis ideas y las defiendo y las defendí toda mi vida”, concluyó en la previa de su actuación.
Bailanta con relaciones
La cantante uruguaya Røcio abrió la segunda fecha del festival con una propuesta que mezcló indie rock y música urbana, y el público respondió con atención y curiosidad.
A las ocho y media de la noche, Rada sugirió a los más melómanos no detenerse en notas musicales o desajustes sonoros, y en cambió invitó a entregarse a una bailanta continuada. El show arrancó con “Ayer te ví” y siguió con la tropical “Quién va a cantar”, en una de las mejores actuaciones del músico en mucho tiempo. El orden del repertorio, los arreglos musicales, la inclusión de vientos y una actitud especialmente alegre podrían explicar el buen rendimiento de esta formación de Rada en familia, con Matías Rada en guitarra y Lucila y Julieta Rada en los coros.
En muchos de los shows de sus últimos años, Rada dedicaba la primera parte del espectáculo a sus clásicos de El Kinto y Tótem, para luego encarar etapas de su carrera solista. En esta ocasión, intercaló sus piezas más festivas desde el comienzo, y combinó cada canción en una frecuencia común, fresca e innovadora (también para la carrera del músico).
Con el imprescindible Gustavo Montemurro en teclados, el bajista Nacho Mateu (cada vez más protagonista del sonido del grupo), el baterista Nelson Cédrez, una cuerda de tambores liderada por el Lobo Núñez, y nuevos vientos, la banda acierta con un sonido cercano al disco-funk con pinceladas de jazz, ideal para cócteles exclusivos y grandes conciertos al aire libre, como el de la noche en Atlántida.
La actuación, además, incluyó no poco momentos mágicos, como cuando Rada otorgó una mirada de admiración y aprobación a su invitado Facundo Balta (en “Candombe pa Figari) o en las excelentes y extendidas versiones de “Dedos” (a la Stevie Wonder) y “Malísimo”.
Contagio
“Quiero esa misma energía”, pidió al público Daniela Mercury, atenta al show de Rada, ni bien llegó su turno sobre escenario, y se entregó por completo a la concurrencia presente en el balneario. Su espectáculo, apoyado sin sutilezas en la percusión, volvió a dejar boquiabiertos a los más y menos conocedores de su talento como artista y entretenedora.
Con la infaltable “Maimbê Dandá” o sus canciones más nuevas y menos conocidas (incluidas en un disco que saldrá este año) puso a bailar en masa al pacato público uruguayo, y lo consiguió sin dificultad, aunque a puro sudor, y sin dejar de bailar y arengar.
Como ya lo había hecho antes con la prensa, sobre el escenario la cantante bahiana supo intercalar armoniosamente los mensajes de su compromiso político en los que desde hace años se apoya su obra musical. “Latinoamérica unida por la democracia. No necesitamos intervenciones. Nuestra cultura es nuestra gente”, dijo sin solemnidad y con esa alegría brasileña que provoca ganas de salir detrás suyo. Asimismo se expresó en contra del avance de las petroleras en el mar y el Amazonas.
El momento cúlmine de esta visita suya (que le recordó su primera actuación por aquí, en la Playa Pocitos) llegó con el regreso de Rada al escenario. Entre bromas del músico y un cansancio físico bien controlado, el dúo de cantantes dejó una versión libre de “Más que nada”, de Sergio Méndez, alargada en una jam en la que se mezcló la samba con el candombe de la cuerda de tambores uruguaya, invitada a participar del histórico cruce cultural.
Más tarde, la cantante bahiana iba a reconocer a Rada como “el gran maestro uruguayo”. El show continuó más de lo esperado y Mercury no disimuló su emoción. Volvió a escena para un medley de clásicos como “O canto da cidade”, felicitó al público por su “energía maravillosa” y en su último mensaje llamó a “las mujeres al poder” .
Rubén Rada y Daniela Mercury, el 31 de enero, en el Canelones Suena Bien.
Foto: Martín Hernández Müller
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