Hernández y Devincenzi se conocieron en la Escuela del Actor, como profesor y estudiante. Luego del egreso, Devincenzi, junto con Federico Puig, pensaba en escribir sobre la forma en que se construye la imagen pública de un “artista” y descubrió en Hernández a un interlocutor atento y a un actor para encarnarlas. El vínculo derivó en el espectáculo Un artista de la muerte, estrenado por etapas entre 2015 y 2016 y producido por la compañía Teatro de Arte del Fondo. Siguieron trabajando juntos en Finlandia (2017) y Cuba (2020) o, ya sin Federico Puig, El asesino de Carrasco (estrenada en 2023, sobre el asesino serial Pablo Goncálvez).
Esa obra fue también el primer espectáculo que Hernández y Devincenzi presentaron en La Incorrecta, la nueva sala que abrió en febrero de 2025, donde también funciona la escuela de actuación Panóptico. La idea surgió durante los años de pandemia. “En aquel momento todos mirábamos series sobre asesinos seriales en Netflix”, comenta Devincenzi, “y queríamos hacer una obra sobre lo que nos estaba pasando a nosotros y lo que había pasado en nuestro pasado reciente. Ahí hicimos el link con el caso de Pablo Goncálvez y surgió la obra, que tuvo repercusiones maravillosas en la gente”.
En una línea similar, el equipo trabajó en El caso Peirano: 24 horas antes de la caída, una obra basada en los hechos que rodearon la crisis bancaria de 2002. “Es el mismo equipo de El asesino, nosotros y Sebastián Carballido en la dirección. Situamos la acción el día antes de que los procesaran, y a partir de ahí empezamos a tirar ideas entre los tres. Yo me puse a escribir, armé la obra, y después a partir de las ideas de los gurises llegamos a una propuesta bastante clara”. La obra se estrena este viernes.
Devincenzi: Como en El asesino..., no es un hecho del que se haya hablado demasiado a nivel artístico. Aquello era un thriller un poco más psicológico, esto es más una comedia negra. La idea en este caso es mostrar a estos tipos al borde de caerse, al borde del derrumbe total y en un estado que da para divertirse mucho, para nosotros, sobre todo, pero también para el que lo viene a ver. Creo que van a encontrarse con algo que no se esperan, si simplemente piensan en una obra sobre el caso Peirano. Sí y no.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
No es tan común que se haga teatro sobre acontecimientos históricos más o menos recientes; quizá quien más lo hace es Marianella Morena, y también Cecilia Caballero ha trabajado sobre la crisis de 2002. ¿Cómo piensan el desarrollo de una estética para este tipo de trabajos?
Hernández: Nuestra estética se viene generando desde hace 15 años, de la intención de desarrollar nuestro propio lenguaje. Siempre buscamos nuestra mirada sobre los acontecimientos, no nos interesa hacer una reconstrucción histórica. Obviamente hay una investigación y hay hechos históricos concretos que se mencionan, pero en realidad lo que nos interesa es plasmar la complejidad de la situación. Yo trabajaba en el sistema financiero en aquel momento y todo es bastante más complejo que “ellos son los malos y nosotros los buenos”. Hay todo un aparato que sostiene, alimenta y permite determinadas cosas, que pasa por el sistema judicial y por el sistema político. Y nuestra mirada estética tiene que ver con eso, con plantear una situación que al espectador lo ponga en una disyuntiva.
Devincenzi: Hay algo que tiene que ver con decir determinadas cosas de una forma que no deberían decirse. Creo que desde Un artista de la muerte sucede algo de eso. Jugamos mucho con lo que es verdad o mentira. Pasamos ficción por realidad muchas veces, o jugamos a que se pueda llegar a confundir. Y lo hacemos porque enriquece el trabajo y porque nos divierte hacerlo. Tiene que ver con la libertad y con tener un espacio donde poder generar, decir y trabajar sobre lo que quieras. Hablamos muchas veces de trabajar sin miedo a equivocarnos, sin miedo a una mirada externa o interna que nos juzgue.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Todo esto también ocurre en la escuela: buscamos un espacio donde la gente se sienta bienvenida, y tenga un espacio para pasarla bien, para actuar pasándola bien. A mí me tocó atravesar una formación en la que se hablaba del esfuerzo de la actuación, y creo que no hay nada más lejano a eso que la forma en que yo quiero y entiendo que hay que trabajar. Creo que para actuar hay que pasarla bien. Creo que para que las creaciones estén buenas también hay que pasarla bien. Ese es el espacio que nosotros estamos creando acá.
De todas formas, en eso de difuminar límites entre realidad y ficción, sus espectáculos han generado polémica ya desde Un artista de la muerte.
Hernández: Sí, los riesgos siempre existen. No buscamos bardear a nadie porque sí, pero tampoco buscamos complacer a nadie. Sí buscamos complacer nuestras necesidades de hablar y el lugar desde dónde hablar. No autocensurarnos es muy importante. En ese recorrido a veces te vas a la banquina y a veces volvés, y hacés autocrítica sobre determinadas cosas, y sobre otras no. Eso también te ayuda a reafirmar: ver qué pasa afuera con lo que hacés, por qué pasa lo que pasa, y bancarte el vuelto. El teatro es el único lugar que no estoy dispuesto a vender, en el que me siento libre, y en esa libertad uno le erra o no y le afecta o no, y reflexiona después sobre lo que hace. Y hay cosas que seguís haciendo y cosas que no, es parte del juego.
La formación en actuación ante cámaras parece tener un peso importante tanto en el desarrollo profesional de ustedes como en Panóptico.
Hernández: En Panóptico tenemos dos grandes caminos que se unen, la actuación ante cámaras y la actuación para teatro. En actuación para cámara tenemos tres años, el primero lo doy yo, el segundo lo da Diego y para el tercero llamamos a algún docente de afuera. En actuación para teatro, igual; primero lo da Diego y después doy yo segundo o tercero. Nos complementamos, porque, si bien tenemos cabezas parecidas, en muchas cosas somos diferentes. Además de actuación ante cámara hemos empezado a producir algunas cosas. Como actores los dos hemos trabajado en producciones para plataformas. Yo doy clases en la Escuela de Cine del Uruguay, coordino un programa de dirección de actores, y Diego también da clases ahí. Siempre estamos generando cosas en audiovisual. Diego escribe más que yo en ese sentido, pero guionamos, producimos, estamos desarrollándonos ya hace unos años en ese aspecto.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Devincenzi: La actuación es una, y es buena o no es buena. Después está dónde se ejecuta, si arriba de un escenario o en un set. Obviamente hay cuestiones que cambian a nivel expresivo y a nivel de espacio, pero el fuerte de esta escuela es la actuación, pero hay otras cosas: un taller de realización cinematográfica, uno de actuación para adolescentes, otro de guion. Y si bien nuestras creaciones hasta ahora están más vinculadas al teatro, hemos fantaseado varias veces con empezar a trabajar en el lenguaje cinematográfico. Lo hemos hecho acá con estudiantes con resultados que han sido buenísimos, y probablemente empecemos a tirar nuestras creaciones también para el lado audiovisual.
¿Cómo surge Panóptico?
Hernández: Hace años empezamos a dar nuestras clases en distintos espacios, empezamos a crecer en cantidad de alumnos, y Diego, que es bastante más lanzado que yo, pensó en alquilar un lugar como sede fija. Justo Casa de los Siete Vientos tenía miras de cerrar, y empezamos a negociar. Ellos querían que esto fuera alquilado por gente de la cultura, nosotros ya veníamos trabajando acá, nos conocían, y finalmente ocupamos este lugar y ahí empezamos a desarrollar otras áreas más allá de las clases que dábamos nosotros, como los talleres que decía Diego. Fue un devenir medio inevitable a partir de lo que iba sucediendo con la cantidad de alumnos que íbamos recibiendo.
Devincenzi: Y al tener el espacio, que tiene una sala, surge la idea de La Incorrecta, que funciona los fines de semana y que trabajamos también con Romina Capezzuto. Es el espacio donde desarrollar las muestras de los cursos que suceden en la escuela, pero también donde mostrar nuestros trabajos. El año pasado, a partir de un trabajo de tercer año, se estrenó Luz, que es una obra de Federico Puig que dirigió Fernando. Fue el primer estreno de Panóptico.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
También se vieron obras de otros colectivos, como Complejo Miramar, de Gastón Borges con dirección de Pablo Rueda. ¿Cómo se ha vinculado la sala con otros grupos independientes del medio?
Devincenzi: El año pasado buscamos dar mucho lugar a las propuestas que venían, en primer lugar, porque me acuerdo de cuando empecé a tirar dossiers en diferentes salas y ninguna me respondía. Es algo que me quedó resonando y una de las cosas que pretendíamos cuando empezamos a armar el proyecto de La Incorrecta era que fuera un espacio en el que recibir propuestas, que fuera un lugar donde sucedieran cosas de gente que está empezando. En abril estrenamos Querer querer, de Malena Urrutia, en la que actúan ella y Facundo Santos Remedio, que está muy vinculada a nuestro universo creativo. Estrenamos El caso Peirano. Y también va a haber algunas propuestas que vienen de afuera, como Complejo Miramar y El abrazo de la mantis orquídea, de Sebastián Calderón.
En la sala hay una barra y se puede venir antes a tomar algo. No es tan común en las salas teatrales montevideanas.
Hernández: Nosotros pensamos el teatro como la escuela, que la gente pueda venir y sentirse bienvenida. No es que les estamos haciendo un favor, en todo caso nos lo hacen ellos a nosotros. Queremos que la gente que viene se sienta cómoda, y si se quiere sentar a tomar unas chelas, que las tome, y si se quiere quedar un ratito más después de la clase o de la función, que se quede. Hay algo de habitar el espacio que nosotros cuidamos bastante y es que no hay apuro.
Devincenzi: Muchos alumnos se acercan porque quieren ser actores, pero también hay muchos que se acercan para encontrar un espacio personal donde desarrollarse, donde encontrarse con otra gente que esté en la misma. No necesariamente quieren ser actores. Para nosotros eso está buenísimo porque se generan muchísimas cosas en ese cruce. Es importante que esa gente la pase bien, que tenga un lugar. No vamos a decir que esto es un club social, pero sí un lugar donde vincularse con el otro, donde encontrarse, donde tomar algo. Más allá de las clases, también se generan charlas que han venido a dar diferentes personas; las llamamos “parlamentos”, y el último semestre lo dio Gabriel Calderón. El semestre anterior lo dio Esther Feldman, y también lo dio Anthony Fletcher el año anterior. El año pasado, en promedio, tuvimos alrededor de 150 estudiantes. Son todos de cursos distintos y también queremos que se crucen y se conozcan.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Llegué y estaban barriendo. Imagino que llevar adelante el espacio implica bastante más trabajo que pensar los cursos y dar las clases.
Hernández: El mantenimiento de la casa, que es una casa vieja, es más mi área: plomería, electricidad y cosas que suceden. Lo que tiene que ver con lo administrativo es un poco más el área de Diego. Pero nosotros la pasamos bien acá. Vos viniste y estábamos limpiando el piso, yo vine a los ocho de la mañana y estuve dos horas intentando cambiar una canilla, y no pude. Diego ayer se quedó hasta las nueve de la noche. Nosotros somos muy amigos, y si no estamos acá, probablemente estaríamos haciendo un asado en algún lugar. Creo que eso nos ayuda bastante a convivir en la sala.
Devincenzi: Yo me he encontrado este año a las tres de la mañana arreglando algún cable y pensando que no querría estar en otro lugar. Ahí es cuando pienso “qué buena decisión tomamos”, porque uno puede ser feliz de muchas maneras, y una manera es arriba de una escalera arreglando un cable en el lugar donde querés poner la luz. Y ese espacio lo encontré acá. Un lugar donde compartir entre nosotros y también donde generar lo que queremos como queremos.
El caso Peirano. Viernes de mayo y junio a las 21.00 en La Incorrecta (Gonzalo Ramírez 1595). Entradas $ 650.