Deporte Fútbol

Ángel Cappa, recibe un reconocimiento del club Huracán, el 9 de abril de 2023 en el estadio Tomás Ducó, en Buenos Aires.

Foto: Alejandro Pagani, AFP.

El fútbol retumba más allá del césped

Ángel Cappa se puso del lado de los trabajadores de FATE y contra el lock out. Klopp enfrenta a la ultraderecha alemana, Mbappé defiende a los migrantes: los referentes toman partido.

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La voz grave de Ángel Cappa habla de algo más grave. No de fútbol, que es su territorio entrañable, el que, como entrenador, le dio curso a su pasión en canchas de Argentina, Perú, España, Sudáfrica y México. No tampoco de César Luis Menotti, su amigo y maestro. Nada de eso: habla en un video de solidaridad con los trabajadores de la empresa FATE, un emblema alto de la industria argentina, fábrica de neumáticos desde 1940 hasta febrero de 2026, cuando súbitamente cerró las puertas de su planta, ahora ocupada por los trabajadores. A esos trabajadores respalda Cappa. Y su voz no solo truena por lo grave, sino porque es alguien que pertenece a la médula del fútbol. Y el fútbol retumba como casi nada. O como nada. Incluso cuando lo que discute es la política y el poder.

El posicionamiento de Cappa no surge de ningún azar. Siempre asumió compromisos sociales y su larga residencia en Madrid tiene origen en que debió dejar suelo argentino a la fuerza durante la última dictadura. Pero, en estas horas, ese posicionamiento puede pensarse asociado a otros de gentes también del fútbol que llegan hasta donde otros pronunciamientos no llegan. “No quiero dejar el orgullo nacional en manos equivocadas”, planteó el flamante entrenador nacional Jürgen Klopp en una conferencia de prensa en la que los periodistas deportivos aguardaban que conversara sobre jugadores y, sin saltearse ese eje, puso en el centro su preocupación por el avance comicial de las fuerzas de ultraderecha en las últimas semanas. Lo hizo portando una gorra en la que se leía la leyenda “Uno de 83 millones”, una referencia directa a que en su país debe haber sitio para quienes allí nacieron y para quienes allí migraron, toda una proclama frente al discurso de fronteras cerradas levantado por los sectores neonazis. Incluso, aceleró: “Me gustaría recuperar la bandera para mí o para nosotros”. Y abogó en torno de una idea que parte aguas no solo en su tierra: “Quiero un patriotismo positivo o inclusivo”.

Experto en la observación de las noticias que ligan expresamente al fútbol con la política, el periodista argentino Lucas Zalduendo (se lo puede seguir en la cuenta de Instagram @futbolypolitica) procura modelar una mirada abarcativa del fenómeno: “El alcance masivo que tiene el fútbol lo convierte en una plataforma predilecta para visibilizar causas sociales y denunciar injusticias. En ese sentido, los futbolistas que toman postura o se manifiestan sobre un tema pueden inspirar y generar un impacto positivo en la sociedad. Muchas veces, hasta con un simple gesto logran impulsar transformaciones que, quizás, la política tradicional no puede llevar a cabo, como ocurrió con la selección argentina y la bandera de Malvinas”. Según Zalduendo, figuras como Cappa o como Klopp, aun con sus singularidades, integran un listado no breve. Para demostrarlo, escribió el libro La selección de los valientes, en el que desmenuza los recorridos de actores notorios de la pelota que pusieron su fama a disposición de ideas transformadoras. Ese libro, un rico trabajo, será presentado en la 48ª Feria Internacional del Libro de Montevideo el domingo 11 de octubre, a las 15.00, en la Sala Roja de la Intendencia de Montevideo.

El devenir de la humanidad certifica que “tomar partido” –para decirlo en los términos del italiano Antonio Gramsci– no es gratis. Bien pueden aseverarlo Kylian Mbappé, Ibrahima Konaté y Vinicius Jr., los tres cracks del Real Madrid que no exhibieron una remera de adhesión a la ciudad de Ceuta (en una campaña promovida por empresarios) cuando su equipo visitó al Elche. Desflecado por las críticas, muy en particular por los partidos políticos y por los medios de comunicación de derecha, Mbappé debió dar una entrevista en la que explicó que sus compañeros y él se solidarizaban con los habitantes de Ceuta que habían sufrido percances por el desembarco masivo de inmigrantes marroquíes en esa ciudad española en julio, pero que, a la vez, entendían que esa solidaridad debía extenderse a los migrantes, cuyo desplazamiento no poseía voluntad de daño y estaba motorizado por la desesperación y por el hambre. El delantero francés resolvió hace rato que su juego no acaba en el confín del césped. En votaciones anteriores, pidió a sus compatriotas que sufragaran contra la candidata de ultraderecha Marine Le Pen. Seguramente, lo volverá a hacer.

Un rasgo en común de estas gentes del fútbol consiste en argumentar. Lo corrobora Cappa sobre la firma FATE: “Esta resistencia de los trabajadores deja en claro, primero, que es un ejemplo de lucha y de dignidad; segundo, la ilegalidad de la parte empresarial porque hacen un lock out, algo ilegal, y cómo el sistema judicial se pone de ese lado; y también, el silencio del gobierno bonaerense, en vez de estar colaborando con los trabajadores que ilegalmente están en la calle y defienden sus puestos de trabajo”.

“Cállese y juegue”, les replicó el brasileño João Havelange, presidente de la FIFA, hace 40 años, a los jugadores que se quejaban por las altas temperaturas en las que iba a desarrollarse el Mundial de México. Uno era Diego Maradona. Justamente, el preparador físico personal de Maradona, Fernando Signorini, alguien a quien es frecuente encontrar en las grandes marchas que atraviesan las calles de Buenos Aires en rechazo a las medidas que impulsa el gobierno de Javier Milei, enuncia ahora: “Desde luego que los futbolistas deben tomar partido: ellos son los dueños del espectáculo. Si se bajan ellos, no hay nada. No se deciden a hacer lo que propició Diego: una gran organización mundial de los jugadores. Es imprescindible. Si por separado suenan fuerte, imaginémoslos juntos y organizados”.

Silenciar los ecos no estrictamente futboleros del fútbol fue y es toda una tarea de los núcleos dominantes en lo político, lo económico y lo comunicacional de diversos tiempos. No es nuevo eso de crucificar a quien pone en cuestión el orden inequitativo. Igual, provoca gratificaciones profundas. Antagonista consecuente de ciertos poderes y poderosos, el francés Eric Cantoná, un artista de las canchas, soltó su patada más celebre no sobre un balón y sí en el cuerpo de alguien que, en un estadio inglés y en 1995, le gritó “vuelve a tu país, francés de mierda”. Cuando lo sancionaron severo, no se achicó. “Patear a un fascista es lo mejor que hice en toda mi carrera”, resumió.

Se diga lo que se diga, esa patada hizo historia. Las voces que se atreven, también.