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En el Likud consideran que el ascenso de la ultraderecha no ocurre con la rapidez suficiente y eso compromete el apoyo a su proyecto de exterminar a los palestinos.
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Si bien los resultados oficiales de las elecciones se conocerán recién hoy, todo parece indicar que el ex primer ministro israelí Benjamin Netanyahu volverá a ocupar este cargo, gracias, entre otras cosas, a la buena votación de sus aliados nacionalistas de ultraderecha. Pero, a pesar de las buenas noticias a nivel interno, la derecha israelí considera que el contexto internacional es preocupante. “En todo el mundo vemos cómo el fascismo avanza. [Giorgia] Meloni gobierna en Italia, [Viktor] Orbán en Hungría, y [Jair] Bolsonaro y [Donald] Trump están lejos de estar acabados. El problema es que avanza demasiado lento. Los gobiernos mundiales que apoyan nuestros planes de exterminar a los musulmanes siguen siendo muy pocos. Con tres o cuatro líderes neofascistas y otros tres o cuatro que apenas son de ultraderecha no nos alcanza”, indicó ayer un alto dirigente del Likud. Los derechistas israelíes reconocen, de todas maneras, que la llegada de Meloni al poder “ayudará a que la percepción de riesgo hacia los símbolos de las potencias del Eje durante la Segunda Guerra Mundial siga disminuyendo, algo que es claramente funcional a nuestros intereses”.
La promesa: “Si soy electo primer ministro voy a organizar un congreso mundial de partidos de ultraderecha en Jerusalén”. Benjamin Netanyahu, el peor antifascista del mundo.
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