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Ilustración: Ramiro Alonso

Azufre en el césped

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Como esas películas italianas de terror de clase B de los años 1970, o sus primas hollywoodenses de una década más tarde, la imagen está a mitad de camino entre lo ridículo y lo escalofriante. Varias manos parecen surgir de una tumba y con los largos dedos metálicos trepar desde el Polo Sur intentando agarrar el globo terráqueo. Las uñas de una de ellas se clavan justo en el Río de la Plata. Es el trofeo que la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) le entregó al mandatario estadounidense, Donald Trump, por su contribución a la paz. Ocurrió el 5 de diciembre de 2025 durante el sorteo de los grupos del Mundial de fútbol 2026 que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México. Una operación extrema de sport washing que ya no oculta las formas ni sus orígenes.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, es un reconocido integrante del círculo de Trump.1 Tanto que lo acompañó en un evento global que no tiene nada que ver con el deporte: la Cumbre para la Paz de Sharm el Sheikh (Egipto), realizada el 13 de octubre de 2025 con el subtítulo de “acuerdo para terminar la guerra en Gaza”. Luego de la frustración de Trump por no haber recibido el premio Nobel que consideraba merecer por sus esfuerzos en ese terreno, Infantino lo compensa con este insólito galardón. Dejando de lado la contradicción con posturas anteriores de la FIFA sobre la inconveniencia de mezclar política y deporte,2 lo curioso es que el premiado bombardeó este año a uno de los participantes del Mundial (Irán), mantiene una actitud belicosa permanente contra otro (Colombia) y acaba de incidir en las elecciones de un tercero (Argentina), sin contar sus presiones arancelarias contra la mayor parte de los otros competidores. Ni siquiera puede afirmarse que en este segundo mandato tenga una relación estable con sus dos coanfitriones.

Como es sabido, Trump no es la única “mancha en la pelota”, para usar la negación de una frase maradoniana. Para quedarnos en el país de Diego Armando Maradona, conviene hablar de la primera de las tres estrellas que luce la camiseta argentina. En la plataforma Disney+ está disponible la docuserie Argentina 78 (2024), de Lucas Bucci y Tomás Sposat, basada en un libro de Matías Bauso. Un mundial realizado por una dictadura como una gran operación de sport washing. Si bien hacia el mundo exterior tuvo fisuras, sobre todo por la acción de periodistas holandeses que lograron sacar filmaciones con entrevistas a las madres de Plaza de Mayo, hacia el interior pareció lograr un abroquelamiento exitoso con la pasión popular. Esto último alimentó una suerte de separación alquímica entre el adentro y el afuera de la cancha, como si esa ficción fuera posible. Incluso periodistas progresistas como Ezequiel Fernández Moores parecen no entender, ante la pregunta expresa de los documentalistas, que ese mundial es, directamente, no válido. Que al igual que no se puede considerar a Jorge Rafael Videla un presidente legítimo de la nación, y su cuadro debe ser descolgado de la galería de honor de mandatarios, esa primera estrella en la camiseta no es sólo ilegítima en términos morales, sino que está plagada de irregularidades deportivas (como el inverosímil 6-1 a Perú que les valió el boleto a la final).

Dos episodios distantes en el tiempo, el mundial amañado de la dictadura argentina y el “premio FIFA de la paz” a Trump, emparentados, respectivamente, con las complicidades económicas de quienes se enriquecieron con los militares o proyectan enriquecerse con las imposiciones imperiales. Recuerdan la definición de fascismo de Jorge Dimitrov, que vincula la reacción política con las élites económicas.3 La conceptualización de Dimitrov está citada en otro documental, División disciplinaria 999, de Costas Stamatopoulos (2025), cuyo estreno mundial se produjo en Montevideo el 13 de diciembre de 2025, durante el Festival de Cine Balcánico realizado en Cinemateca Uruguaya. Trata sobre los soldados que desertaron del ejército nazi para unirse a la resistencia griega. Además de rescatar una historia tan poco conocida como llena de épica, menciona la persistencia de esa complicidad entre fascismo y gran capital. Además de las grandes firmas de la metalurgia y de la industria automovilística, varios estamentos de la Justicia alemana mantuvieron durante mucho tiempo esa connivencia. El film indica, por ejemplo, que recién en 2009 se derogaron las leyes que consideraban a esos combatientes contra los nazis como traidores a la patria alemana. También recuerda que luego de terminada la guerra fueron internados en campos de prisioneros por el ejército británico o murieron combatiendo junto con la guerrilla comunista griega que se defendía de la intervención de Winston Churchill (quien prefería una Grecia monárquica antes que una Grecia partisana).

Quiso la casualidad del calendario que en la mañana del estreno se produjera la colocación de una placa de la memoria en el frente de la unidad militar uruguaya donde funcionara, entre 1975 y 1977, el centro de detención, tortura y exterminio conocido como 300 Carlos. El Infierno Grande por donde pasaron unos 600 compatriotas, en especial del Partido Comunista del Uruguay (PCU) y del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), detenidos como parte de la Operación Morgan. Sin embargo, la noticia de esa mañana no fue lo sucedido, sino lo que no ocurrió. El recordatorio no se pudo colocar en el sitio en sí mismo (galpón 4), sino que los ex presos y los familiares de las ocho personas ahí desaparecidas tuvieron que conformarse con descubrir una placa en la vereda. También llamó la atención que no estuviera el comandante de la unidad militar formando parte del acto y acompañando la presencia de la ministra de Defensa Nacional, Sandra Lazo. La ministra debió habérselo ordenado. Hubiera sido un gesto democrático (y de cadena de mando), así como hubiera sido un gesto de gentileza que nuestro ejército hubiera dispuesto la instalación de un toldo, o al menos de una sombra de obra, para que los familiares de los desaparecidos y los ex presos, hoy huéspedes y ayer detenidos, se protegieran del rayo del sol durante el transcurso del acto realizado en el estacionamiento, ya que no se les permitió llegar más cerca.

La vida seguirá su curso. Al tórrido verano austral le seguirá el resto de las estaciones y en el frío montevideano del 11 de junio se estará hablando del partido inaugural del Mundial 2026 entre México y Sudáfrica. Quizá entonces hayan avanzado algo los pasos lentos, pero persistentes, de la memoria, y la placa del 300 Carlos esté unos metros más cerca del infame galpón 4. Ya ocurrirá, porque si bien hay quien impide, también hay quien empuja.

Hay una hermandad que une a las madres de Plaza de Mayo entrevistadas por la prensa holandesa en 1978, a los 1.000 soldados alemanes que desertaron en Grecia en los años 1940, a quienes padecieron el 300 Carlos y a quienes persisten en la memoria (y desde ahí buscan que las placas estén donde deben estar y se oponen a negociar la libertad de los represores). Ese hilo conductor tiene nombre. La lucha por un mundo mejor, se decía antes. La lucha por un mundo, se podría decir ahora, en estos tiempos de Capitaloceno en los que el ambiente es la nueva víctima que se ofrece en holocausto a los mismos intereses del fascismo de ayer, del fascismo de siempre.

La FIFA le dio a Trump el Nobel que le fue negado, así como Videla le dio a su camiseta la estrella que no debió haber sido. El metal de los premios se terminará fundiendo en el fuego frío del olvido. La resistencia, en cambio, aunque la quieran dejar afuera, seguirá viva en cada terrón de tierra removida.

Roberto López Belloso, director de Le Monde diplomatique, Uruguay.


  1. Dan Roan, “Por qué la estrecha relación entre Trump y Gianni Infantino pone en cuestión la neutralidad política de la FIFA antes del Mundial 2026”, BBC, 5-12-2025. 

  2. “La FIFA descarta medidas contra Israel”, Efe, 2-10-2025. 

  3. “La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo”. Informe presentado ante el VII Congreso Mundial de la Internacional Comunista, 2-8-1935. 

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