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De casa | Un cambio

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Durante los últimos cuatro años publiqué en este medio un total de 34 notas y reflexiones sobre literatura, con un marcado énfasis en la narrativa, aunque no faltaron en varias ocasiones las y los poetas y ensayistas. De todas partes, menos de Uruguay.

Algunos de ustedes me han preguntado a lo largo de este tiempo con qué criterio elegía libros y autores. Nunca quise explicarlo porque me parecía que la suma y acumulación serían respuesta suficiente para esa pregunta. De todos modos, como ahora he llegado al final de este camino, pienso que puede ser oportuno apuntar dos de esos criterios: 1) La significación entera de una obra (no sólo desde el punto de vista literario); y 2) El aporte al conocimiento de ella y de su autor.

No hubo criterios geográficos o idiomáticos en la selección de libros a reseñar o de autores a describir, excepto el ya señalado referente a Uruguay. Un par de casos soliviantaron a algunos académicos por reseñar textos de quienes, a su juicio, representaban una tendencia muy marginal en el panorama cultural contemporáneo.

Tenían razón los académicos, y justamente por eso elegí esos libros y esos autores: su marginalidad, en algunos casos extrema, volvía invisible una tarea que merecía ser conocida. El ninguneo como una de las bellas artes, practicado sobre todo por esa cofradía infame de críticos pijoteros (por fortuna apenas un puñado), convirtió en fantasmas a autores y libros de real valía. La tarea que me propuse fue explorar y revelar a esos fantasmas de las letras.

Por supuesto que hubo excepciones, generadas casi siempre por la casualidad o la muerte, dos elementos difíciles de manejar. Tal el caso del premio Nobel Abdulrazak Gurnah, de obra notable y casi desconocida en español, o del gran John Le Carré, cuya muerte merecía el máximo destaque, a pesar de su inmensa popularidad y de los mohínes críticos.

Todo lo anterior para decir que esos apuntes, que nunca pretendieron ser más que eso, quedarán –o no– en otras manos, de seguro más competentes. Ahora sigo en la contratapa de Le Monde diplomatique, edición Uruguay, pero mis Laterales serán notas de “opinión cultural”, un rótulo lo bastante generoso que me permitirá escribir acerca de cualquier cosa, en serio... o no tanto. Pasen y lean.

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