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José Antonio Kast, el 12 de diciembre de 2025, en Santiago.

Foto: AFP

De joyas, clivajes y motosierras

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Balotaje en Chile.

La elección del ultraderechista José Antonio Kast como presidente de Chile, el 14 de diciembre de 2025, disparó una nutrida batería de análisis para decodificar los factores explicativos del desenlace, en particular aquellos que no fueron considerados –o que, eventualmente, no se quisieron considerar– con la atención suficiente.

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Una primera hipótesis de las razones del triunfo de Kast, confirmada, se vincula con el “efecto de contagio global” asociado con la consolidación de proyectos políticos de derecha, que van desde expresiones conservadoras hasta variantes de carácter ultraconservador (liberales mediante). Este fenómeno resulta visible en el hemisferio americano, con casos recientes en Estados Unidos, El Salvador, Argentina, Ecuador, Bolivia y, más cerca en el tiempo, Honduras. Dicho contexto configura un marco referencial significativo, siendo el caso salvadoreño uno de los más emblemáticos al combinar de manera eficaz los discursos sobre delincuencia y seguridad pública. La denominada “bukelemanía” permeó el escenario político chileno y fue asumida, sin ambigüedades, por José Antonio Kast.

A ello se suma la explícita cercanía con el proyecto político del presidente argentino Javier Milei, materializada tanto en gestos simbólicos –la utilización de la motosierra como emblema– como en la narrativa de un ataque frontal contra la corrupción estatal, presentado como condición necesaria para el desarrollo individual. Este discurso, más allá de las adscripciones ideológicas, logra resonar en amplios segmentos del electorado chileno, reforzado, además, por la impronta discursiva y electoral de Johannes Kaiser [candidato del Partido Nacional Libertario que llamó a votar por Kast en el balotaje].

La figura de Kaiser resulta particularmente relevante, en la medida en que interpela a un electorado que revaloriza el golpe militar al afirmar, en tanto candidato, que apoyaría un golpe de Estado si las circunstancias fuesen similares a las de 1973.1 A ello se agregan propuestas orientadas a proscribir al Partido Comunista o a eliminar el Ministerio de la Mujer, consolidando posiciones en un sector del electorado que, hasta 2021, no participaba de forma activa en procesos electorales voluntarios y que hoy, bajo el régimen de voto obligatorio, se ve compelido a concurrir a las urnas. Se trata, en consecuencia, de un segmento que manifiesta una relación instrumental, cuando no abiertamente crítica, con la democracia representativa en Chile.

En este contexto global y regional, mediado de manera creciente y asertiva por las redes sociales, se fue esculpiendo la idea de que “Chile se cae a pedazos”, asociada a fenómenos como la corrupción –ejemplificada en los casos de fundaciones2 y otras denuncias–, la delincuencia, la migración irregular y los delitos violentos. Esta narrativa terminó por configurar una suerte de “joya arquetípica” sobre la cual se construyó una retórica de “sentidos comunes”, en términos del propio discurso del presidente electo durante su fase electoral reciente, agregándosele las anteriores y el desempeño del Partido Republicano en el Congreso. Desde esta perspectiva, la apelación al estado de emergencia3 se instala como una solución de sentido común, cuyos alcances ejecutivos y legislativos deberán ser observados con atención.

La noción de “joya arquetípica” logró anclarse de manera eficaz en procesos sociopolíticos recientes, tales como el estallido social –redefinido discursivamente como fenómeno delictual– y el proceso constitucional, en particular el plebiscito de 2022. Estos hitos contribuyeron a sedimentar una voluntad popular que, pese a beneficiarse de avances en materias como pensiones, reducción de la jornada laboral, copago cero en salud y mejoras en indicadores de delincuencia –incluida la macrozona sur–, no reconoció de forma plena dichos logros del actual gobierno.

Este escenario puede ser analizado a la luz de la teoría de los clivajes sociopolíticos de Seymour Martin Lipset y Stein Rokkan, según la cual los ordenamientos políticos nacionales se estructuran en torno a grandes fracturas sociales, políticas y económicas.4 En el caso chileno, el clivaje dictadura versus democracia, que durante décadas organizó buena parte del campo político chileno, aparece hoy relativizado o tensionado por nuevas dicotomías, como orden versus estallido social u orden versus delincuencia, crimen organizado y migración. Estos clivajes, lejos de operar de manera aislada, se combinan y refuerzan mutuamente, proyectándose con fuerza en el ciclo político que se abre.

Otro elemento central corresponde a la dimensión territorial del fenómeno político. La penetración ideológica y electoral ha estado históricamente vinculada al territorio, entendido no sólo como espacio físico, sino también como construcción social y cultural. A mayor inserción territorial, mayores son las posibilidades de influencia y persuasión política. Sin embargo, esta relación se complejiza en la actualidad por la interacción entre el territorio material y el territorio virtual, configurado por las redes sociales. En este cruce, discursos falsos –como la idea de un país en colapso total– conviven con problemáticas reales, tales como la corrupción, los privilegios y la inseguridad. En la elección presidencial reciente, marcada por el voto obligatorio, las derechas –en particular las corrientes republicanas y libertarias– lograron apropiarse de este dispositivo territorial, tanto en su dimensión física como digital, imponiendo a las fuerzas oficialistas el desafío de una futura reconquista del espacio político mediante estrategias innovadoras.

Finalmente, el diseño de campaña del candidato vencedor, aunque austero, resultó eficaz al concentrarse en un número acotado de clivajes, en especial aquellos vinculados con el orden, la delincuencia, la migración, el estallido social y la crisis económica. La decisión de limitar las intervenciones públicas del abanderado redujo los riesgos de inconsistencias argumentativas, evidentes en instancias como los debates de la Archi [Asociación de Radiodifusores de Chile] y la Anatel [Asociación Nacional de Televisión], en especial frente a las interpelaciones de Jeannette Jara [candidata de izquierda]. En cuanto a las responsabilidades del oficialismo, tanto a nivel de coalición como de gobierno, debería constituir un análisis aparte.

Hernán García Moresco y José Orellana Yáñez, magíster en Ingeniería Informática y diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública y doctor en Estudios Americanos y Magíster en Ciencia Política, respectivamente. Artículo publicado en Le Monde diplomatique, edición Chile.


  1. (Todas las notas son de redacción) “Johannes Kaiser: ‘Sin duda, absolutamente’ respaldaría un nuevo golpe de Estado”, Diario y Radio Universidad Chile, 4-7-2025. 

  2. “Fiscalía chilena investiga 32 fundaciones en caso de subvenciones que salpica a Gobierno”, Efe, 3-8-2023. 

  3. Ver, por ejemplo, María Cristina Romero, “‘Gobierno de emergencia’: Así se fue construyendo la estrategia y el relato que llevó a Kast a La Moneda”, El Mercurio, 14-12-2025. 

  4. “Cleavage Structures, Party Systems, and Voter Alignments: An Introduction”, en Party Systems and Voter Alignments: Cross-National Perspectives, The Free Press, Nueva York, 1967. 

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