Jorge Abelardo Ramos, en su libro Historia de la nación latinoamericana, explicaba con sorna que, en la época de los virreinatos, Aristóteles justificaba a los encomenderos: “Un gran debate sirve de prólogo, por decirlo así, al sistema de valores que Europa y Estados Unidos opondrán luego desde su altura imperial al pueblo de América Latina”.1 El debate lo inició Bartolomé de las Casas, un exagerado que escribió la verdad, una cierta verdad.
Elegí el texto de Ramos para comentar el trillado asunto de la colonización cultural de la que somos objeto los del sur pobre, porque en esa sencilla oración él apunta a temas que parecen haberse perdido en la niebla de este siglo tan “olvidadizo”.2 En las izquierdas ya casi nadie los menciona: la cuestión imperial, la guerra, las luchas sociales, los sistemas de valores, las superioridades económicas y militares, la noción de “pueblo latinoamericano”.
En el ámbito cultural podemos preguntarnos qué tan colonizados seguimos, ya no por la cruz-garrote europea, sino por el paganismo tecnológico de falsa bandera, ese que valora lo humano como mercancía y desprecia tanto a las artes como a las ciencias, siempre y cuando no sean rentables: son comestibles o no son nada. Aislada, la frase de Cardín que cito al comienzo es ambigua;3 para completar el concepto debería agregarse la pregunta central de la filósofa Nancy Fraser, que dibuja el problema: ¿Cuál es la dieta de esa bestia llamada capitalismo?4
Hace dos décadas publiqué un pequeño ensayo titulado “Consumir y reventar”. En él planteaba algunas variantes del dilema que agota al capitalismo: en un planeta finito nada puede ser infinito. También señalaba ciertos pasadizos: se consumen productos que no son productos. Nadie sabe bien qué son, pero muchos avispados se dieron cuenta de que son tan consumibles como el pan o el agua. Un ejemplo: el tiempo. Buena parte de la población mundial gasta enormes cantidades de dinero en andar rápido y ganar tiempo. El expresidente uruguayo José Pepe Mujica abundó sobre eso en varios discursos y en entrevistas concedidas en sus últimos años.5 ¿Y qué se hace con ese tiempo “ganado”? Se vende, es decir, se trabajan más horas para tener más dinero y consumir, además del tiempo en sí mismo, otras cosas, en especial series de televisión made in USA y cachivaches importados de China. Un exitazo de la colonización, casi tanto como la telefonía celular.
En el actual capitalismo de agonía, el tiempo es un producto de consumo como cualquier otro, aunque mastique nuestras vidas como si fueran hamburguesas. Trabajando más y más, en esa competencia feroz nos hacemos comer y nos comemos para provecho de los explotadores.6 Según un estudio publicado en 2022 por el antropólogo económico Jackson Hickel, en 2015 el norte global se apropió de 188 millones de años-persona de trabajo incorporado en el sur global, por un valor de 10,8 billones de dólares a precios del norte.7 Hickel es polémico y radical, pero para muchos da en el clavo. Y lo hace con datos.
Pensar tales cifras da vértigo. La colonización cultural significa en definitiva eso: que los colonizados nos dejemos comer, con el apetito siempre exacerbado de los colonizadores que se sienten bendecidos por la prédica de la libre competencia. Linda metáfora. Para ellos debe ser una dieta natural. Y las izquierdas parecen haber olvidado esa injusticia primaria. O acaso temen asomar la cabeza y que la oleada ultraderechista se la arranque. Es necesario llamar a las cosas por su nombre. En América Latina la desigualdad es obscena e intolerable y debe ser combatida con toda energía y sin tanto circunloquio.
La incógnita es hasta cuándo ha de durar esta situación. Mientras sigamos mirando hacia el norte y creyendo en los embustes que los poderes centrales nos envían envueltos para regalo, continuaremos sin reconocernos y permitiendo el terrorismo maquillado de esta fiesta caníbal. Hasta que un día decidamos cambiar el menú para que todo sea distinto.
Fernando Butazzoni, periodista y escritor.
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Peña Lillo editores, Buenos Aires, 1968. ↩
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Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Taurus, 2008. ↩
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Alberto Cardín, Dialéctica y canibalismo, Anagrama, 1994; y William Arens, The Man-Eating Myth, Oxford University Press, 1979. ↩
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Nancy Fraser, Capitalismo caníbal, Siglo XXI, 2023. ↩
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“‘Soy un viejo medio loco, porque filosóficamente soy un estoico’: entrevista con José ‘Pepe’ Mujica”, BBC, 28-11-2024. ↩
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Anselm Jappe, La sociedad autófaga, Pepitas de calabaza, 2018. ↩
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Jason Hickel et al., “Imperialist appropriation in the world economy: Drain from the global South through unequal exchange, 1990–2015”, Global Environmental Change, N° 73, marzo de 2022. ↩