Un sedán Škoda Octavia se detiene. Cuando Péter Magyar baja del auto, un técnico le ajusta el micrófono corbatero y le da luz verde para hacer un video en directo de una hora en Facebook, el tercero del día. El político, que pretende arrebatarle el cargo de primer ministro a Viktor Orbán en las elecciones legislativas del 12 de abril, se pone en marcha. Ante un niño que sostiene una bandera húngara en la mano y algunos curiosos, saluda al pequeño comité de bienvenida que reparte imanes y la revista del partido Tisza (Respeto y Libertad, centro derecha). Dentro de la casa de la cultura, 200 personas han tomado asiento para ver a quien pretende librar al país del “pequeño sultán y su sistema de criminalidad nacional”.
Isaszeg, una localidad de 11.000 habitantes situada unos 30 kilómetros al este de Budapest, es una de las últimas etapas de esta “Vuelta a Hungría en 80 días”, que culminará dos días más tarde en la capital. “Hemos ido a todos los rincones del país, a los pueblos más remotos, allí donde Orbán y ningún otro político han ido nunca, para preguntar a la gente qué es lo que no funciona, dónde les duele, qué necesitan y cómo podemos ayudarlos. [...] Y tengo malas noticias para el Gran Visir: ¡el campo dice que su tiempo se ha terminado!”, afirma este abogado de 44 años, que a principios de 2024 rompió con Fidesz, el partido nacionalista conservador en el poder, tras la destitución de la ministra de Justicia, su exesposa, Judit Varga.
Las elecciones se deciden lejos de la capital. De una población de 9,5 millones de habitantes, un tercio vive en uno de los 2.886 municipios de menos de 5.000 habitantes, los más afectados por la desindustrialización de los años 1990, la desaparición de las cooperativas y el declive de los servicios públicos. “Las zonas rurales de los países del antiguo bloque soviético son, sin duda, las grandes perdedoras de la importante transformación económica y política provocada por el cambio de régimen”, recuerda el geógrafo Bálint Csatári, de la Universidad de Szeged.1 El deterioro de los servicios públicos y los comercios de proximidad se ha acelerado con la pandemia de covid-19, la suba de los precios de la energía y del costo de vida. El acceso a la atención sanitaria se ha deteriorado en los últimos años y el número de consultorios de medicina general vacíos de médicos se ha triplicado entre 2016 y 2024, según la Oficina Central de Estadística (KSH, por sus siglas en húngaro). En el verano de 2024, Magyar Posta anunció el cierre de más de 2.300 oficinas de correo y uno de cada dos restaurantes ha bajado su cortina en los últimos 15 años. El éxodo de los jóvenes, la falta de médicos y la ausencia de empleos estables han ampliado la brecha entre la capital y el resto del país.
Poderosas redes clientelistas
Aunque el partido Tisza apareció recién en la primavera de 2024, las principales empresas de sondeo lo sitúan desde hace varios meses a la cabeza de las intenciones de voto, por delante del Fidesz. Por oportunismo, muchos votantes de izquierda o liberales apoyan la candidatura de Magyar, que parece ser el único capaz de derrotar a Orbán. Zsuzsa Veress, por su parte, se suma al primero por convicción: “Soy una intelectual de Budapest de izquierda, pero no formo parte de ese círculo esnob al que no le importa nada la pobreza, y entiendo muy bien por qué la gente del campo apoya a Péter Magyar. Los intelectuales liberales húngaros son muy orgullosos, pero el cambio de régimen vendrá de las masas rurales a las que desprecian, no de ellos”, asegura.
Heredero del Partido Socialista Obrero de Hungría –el partido único que gobernó entre 1956 y 1989–, el Partido Socialista (MSZP) está marginado, con un dos por ciento de las intenciones de voto. Paga por las políticas neoliberales que aplicó cuando estuvo en el poder, de 1994 a 1998, y en coalición con los liberales de 2002 a 2010. Su retroceso ha dejado el campo libre a los partidos de derecha. Durante un tiempo, la extrema derecha de Jobbik (“Conservador”) prosperó sobre sus ruinas en los antiguos bastiones industriales, antes de ser fagocitada progresivamente por el Fidesz.
Desde su regreso al poder en 2010, Viktor Orbán ha aprovechado este vacío político. Aunque nació y creció en Székesfehérvar, una ciudad de 100.000 habitantes a una hora de Budapest, el primer ministro se presentó como un hijo del campo. Intentó reavivar una antigua división entre los népiek y los urbánusok, es decir, algo así como los campesinos tradicionalistas y los citadinos cosmopolitas. “Si el aire de la ciudad nos hace libres, el aire del campo nos hace húngaros”, afirmó, por ejemplo, en la inauguración de un tramo de autopista hace casi un año, en abril de 2025. Orbán no ha dejado de centrar sus esfuerzos en “un mundo rural fuerte, porque sin él no habría una Hungría fuerte”. “El pueblo no es el pasado, sino el futuro, y este año será el año de los pueblos”, proclamaba en la primavera boreal pasada, tras lanzar una nueva fase de su “Programa del pueblo húngaro”.
Presentado como una política de reequilibrio territorial, este plan, en marcha desde 2019, financia la renovación de rutas, alcaldías, escuelas e iglesias, pero también el mantenimiento de los pequeños comercios y cafés de los pueblos. Para el primer ministro, “no estamos lejos de poder decir que hoy en día se puede vivir en un pueblo húngaro con la misma calidad de vida que en la capital”. Una ley aprobada paralelamente obliga a los comercios a aceptar el dinero en efectivo de las pensiones que los jubilados retiran cada mes en la oficina del correo.
Sin embargo, este programa tiene otra función, menos visible, pero igualmente decisiva: la de refundar una identidad rural común. “Mediante la financiación pública de las fiestas de los pueblos, el Estado ha apoyado en todo el país eventos que refuerzan el arraigo del Fidesz. No porque se trate de encuentros partidistas o propaganda política, sino porque contribuyen a construir una política cultural e identitaria local centrada en la recreación del mundo campesino”,2 subraya el sociólogo Imre Kovách. Al salir de la pandemia, el Estado anunció que dedicaría 3.000 millones de forintos (unos ocho millones de euros) al financiamiento de las “jornadas rurales”.
Gracias a estas medidas, el Fidesz se impuso como el partido del mundo rural y disfrutó de un cuasi monopolio fuera de las grandes ciudades, con un apoyo electoral inversamente proporcional al tamaño del municipio. Domina sin oposición los 19 departamentos (condados) del país. Este partido, creado por un grupo de estudiantes en Budapest en 1988, se presenta hoy como la emanación de la Hungría burguesa, cristiana y provincial, pero no por ello está ausente de las grandes ciudades. Solo Budapest y los centros universitarios de Pécs y Szeged escaparon a su dominio en las últimas elecciones legislativas, en 2022.
Hasta ahora, los escasos intentos de la oposición por penetrar en las redes del poder local han fracasado. Según Kovách, sería necesario tender lazos con la élite local, los notables, los empresarios, los párrocos y los docentes.
Su arraigo local le ha permitido al Fidesz crear poderosas redes clientelistas en las zonas periféricas empobrecidas, gracias a un sistema centralizado de licitaciones sesgado para canalizar los fondos públicos húngaros y europeos hacia los políticos y empresarios afines, un programa de empleos cívicos que condiciona el acceso a las prestaciones sociales y recompensa a los municipios dóciles, concesiones de tierras agrícolas, estancos, etcétera. La congelación de unos 20.000 millones de euros de fondos por parte de la Comisión Europea, resultado de un procedimiento iniciado en 2022 tras repetidas violaciones del Estado de derecho, y la fuerte disminución del número de empleos cívicos debilitan hoy en día la capacidad del poder para alimentar estas redes.
Es precisamente en esta brecha donde se cuelan Magyar y su partido Tisza. “En comparación con los partidos de la oposición que intentaron desafiar el régimen en 2018 y 2022, Tisza goza de una presencia mucho más fuerte y de una organización local más desarrollada en los municipios rurales”, observa el geógrafo Dániel Kovarek. Apostando por una densa red territorial en lugar de una línea ideológica marcada, el movimiento busca reunir a un amplio sector de la población en torno a un eslogan sencillo: “Ni de izquierda ni de derecha, simplemente Magyar”, que juega con el apellido de su líder (que significa “húngaro”). En un panorama político nacional polarizado desde hace más de 15 años, este partido intenta mantenerse equidistante del conservadurismo nacional del poder y del liberalismo de la oposición. “El carácter ideológicamente heterogéneo del partido hace que Tisza intente mantenerse al margen de cuestiones progresistas controvertidas, como los derechos de las comunidades LGBTQ o la ayuda militar a Ucrania”, añade Kovarek. El opositor también se aprovecha de las revelaciones de maltrato en las instituciones públicas para menores, que llevaron a más de 50.000 manifestantes a exigir la renuncia del primer ministro a mediados de diciembre de 2025.
Frente a un primer ministro absorto en el escenario internacional, Péter Magyar recorre de forma incansable el campo. Una gira promocional lo ha llevado a cada rincón del país, desde Tiszabábolna y sus 277 habitantes hasta Debrecen, feudo del Fidesz con 200.000 habitantes. A pie hasta Rumania, en bicicleta por las orillas del lago Balaton, a caballo por el Alföld (la Gran Llanura) y en canoa por el río Tisza. Denunciando en cada etapa el deterioro de los hospitales y las escuelas, así como el enriquecimiento del clan en el poder, Magyar promete un programa de rehabilitación de la vivienda ociosa, una reforma agraria en beneficio de los jóvenes agricultores y la creación de un ministerio de desarrollo rural. Quiere desmantelar el “Estado-Fidesz”, defender la neutralidad de los medios de comunicación públicos y garantizar una competencia política equitativa. Su discurso social, centrado en los marginados, se traduce en una serie de propuestas en torno a la renovación energética y la construcción de viviendas sociales. En el plano internacional, pretende distanciarse más de Rusia, siguiendo la posición del Partido Popular Europeo (PPE, derecha) al que está afiliado.
Los votantes por su nombre
Tres meses después de su creación a comienzos de la primavera de 2024, el partido Tisza se situó en segunda posición en las elecciones europeas (29,6 por ciento) y sorprendió en las elecciones de Budapest al obtener diez escaños sobre 33, empatado con el Fidesz. Cuenta con una red de 25.000 voluntarios repartidos en más de 200 unidades locales, las “islas Tisza”, que acuden a los mercados y a los buzones para distribuir los panfletos y la revista del partido. Acompañado por un puñado de militantes en torno a un pequeño stand, Kristóf Vadnai se ha instalado cerca de la pequeña estación de tren que conecta a Veröce, una localidad de 4.000 habitantes. “El Fidesz está ausente aquí y muy poco presente en los pueblos. Utilizan sus medios de propaganda para llegar a la gente, tienen la televisión, la radio y los periódicos”, afirma un estudiante de deporte de 23 años. “Váyase a su casa”, gruñe un hombre de unos 50 años mientras se abre paso entre puestos de ropa de segunda mano y cajas de zapallos. “Los simpatizantes del Fidesz no quieren debatir. Lo único que saben hacer es escupir la propaganda, la negatividad y el odio que les han inculcado durante una década y media”, lamenta Vadnai.
En un movimiento inverso, convencido de mantener la ventaja sobre su rival “en la vida real, en los bares y en los mercados”, el Fidesz invierte en el espacio en línea y forma un ejército de “guerreros digitales”. Sin embargo, ante 1.500 militantes reunidos en Zánka, a orillas del lago Balaton, el 20 de octubre de 2025, Viktor Orbán recordó la importancia del terreno: “Es imposible ganar unas elecciones sin conocer a todos los votantes por su nombre [...]. Los militantes deberán golpear a sus puertas por lo menos dos o tres veces antes de las elecciones, llamarlos sin pausa y convencerlos por todos los medios de que vayan a votar”.
Unos días después, ambos bandos hicieron una demostración de fuerza en las calles de la capital en ocasión de la “fiesta de la Revolución”, que conmemora la insurrección antisoviética de 1956. El 23 de octubre de 2025, cerca de 200.000 seguidores de Magyar se congregaron en la avenida Andrássy, antes de reunirse en la Plaza de los Héroes de Budapest. Enfrente, los partidarios del Fidesz eran aproximadamente la mitad, ante el Parlamento, ondeando banderas con los nombres de localidades de todo el país y de la Transilvania rumana, según una vieja tradición de la derecha. Algunos han sido llevados gratuitamente en autobús, con vales de compra de la cadena de supermercados CBA como regalo.
“Péter Magyar está tratando de movilizar las zonas rurales, las pequeñas ciudades y los pueblos. Y lo está consiguiendo muy bien. Creo que es una buena estrategia, porque, en su mente, Budapest ya está conquistada”, opina Gábor Demszky, antiguo alcalde liberal de la capital entre 1990 y 2010. “En realidad, es muy simple: quien se gana al campo, gana el país”. Apenas terminado su recorrido por Hungría, y tras su efímero paso por Budapest, Magyar anunció que volvería al terreno con el objetivo de cubrir, junto con sus militantes, los 3.155 municipios del país.
Ambre Bruneteau y Corentin Léotard, doctoranda en Ciencias Políticas, Centro Europeo de Sociología y Ciencias Políticas, París 1 Pantheón Sorbonne, y jefe de redacción del Courrier d’Europe centrale, Budapest, respectivamente. Traducción: Emilia Fernández Tasende.
Actualización
Dos encuestas de febrero mostraron una ventaja del partido del opositor Péter Magyar (47 y 48 por ciento sobre 39 por ciento del gobierno, según las encuestadoras Republikon y Publicus, respectivamente), en tanto que otro de los sondeos, de Nezopont, pronosticó un resultado inverso, con un 46 por ciento para el oficialismo contra un 40 de la oposición. En enero, seis mediciones de diferentes firmas habían mostrado una ventaja opositora de al menos diez puntos, en tanto que solo dos habían dado como posible ganador al actual gobierno. El partido satírico Perro con Dos Colas estaría logrando, en casi todas las encuestas, entre un tres y un cinco por ciento de los votos, lo mismo que la Coalición Democrática, de centroizquierda. El ex Partido Comunista (hoy MSZP) decidió el 20 de febrero desistir de la carrera electoral.
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Bálint Csátari, “Rurality in Hungary in general”, discussionpapers.rkk.hu, 3-7-2012. ↩
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Illés Szurovecz, “A paraszti romantika újraélesztésével és a helyi eliteken keresztül uralják Orbánék a vidéket” [“Orbán gobierna los campos reviviendo el romanticismo campesino y apoyándose en las élites locales”], 444.hu, 17-4-2022. ↩