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Crónica | Instrucciones para las ruinas

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Ana Fornaro. Estuario; Montevideo, 2026. 156 páginas, 590 pesos.

Reflejar las condiciones de un mundo en decadencia es la tarea de la literatura, en muchos casos, y también de esa forma que cruza la verdad del hecho con lo mejor de la ficción, que es la crónica. Ana Fornaro, escritora multiterreno, colaboradora regular de varios medios gráficos [y editora de Lento], exhibe en Instrucciones para las ruinas un prolijo estilo, sumamente descarnado, que va topándose con historias que recoge, observaciones acerca de cuestiones sociales (desde un recital de Coldplay hasta el reclamo de las empleadas domésticas de Nordelta, cruzado con la emergencia de la Ola Verde) y hasta apuntes biográficos que la van pintando en estas páginas (es hasta encantadora la manera en la que habla de su adicción al taxi en uno de estos textos).

Lo interesante del libro es que no busca, en ningún momento, la conclusión: la primera crónica, dedicada a un Spider-Man uruguayo, por ejemplo, se corta en seco en el momento en que se espera el golpe final, lo cual deja a estas crónicas con una fuerza vinculada a la tensión del cierre suspendido que es, sin duda, uno de los grandes logros de Fornaro. También está la historia de un verdulero, la llegada desde Montevideo a Buenos Aires, la constante sensación de que hay algo errado en este tiempo que está tan obscenamente exhibido que nadie lo ve, como si fuese un error tipográfico, esa letra que falta en un aviso en el baño.

Instrucciones para las ruinas es como tomarse un trago corto: impresiona cuando se toma, deja la boca un poco amarga y, después, el gusto que queda se percibe sutil y demora en irse.

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