En el marco del 81º período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), está previsto que el presidente Yamandú Orsi exponga en la “semana de alto nivel” que comenzará el 22 de octubre.
El martes de esta semana, durante la conmemoración del 25 de agosto en Florida, Orsi dijo a periodistas que había convocado a las autoridades del Frente Amplio y de los partidos Nacional, Colorado, Cabildo Abierto e Independiente a una reunión para intercambiar opiniones sobre la compleja coyuntura internacional, con miras a su intervención en el foro mundial, donde se propone “transmitir lo que Uruguay es en el mundo” y expresar el deseo de que “algunas cosas dejen de estar como están”.
Según explicó Orsi, su intención en este sentido coincidió con una sugerencia del secretario general colorado, Andrés Ojeda. El anuncio en Florida sintonizó con la oratoria de la ministra de Transporte y Obras Públicas, Lucía Etcheverry, representante en la ocasión del Poder Ejecutivo, quien destacó la importancia de “aprender a convivir con las diferencias” y lograr que “enriquezcan nuestra vida democrática”.
La reunión iba a realizarse el jueves, pero el mismo martes 25 se supo que el presidente del Directorio nacionalista, Álvaro Delgado, había pedido una postergación, alegando que no estaban dadas las condiciones luego de que el Frente Amplio reiteró el lunes, en una conferencia de prensa, su convicción de que la responsabilidad política del contrato con la empresa española Cardama le corresponde al expresidente Luis Lacalle Pou. Ojeda y el presidente del Partido Independiente, Pablo Mieres, se hicieron eco de esa opinión, y al día de hoy no sabemos si habrá finalmente un encuentro o quiénes participarían en él.
La situación es lamentable. No se trata, como en algunas convocatorias anteriores, de que uno o más partidos se nieguen a dialogar sosteniendo que mantienen discrepancias insalvables con el Ejecutivo sobre el tema planteado. Esta semana, la mayor fuerza política de la oposición decidió no aportar sus puntos de vista sobre cómo debe ubicarse Uruguay en este mundo convulsionado, y lo hizo para manifestar su disgusto ante una controversia de política interna, que nada tiene que ver con la estrategia uruguaya de inserción internacional.
La invitación de Orsi tuvo por lo menos tres significados. Fue una gentileza, porque el presidente de la República no está obligado a escuchar opiniones opositoras para ejercer la representación internacional del Estado que le asigna el artículo 159 de la Constitución. Fue también un gesto de distensión en el encrespado panorama de las relaciones entre partidos y fue, por último pero con gran importancia, un intento de construir acuerdos que fortalezcan la posición y las perspectivas de Uruguay.
No es la primera vez que desde la oposición se rehúye la responsabilidad de definir y aportar propuestas en este terreno. Limitarse a criticar aspectos parciales de la política exterior, o argüir que “no tiene rumbo” sin opinar sobre cuál debería ser el rumbo, es más cómodo pero mucho menos útil para el país.