“Me crie en Villa Felicidad, no teníamos ni agua potable y el merendero le salvaba la cena a la mayoría de la gurisada”, recuerda el flamante secretario general del Partido Comunista del Uruguay (PCU), Óscar Andrade, mientras subraya que hay condiciones de pobreza que “no son aceptables” para la infancia y apunta al debate tributario como una salida. Por lo pronto, en un Palacio Legislativo vacío, sobre su escritorio varias hojas en blanco y una lapicera lo acompañan como señal de un 2026 repleto de desafíos, sobre los cuales dialogó con la diaria.
En el ámbito legislativo, será coordinador de la bancada oficialista de Senadores, por lo que espera mantener una reunión con el presidente del Frente Amplio (FA), Fernando Pereira, y trabaja en un borrador para alinear el diálogo político. Con el congreso del FA en el horizonte, coincide en que se debe evaluar la conducción de Pereira, aunque también subraya que se debe trabajar en cómo “catapultar” la coalición de izquierda hacia el futuro.
En cuanto a lo programático, considera que el PCU debe impulsar en este primer trimestre “una sensibilidad por la paz, por la soberanía y contra el imperialismo”, en el marco de un momento regional que define como “dramático”. También apunta a que se empiece una discusión tributaria marcada por la premisa de que “es necesaria más recaudación” para el cumplimiento de los compromisos sociales. Asimismo, advierte de los malos resultados que puede traer para el gobierno enfrentarse al movimiento social.
La secretaría general y su contexto
Fue elegido secretario general del PCU. Teniendo en cuenta su trayectoria vinculada al partido y los diferentes lugares que ha ocupado, ¿cuáles son las primeras sensaciones?
Primero, muchísima emoción. Integrar la dirección del partido ya de por sí es una gigantesca responsabilidad, pero hacerlo desde la primera secretaría carga una aún mayor. Además, que se haya resuelto por consenso, que no haya sido resultado de una crisis, también fue muy emocionante. Lo segundo es la circunstancia histórica en la que toca asumir la responsabilidad. Es un momento dramático para la humanidad. La tarea de orientar esta tradición política en este contexto es de una enorme complejidad.
¿Por qué?
Estamos en una circunstancia creo que inédita –quizás algo similar pasó en la década del 60 en el conflicto de los misiles–, en la que todos los días tenés que levantarte a la mañana y revisar si está ensangrentada o no América Latina; si se decidió [avanzar] a México, a Colombia o a Venezuela. Esta situación de enorme tensión geopolítica es predecible, pero está en un momento dramático, nos lleva puestos.
¿Por qué es predecible?
Es predecible porque el imperialismo estadounidense está en declive y hay un proceso de irrupción de un nuevo bloque histórico, de una nueva potencia geopolítica, diferente y por primera vez no occidental. Lo que ha pasado en la historia de todos los imperialismos es que cuando están en declive se tornan más agresivos, particularmente con sus periferias, y nosotros somos su periferia. Además, de este elemento se solapa con otro, vinculado a que estamos enclavados en un lugar donde está la mitad de la biodiversidad, y, por lo menos, un tercio del agua dulce, la mayoría del litio y las mayores reservas petroleras; esta reformulación acelerada de la doctrina Monroe es en la que nos toca pensar la política.
¿Se puede hacer algo al respecto?
El desafío principal que tenemos las fuerzas progresistas, populares, es levantar bien alto la bandera de la paz y la no intervención, después resolveremos los problemas internos, institucionales, sociales. Lo primero es que no se resuelven con una intervención militar en ninguno de los países de nuestra América, aun con los que tengamos mayores diferencias.
En un mundo que tiene el nivel actual de tensión, de internacionalización de la economía, de relaciones de poder que están en disputa, no hay forma de pensar la política sin incorporar la geopolítica.
¿El gobierno uruguayo debería ser más contundente con las condenas?
Creo que sí, pero es evidente que ahí tenemos un terreno de diferencias en la caracterización. La situación de Gaza es un parteaguas. Fue un proceso de tal brutalidad, limpieza étnica, genocidio; parto de la idea que no podríamos tener una caracterización diferente a esta. Está claro, sin embargo, que tuvimos un cambio en el gobierno, ahora no es un gobierno alineado con [Benjamin] Netanyahu, como el gobierno anterior, pero el tono de la denuncia fue un tono muy tímido. Es más, la condena y la acción sobre lo que está pasando en el Caribe, también hubiéramos preferido que fuera más nítida. Pero el FA también es eso, es unidad en diversidad de ideas, no se trata de esconderlas.
¿Y qué se puede hacer desde el PCU?
En este primer trimestre del año la primera tarea es intentar lograr que una sensibilidad por la paz, por la soberanía de nuestros pueblos y contra el imperialismo, se exprese. Capaz que nos da para hacer tres o cuatro charlas, o capaz que da para hacer una gran movilización. Intentar generar conciencia social y política de la gravedad de la situación, y, por lo tanto, de la acción. Entre otras cosas, porque no es que estamos atravesando esto en medio de multitudes en las calles diciendo “basta”. Esa es nuestra responsabilidad, que no hemos incorporado en la agenda con la fuerza con que la debiéramos incorporarla. La sociedad está en una suerte de anemia emocional, como que esto no fuera importante o fuera un problema ajeno.
Desde 2017 Juan Castillo encabezó el partido, ¿cuál fue su consejo?
Juan entiende y yo también que no hay secretario general que pueda ponerse al hombro esto. Es tan inabarcable que requerís un colectivo. En todo caso, vos tenés que tratar de lograr –y eso es lo más difícil– una síntesis que oriente la acción de los compañeros. Al fin del día la tarea del secretario general no es ser una enciclopedia, es decir “en este contexto, los pasos que tenemos que dar son estos”.
Los vínculos con el gobierno y el 1%
Castillo se ocupaba de esa tarea de síntesis siendo parte del Poder Ejecutivo, pero usted no. ¿Eso abre la puerta a dialogar, proponer y criticar de forma más libre al gobierno?
La izquierda tiene que aprender por la propia experiencia en los 15 años de gobierno, y de su derrota, la importancia del diálogo desde los distintos lugares. No solamente el diálogo de un partido integrante del gobierno con el gobierno, sino que también tiene que haber un diálogo entre el Parlamento y el Poder Ejecutivo. Ahí el Parlamento no debiera transformarse en un espacio de acción que se dedica a explicar lo que el gobierno hace. Sería un retroceso, perderías una parte de la acumulación política. Lo mismo con los movimientos sociales.
¿Cómo se da ese diálogo con los movimientos sociales?
Si algo aprendimos en los tres períodos gobierno del FA es que cuando el gobierno tuvo mayor nivel de enfrentamiento con los movimientos sociales, que tuvimos un conjunto de enfrentamientos con nuestra base social histórica y no logramos sintetizarlo de la mejor manera, eso derivó en un resultado de derrota política electoral. Si en la campaña electoral prometíamos y nos comprometíamos a volver mejores, el diálogo es clave. Sería una torpeza y una burrada que en un mundo de tantos cataclismos, tan cambiante, tan variante, digamos “todos detrás de Momo”, todos tienen que decir “amén” a lo que resuelva cada gobernante en cada lugar y el resto son propagandistas. Ese esquema no nos va a llevar a ningún lado diferente que una derrota. Entre otras cosas, porque nuestro proyecto es un proyecto contrahegemónico.
El corazón de lo que hoy es el gobierno se posicionó contra el plebiscito de la seguridad social y ahora contra la propuesta de gravar al 1% más rico, ¿esas son las diferencias con el movimiento social que le hacen mal?
No si se resuelven bien. Lo que hay que tratar es de resolverlas bien. En este debate más actual, el movimiento social puso sobre la mesa que no es tolerable el nivel de pobreza infantil. Esta realidad requiere un volumen de medidas de una magnitud que no admite la menor demora, que no debiéramos contemplar pasivamente. Es abrumador el consenso de que la mejor inversión que uno puede hacer es esta, y cuanto antes puedas desarrollar la inversión, mejor. Ese es el debate que vale la pena, puede ser o no el 1%, pero me parece que la propuesta del 1% tiene una ventaja: su solidez técnica indiscutible.
Pero no todo el FA piensa igual.
Tenemos distintas opiniones en el FA, en el gobierno, sobre todo. Creo que en la base frenteamplista es muy mayoritaria la opinión favorable a avanzar en esta dirección. El posicionamiento contrario parte de la misma lógica de cuando colocamos los cambios tributarios en el presupuesto; el argumento de la oposición y de la derecha era el mismo, era que con eso no van a invertir. Hay un sentido de época que impusieron los sectores dominantes y en ese contexto me parece muy bienvenida la discusión redistributiva, porque además educa políticamente.
Dijo que esto no va a enfrentar al gobierno con el movimiento social si se resuelve bien. Pero el ministro de Economía, Gabriel Oddone, dijo que el ajuste fiscal “es suficiente” y que “no hay más debate tributario en este período”. Parece estarse resolviendo mal.
Es relativo, porque fíjate que a la semana que pasó eso hubo una discusión de las formas en la que se calcula el Fonasa [Fondo Nacional de Salud], que tiene un efecto de recaudación. La decisión es mirando la recaudación, que es necesaria más recaudación para mí es un elemento indiscutible.
Creo que ahí [Oddone] no estuvo del todo feliz, en esa apreciación, porque uno se reúne con todos los integrantes del gobierno, con todos los expertos, con todos los académicos, y te vas a encontrar con que es necesario fortalecer el apoyo.
Está clara la necesidad de más recaudación. Pero el gobierno apuesta al crecimiento, a la llegada de inversión.
Creo que no es divisible. Un país no puede pensar en el crecimiento con niños que están pasando mal. Porque ese crecimiento está condicionado a mediano plazo, las posibilidades del crecimiento del país están limitadas si tiene un tercio de gurises en la pobreza, si la mitad de los gurises viven en condiciones de precariedad. No abordo esto desde el crecimiento, uno lo aborda desde la ética; no nos podemos permitir que en un país que produce alimento para 30 millones de personas haya gurises que se acuesten sin tener qué cenar. Esas condiciones no son aceptables.
Por lo pronto, ¿se ha hecho algo en materia de infancia?
Incrementó el bono crianza, creó el bono escolar, generó una política salarial diferenciada. La medida más importante para atender la pobreza infantil que tuvo este período fue el convenio de las trabajadoras domésticas, que tiene una mejora en varios puntos. Esa madre que trabaja va a tener unos mangos más de salario, esa es la mayor política social que tuviste, junto con el convenio de los rurales. Otra medida es haber logrado duplicar los esfuerzos en este período para atender los asentamientos. Valoro eso.
Con esto sobre la mesa, ¿sigue siendo necesario el impuesto al 1%?
Hay niveles [de desigualdad] que son demasiado perversos como para que te niegues a pensar la política en modestas medidas redistributivas. Lo que estamos discutiendo son modestas medidas redistributivas, en una lógica en la que el debate principal no puede ser el tributo, tiene que ser la desigualdad, el impacto en las infancias, la necesidad de inversión más potente para atenderlas. Si esos tres debates no se dan primero, la discusión pasa a ser una discusión técnica que no logra generar ninguna conciencia política de la necesidad de atender dramas sociales.
Óscar Andrade.
Foto: María Vivanco
¿Y en qué ámbitos se dan esos debates? ¿Hay que sentarse a conversar con Oddone?
Nos hemos juntado con Oddone para discutir algunas de estas cosas. Creo que ese debate se empezó a dar en el presupuesto. Para mí, las propuestas de política fiscal que se colocaron en el presupuesto van en la misma línea. Es más, las propuestas de mejor recaudación de la DGI [Dirección General Impositiva], si uno mira que uno de los tributos que más se evaden, con un 40% de evasión, es el IRAE [impuesto a las rentas de las actividades económicas], van en la misma dirección. Sin embargo, una buena parte de lo que está proyectado de crecimiento económico y de lo que se recauda por los impuestos va a tapar el agujero [fiscal].
La evaluación del gobierno y el equilibrio
En el último tiempo el mismo Yamandú Orsi se ha ocupado de hablar de sus “tropiezos discursivos”. ¿Cómo se evalúa eso? ¿Qué opinión tiene de la gestión hasta acá?
Yamandú [Orsi] sostiene que ha tenido algún tropiezo discursivo. Ese no es el punto, el tema es cómo va consolidando un rumbo que intente enfrentar elementos estructurantes de la desigualdad. Y creo que este año, aunque podemos tener acentos diferentes, algunos elementos que se pusieron arriba de la mesa enfrentan elementos estructurantes de la desigualdad. Que una cuarta parte de los gurises de secundaria y UTU terminen becados para terminar la educación media es muy importante. Además, vamos a cerrar este año con un crecimiento del salario igual que los cinco años pasados, en el primer año. Eso me parece que es una señal importante, y más cuando se trata particularmente de los salarios más sumergidos.
¿Eso es suficiente?
Voy a ser el primero que va a estar en la fila diciendo que son insuficientes y tendríamos que profundizar. Pero también voy a ser el primero en defender cada milímetro que avancemos. A veces se simplifica tanto la política, se pone tanto en blanco y negro, que parece que se tiene que ser aplaudidor o tirar piedras. Nosotros no somos una cosa ni la otra, este gobierno es nuestro, es nuestra conquista, es nuestra construcción, es nuestra historia y sentimos sus limitantes también como nuestras. Tenemos la responsabilidad política y ética de cuando tenemos dificultades, falta de armonía o insuficiencia, ponerlas arriba de la mesa, discutirlas e intentar resolverlas con mucha fraternidad. No pienso que a los que estamos a favor del 1% nos genere dolor la pobreza infantil y a los que piensan que la medida es inconveniente no les importen nada los niños.
¿Cómo ve el funcionamiento del FA? ¿Ve un riesgo de desequilibrio en el peso del Movimiento de Participación Popular (MPP)?
Nadie le obsequió al MPP el peso electoral. Eso conforma una correlación interna que le da una mayoría legítima, lo que no quita que quienes no son mayoría en el FA intenten colocar propuestas, iniciativas y ayuden a avanzar.
Pero ¿no atenta contra la diversidad tan valiosa en el FA?
No, porque no es nuevo. El MPP viene de cuatro o cinco elecciones en esta condición. Antes la tuvo [Danilo] Astori y antes la tuvo [Hugo] Batalla, la tuvo la 1001 en el 89. El MPP tiene una mayor responsabilidad también, porque tenés que tratar de construir intentando incorporar las demás visiones. Y vos también tenés que incorporar tu visión sabiendo que en la interna hay mayorías y minorías. El pueblo uruguayo le dio al MPP un espacio mayoritario en la conducción.
Pero ¿de qué se trata esa conducción?
La conducción de un proceso no es sólo institucional. Conducir un proceso es tener en cuenta la opinión del movimiento cooperativo, de la academia, del movimiento social y sindical, de los colectivos de derechos humanos, de las organizaciones de pequeños y medianos productores, es intentar que la construcción de la política trascienda lo meramente institucional. Lo institucional es muy importante, pero no sólo se construyen los cambios en la institucionalidad, los cambios se construyen en el conjunto de la sociedad. Los procesos de conducción de la izquierda trascienden el debate institucional. La izquierda no es solamente el Parlamento. No es solamente la Mesa Política del FA. Cuando el FA no tenía mucho para dónde rumbear después de la derrota, quien se puso al hombro la campaña de firmas fue el movimiento de base organizado, los comités de base juntaron la mitad de las firmas contra la LUC [ley de urgente consideración]. Aun con la debilidad que tienen las bases frenteamplistas demostraron su enorme potencialidad. Entonces, los equilibrios de la izquierda dependen más que sólo del resultado electoral. Por más que el equilibrio electoral es imposible de soslayar.
En ese regreso al gobierno también se valora el rol de Fernando Pereira, ¿debe seguir como presidente del FA?
No puedo decir eso en una entrevista sin discutirlo internamente, nosotros no discutimos todavía la continuidad. Sí puedo decir que la conducción del Frente tuvo un cambio muy positivo con Fernando, eso es indiscutible. Fue muy importante en llevarnos a la victoria, con “El FA te escucha”, con la calidad en muchos planteos y con cómo atendió un conjunto de divergencias. Es un debate que hay que hacer como síntesis, pero sobre todo como perspectiva. La evaluación de este período es una parte, pero el Congreso del Frente no puede ser [un ámbito] donde solamente se evalúe la conducción. Me gustaría que el Congreso del FA sea capaz de catapultar al Frente que necesitamos para lo que viene. Ese debate es el que queremos incorporar, y en medio de ese debate, la conducción que necesitamos. Invitémonos a un debate más profundo que el de si sigue o no Fernando. Los desafíos que tiene el FA son bastante mayores a la continuidad del presidente.
La estafa al Fondo de Vivienda
¿Cómo vivió lo sucedido con el Fondo Social de Vivienda de Obreros de la Construcción (Fosvoc)? ¿Qué conclusiones saca?
Muchas. La construcción de los fondos es una construcción extraordinaria y en general anónima. Este año llegamos a que 10.000 hijos de trabajadores de la construcción están becados en estudios terciarios por el Focap [Fondo de Capacitación para Trabajadores y Empresarios de la Construcción]. En la última década, se financiaron más de 25.000 arreglos odontológicos para hijos de trabajadores de la construcción. Los recursos son todos de empresarios de la construcción y trabajadores de la construcción. Y en el Fondo de Vivienda [de Obreros de la Construcción] se inauguraron cuatro centros de atención a la infancia en barrios que están en extrema precariedad, en el marco del Proyecto Siempre, y más de 25.000 hogares. Hace una década se empezaron a hacer trabajos en materia de asistencia psicológica. Ahora el Fondo sufrió una estafa, esa estafa la investigó el Fondo y la denunció el Fondo. Hasta ahora, cada uno de los que han sido procesados son denunciados por el Fondo.
¿Y cómo analiza el proceso?
Mi opinión es que los resultados de la Fiscalía son bajos, teniendo en cuenta que por una estafa de estas características se llegue a [condenas por] delitos excarcelables. Después los denunciados denunciaron a los denunciantes, no sólo al sindicato, sino también a la Cámara de la Construcción. Dijeron que “los principales dirigentes del Sunca [Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos] y de las cámaras siempre hicieron esto, siempre desviaron fondos”. La prensa decidió no tomar el testimonio íntegro, sino recortar la parte de las cámaras, que también fueron infamemente denunciadas, y concentrarse en los denunciados sindicales. La investigación demostró hasta ahora que no hay un peso partido por la mitad que haya ido [al sindicato o al PCU].
Más allá de eso, el Fosvoc y algunos dirigentes o exdirigentes quedan golpeados.
La estafa de estos sinvergüenzas no es el Fondo. Hubo una estafa de unos sinvergüenzas a la que se suma una funcionaria administrativa, que utilizó un espacio de confianza política para hacer un absurdo agujero. En el caso de Daniel [Diverio], las firmas que le adjudican fueron falsas. Se hizo una pericia caligráfica, debería alcanzar para decir “qué raro que al que está involucrado se le tenga que falsificar la firma, qué raro que los que están involucrados son los que hacen la denuncia”.
También se habló del financiamiento de la 1001.
Parece bastante absurdo decir que un millón y pico dólares fue para la campaña de la 1001. Una campaña que tuvo cero segundo de televisión, no tuvo agencia de publicidad. De las campañas electorales que tuvieron representación en el Senado, la nuestra seguro que fue la más austera, pero por escándalo. Lo más injusto para mí es que en realidad, de poner en el banquillo de los acusados a los estafadores se pasó a poner en el banquillo de los acusados a los estafados.
El futuro legislativo
¿Cuáles son los impulsos legislativos que llevará adelante este año?
Estamos muy preocupados ahora por intentar que se termine de aprobar el proyecto de vivienda [que busca agilizar el proceso de expropiación de inmuebles con deuda compensable] en Diputados, pero sobre todo en que cambie la política en esa materia. Hay una iniciativa que la colocó el senador [José Luis] Falero en la reunión que tuvimos con el intendente de Soriano [Guillermo Besozzi] de ir a una reunión con el Congreso de Intendentes, la Dinot [Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial] y la OPP [Oficina de Planeamiento y Presupuesto] para ver si logramos armar una institucionalidad que haga efectiva la ley. Porque lo que nosotros detectamos con respecto a las leyes sobre la vacancia urbana es que muchas veces el avance queda como un avance manuscrito.
¿Y a nivel de bancada?
Lo que estamos queriendo hacer este año como bancada de la 1001 es hacer un trabajo capilar. Tenemos previsto cinco giras en las que vamos a llegar a 17 departamentos del interior; son giras de algunos días. La primera va a ser Rivera, Artigas, Cerro Largo y Tacuarembó. La idea es poder discutir desde la localidad más chica para que el trabajo legislativo sea un trabajo que trascienda lo que se puede hacer acá adentro. No se trata de “discursear” sobre la necesidad de la construcción de un bloque político social, sino de cómo aportar desde tu lugar a la construcción de un bloque político social. En eso la capilaridad es insustituible, hay problemas de la localidad que solamente se pueden atender teniendo los pies parados en la localidad. Esperamos aprobar este año un trabajo que ayude a incorporar esta dimensión del trabajo legislativo, no como una dimensión de especialistas ajenos a las demandas, sino como parte de la acción de las demandas.