Al fondo que hay lugar

Gobierno plantea rediscutir fideicomisos al transporte público para incorporar vehículos eléctricos a la flota.

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Cuando están por cumplirse dos semanas del aumento del boleto decretado para el departamento de Montevideo, la comuna capitalina propicia una discusión que incluya a todos los actores involucrados para la incorporación de unidades eléctricas a la flota de vehículos del transporte público. Ayer, autoridades de la intendencia, UTE y de los ministerios de Transporte y Obras Públicas (MTOP) e Industria, Energía y Minería (MIEM) analizaron las posibilidades reales financieras y de infraestructura para que esta iniciativa pueda concretarse al menos en el mediano plazo.

El titular del MTOP, Enrique Pintado, habló de la necesidad de pensar las políticas “en clave metropolitana”, porque en esa zona es donde se concentran las mayores necesidades de movilidad en el país. El ministro también se refirió a algunas metas medioambientales de su cartera, entre las que se encuentra la baja en el consumo de gasoil, por los vertidos al aire que genera. Además, habló de la necesidad de que baje el precio del boleto, “pero no a fuerza de subsidios”, y de que se reduzca el tiempo en los traslados.

Todas estas razones son las que lo llevan a pensar en el transporte público eléctrico como una alternativa viable, por las posibilidades de ahorro energético que brinda la energía eléctrica por sobre la de los combustibles fósiles. Con respecto al fideicomiso que subsidia la compra de gasoil a las empresas de transporte colectivo montevideanas -que financia 66% de la compra de combustible-, Pintado remarcó la necesidad de repensarlo y que por ejemplo premie el ahorro.

En una línea similar, el director del departamento de Movilidad Urbana, Néstor Campal, dijo que este tipo de cambios primero deben producirse en las estructuras estatales y de gobierno para que luego puedan ser extendidos al resto de la población. En ese sentido, Pintado adelantó que para producir el cambio en el modelo energético se necesita una gran inversión en infraestructura, y que será el Estado quien la realice a partir del financiamiento de organismos internacionales, que contaron con representantes entre el auditorio.

Campal dio paso al economista de Movilidad Urbana, Gonzalo Márquez, que realizó un estudio en el que comparó el gasto y el ahorro que se producen a partir del uso de unidades de transporte a gasoil y eléctricas. Por un lado, el estudio se basó en el relevamiento de gastos de un ómnibus a gasoil que recorre 81.000 kilómetros anuales, y por el otro en las pruebas de dos meses que la Intendencia de Montevideo realizó con unidades 100% eléctricas en las conversaciones que los jerarcas mantuvieron con la empresa productora, y en estimaciones para una cantidad similar de kilómetros recorridos. Según explicó, la relación del gasto energético entre un modelo y otro es de 6 a 1 a favor del ómnibus eléctrico (sin excluir el costo asumido por el fideicomiso), lo que implica un ahorro de 13 pesos por kilómetro recorrido. En otras palabras, en un estimado de 14 años de vida útil para el ómnibus, mientras que el gasolero gastaría cerca de 900.000 dólares, el coche eléctrico consumiría 150.000. Otro rubro en el que este último le sacaría ventaja a las actuales unidades del Sistema de Transporte Metropolitano (STM) es en el gasto requerido para su mantenimiento. Según las cifras que recabó Márquez, por concepto de lubricación y recambio de piezas, un ómnibus eléctrico gastaría 3.000 dólares anuales, mientras que uno con motor gasolero gasta en el entorno de los 9.800 en el mismo período de tiempo.

No todo lo que brilla

Sin embargo, los rubros en los que el vehículo eléctrico no resulta tan rentable son la inversión inicial que hay que realizar y la forma de generar las recargas. Sobre el primer punto, corren con la desventaja de una proporción de 3 a 1 sobre los ómnibus gasoleros. Mientras que una unidad de transporte público colectivo eléctrico cuesta cerca de 500.000 dólares, una como las del actual STM requiere una inversión de 150.000 dólares. Sobre este punto, Márquez manejó la posibilidad de que la gran inversión inicial que deberían hacer las empresas pueda ser compensada con una rediscusión de la forma del fideicomiso y con buenas tasas en dólares o arrendamientos financieros. Otro de los factores que puede llegar a encarecer los costos de las unidades eléctricas es la incertidumbre sobre si la batería del vehículo durará el mismo tiempo que la vida útil de éste. El precio de las baterías de los autos eléctricos es muy elevado, y en gran medida es lo que encarece la compra de cualquier vehículo de este tipo.

El otro tema es la necesidad de una infraestructura pública que permita una recarga adecuada de las baterías, de ser necesario. Según explicó Márquez, 58% de los ómnibus de Montevideo recorre menos de 250 kilómetros por día, por lo que su recarga podría esperar hasta que fueran guardados en el garage, pero no pasa lo mismo con el resto de las unidades. Sobre este tema, tanto Campal como Pintado descartaron de entrada la vuelta de los trolebuses, porque entienden que su tecnología, si bien era eléctrica, no es la más adecuada para un funcionamiento dinámico. El ministro señaló que piensa en la idea de generar un corredor de transporte público eléctrico que una a Montevideo con El Pinar en Canelones, aunque admitió que será un tema que terminarán de definir los próximos gobiernos nacional y departamentales.

El presidente de UTE, Gonzalo Casaravilla, adelantó que el ente ya cuenta en su flota de vehículos con algunos coches con motores eléctricos y que en los próximos meses espera la llegada de 30 más. Casaravilla dijo que UTE va a acompañar a las autoridades en esta iniciativa porque la empresa está convencida de que “el futuro es el auto eléctrico” y además colabora con la diversificación de la matriz energética uruguaya.

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