Samir Amin en 2016. Foto: s/d de autor

El despertar del sur

Samir Amin.

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El domingo murió, a los 86 años, el intelectual egipcio Samir Amin. Politólogo y economista marxista, trabajó en París, Egipto, Malí y Senegal, donde pasó las últimas décadas dirigiendo el Foro del Tercer Mundo en Dakar. Amin fue un comunista heterodoxo, preocupado por las luchas desde el sur. Amin puede ser agrupado junto con otros intelectuales preocupados por el estudio de los grandes tra...
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El domingo murió, a los 86 años, el intelectual egipcio Samir Amin. Politólogo y economista marxista, trabajó en París, Egipto, Malí y Senegal, donde pasó las últimas décadas dirigiendo el Foro del Tercer Mundo en Dakar. Amin fue un comunista heterodoxo, preocupado por las luchas desde el sur.

Amin puede ser agrupado junto con otros intelectuales preocupados por el estudio de los grandes trazos y tendencias del capitalismo y su devenir sistema-mundo, como Giovanni Arrighi e Immanuel Wallerstein. La historia y la geopolítica son extremadamente importantes para esta corriente, que puede tener una gran utilidad para el pensamiento estratégico en un mundo confuso. Entender que las actuales inestabilidades económicas y políticas son parte de una larga crisis capitalista que comenzó en los años 70, y que de allí viene el largo ciclo neoliberal que todavía padecemos, pone las cosas en una perspectiva que difícilmente podríamos ganar si seguimos el día a día de las noticias.

La propuesta por estos autores no es, por cierto, la única manera de entender el capitalismo global. En las altas esferas intelectuales que proponen variedades del capitalismo (como Peter Hall y David Soskice) existen partidarios de un imperialismo liberal (Naill Ferguson), o de la tesis de que las causas del desarrollo de los países son las buenas instituciones (como Darren Acemoglu o Peter Evans). Cada una de estas posturas implica conclusiones políticas muy diferentes, por lo que estos debates sobre la naturaleza del capitalismo son imprescindibles para tomar buenas decisiones de estrategia política. Lamentablemente, en Uruguay estas discusiones no se dan, y la intelectualidad y la izquierda toman como obvias posturas que implican –por lo menos implícitamente– la aceptación de las tesis liberales e institucionalistas.

Amin fue representante de una postura radical. Continuando el análisis leninista del imperialismo y el capitalismo monopólico, plantea que hoy existe un imperialismo comandado por una tríada liderada por Estados Unidos, que tiene a Europa y Japón como socios minoritarios, un capital monopólico que tiene un control casi total (y cada vez mayor) de la economía global, y que mediante el control de diferentes sectores puede dominar “por arriba” y “por debajo” a los pequeños productores y al grueso de la población mundial. Un ejemplo de esto es la subordinación, la extracción de renta y la eventual absorción de los pequeños agricultores por parte del gran capital a través de las multinacionales de las semillas, por un lado, y de las multinacionales del comercio y la distribución, por otro. Esto puede parecer hasta obvio (incluso para posturas que lo toman como tan obvio y lo aceptan cínicamente), pero si nos hacemos cargo de lo que implica políticamente, difícilmente podemos pensar que en una situación así sea posible, por ejemplo, una política democrática.

Eso no implica que este dominio haya sido incontestado. Amin concibe la historia del siglo XX como la historia del despertar del sur, que por medio de una serie de revoluciones que se dieron en la semiperiferia (Rusia) y la periferia (China, Vietnam, Cuba), y de la independencia de los países de África y Asia, montó un importante desafío al capitalismo que forzó a un proceso de “globalización negociada” que tuvo como actores protagónicos a la socialdemocracia europea, al “socialismo realmente existente” ruso y a los países del Movimiento de los No Alineados como un tercer bloque. Los límites de estos tres proyectos y su caída (y es importante recordar que cayeron los tres, y no sólo el soviético) permitieron el pase a la ofensiva del imperialismo capitalista, que impuso un nuevo patrón de globalización.1 En esa ofensiva contrarevolucionaria vivimos hoy.

La tesis de la desconexión

Quizás el concepto más conocido de la obra de Amin sea el de “desconexión”, propuesto como parte de una estrategia socialista para superar el dominio imperialista. Este concepto ha sido extremadamente polémico porque va directamente en contra de los supuestos más profundos del actual régimen de “libre mercado”.

“Desconexión” implica que los países, preferentemente de manera coordinada, impongan condiciones a la globalización y sean capaces de separarse selectivamente de los vínculos con el mercado global que los subordinen políticamente. Amin considera que la posibilidad de que los países del sur alcancen a los ricos con políticas de desarrollo es un mito, y es extremadamente escéptico sobre la viabilidad de proyectos nacionales-populares que no rompan con la lógica del capitalismo.

Si bien la tesis de la desconexión puede resultar escandalosa para la tecnocracia desarrollista uruguaya, que tiene a la apertura de la economía como un dogma incuestionable y considera que “cerrarse al mundo” es un un pecado capital, los argumentos políticos planteados por posturas como la de Amin tienen que ser considerados. Si queremos reformas que mejoren el nivel de vida de la población y el control democrático sobre la producción, tarde o temprano chocaremos con los intereses de la clase capitalista. Si queremos ir en una dirección socialista, esto se va a dificultar por la maraña de “estímulos a la inversión”, tratados internacionales que bloquean cambios regulatorios y la amenaza de desinversión de los capitales extranjeros. Dado esto, ¿es posible avanzar en una dirección socialista sin algún grado de desconexión?

Amin considera que esta historia no está terminada y que el capitalismo se encuentra en una crisis profunda, que no implica –necesariamente– que haya que esperar cambios para bien, pero sí que la historia de los próximos años va a estar llena de oportunidades de transformación y de cambios rápidos e inesperados que pueden aprovecharse. En Uruguay este tipo de pensamiento es considerado anticuado, pero teniendo en cuenta la extrema inestabilidad de la región y las evidentes falencias del camino progresista, es posible que vayamos a necesitar un poco de de sesentismo. Amin nos espera en decenas de conferencias subidas a Youtube, así como en numerosísimos artículos de prensa disponibles en internet y en sus libros, que esperan que los rescatemos de las librerías de usados.


  1. Ver dos notas en las que Amin explica su posición sobre estos puntos, disponibles en www.ladiaria.com.uy/USs y www.ladiaria.com.uy/USt 

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