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Camila Caeiro.

Foto: Diego Vila

Camila Caeiro, su primer protagónico en parodistas y un personaje inolvidable: “Este carnaval me lo guardo para siempre”

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Trabajó su personaje durante seis meses, aprendió lengua de señas y brilló en los Momosapiens bicampeones: “Hace mucho tiempo yo quería hacer algo así”.

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Cuando se decidió que fuera la protagonista de “Coda, señales del corazón”, Camila Caeiro sabía que asumía un desafío “como actriz y como persona” que estaba esperando hace tiempo.

En su segundo año en Momosapiens, la artista encarnó a Ruby, la hija parlante de una familia de sordos, en una parodia que sacudió a la categoría y que fue la gran carta ganadora para que el conjunto repita el primer premio.

Profesora de danza y coordinadora pedagógica en la escuela de acción artística Luis Trochón, Caeiro destacó en un personaje que abrazó desde el primer momento, que la hizo llegar a su casa llorando después de algunos ensayos, y que le exigió “un trabajo interno muy profundo”.

Nominada a Figura de parodistas por el jurado del concurso, y por Sudei a Mejor interpretación femenina del carnaval, la artista habló con la diaria, sobre su papel, el proceso y las repercusiones.

¿Qué balance hacés de este carnaval con Momosapiens?

Es un año muy lindo. Nosotros estamos muy contentos con lo que logramos las tres ruedas. Súper conformes porque es un espectáculo que llevó mucho trabajo. Empezamos en agosto, muy temprano. El año anterior habíamos empezado en octubre-noviembre. Desde el arranque se supo que íbamos a hacer la parodia “Coda”. Obviamente había muchas dudas. Era una parodia muy diferente a las que se vienen haciendo. Podía salir muy bien o salir muy mal. Lengua de señas, subtítulos, actores sin habla. Yo como hilo conductor. Desde el primer momento fue una responsabilidad tremenda y un desafío enorme que me dieran ese papel.

Hubo mucho trabajo en equipo, totalmente colectivo. Los Momo son un elenco de personas y de artistas tremendo. Todos aportan su granito de arena en todos los rubros. Ensayo tras ensayo ir buscando lo que queríamos decir, hacer y sentir por dentro para expresarlo hacia afuera. Se empezó por “Coda” porque sabíamos que iba a ser difícil. Es un espectáculo que yo lo veo muy completo, que se entiende por todos lados. Estudio comedia musical y teatro hace muchos años y me encanta cada detalle. Este año me metí profundamente en todo. El porqué de cada canción, cada vestuario, cada enganche, y nada fue al azar. En los tablados tuvo un impacto tremendo.

Me parece que al integrarse Fede Pereyra le dio un giro al conjunto, en el hacer y en el decir. Él tiene un sello ya desde Aristophanes o en cualquiera de las obras de teatro que dirija, para niños o para adultos. Yo aprendí mucho de él. Nos conocemos hace años. Le aporta una sensibilidad y un decir que para el espectáculo es tremendo. Obviamente que hasta que no fuimos hasta el primer festival no sabíamos qué iba a pasar. Teníamos algunas dudas y miedos, pero nunca dejamos de confiar.

¿Cómo recepcionó el público las parodias?

La respuesta de la gente es muy linda. Con “Robin Hood”, que es muy graciosa, con todo ese humor “rubinesco”. Y con “Coda” generó muchos abrazos, muchas lágrimas compartidas. Empezamos a hacer los tablados y nos partía al medio hacerla. Me emociona contarlo. Fue como un trabajo interno muy profundo. La repercusión era tremenda. Agradezco estar en el lugar que estoy, por el desafío como actriz y como persona. Hace mucho tiempo yo quería hacer algo así. Estar horas sin dormir, estudiar un personaje, aprender cosas que en mi vida aprendí. Para superarme y crecer. Bajar de un tablado y que te digan gracias por tu arte, es súper emocionante. Se nos arrimaba gente que se sentía identificada por las situaciones de su familia.

¿Qué te implicó el proceso para hacer de Ruby en “Coda”?

Mirá, Coda es tremenda. Se las recomiendo, es muy linda. Te vas a reír y emocionar. Creo que eso se pudo reflejar en el espectáculo. Yo decía que, lo que a mí me trasmite la película, tenemos que trasmitirlo en la parodia. ¿Cómo hacemos? Por eso fue mucho trabajo. Los técnicos me dijeron que me habían elegido porque tengo una forma de expresarme muy especial, con la cara, con los gestos. Pero había cosas que trabajar, ella no se vestía femenina, era muy vergonzosa. Y yo soy totalmente lo contrario. Los resultados y los comentarios me llegan directamente al corazón. Este carnaval me lo guardo para siempre. El personaje de Ruby me enseño un montón de cosas como artista y como mujer. Hay cosas que tiene que me pasaron a mí también. Yo soy de Paysandú y me vine a los 18 años a ser artista. Allá yo hacía danza, pero quería venir a cantar, a actuar, a vivir de esto. Y siento que lo logré, que hago lo que amo. Así que se entreveraron un montón de emociones y sensaciones con el personaje.

Y en la etapa previa, desde que la empezaron a ensayar, ¿cómo fue?

Un proceso que no fue fácil. Pasé por muchas etapas. Felicidad extrema cuando me dijeron que iba a ser el papel. De frustración, tanto que a veces llegaba a mi casa llorando porque no me salía o por cosas que sucedían alrededor. Me costó mucho y siento que todo el trabajo y todo lo que pasé, valió la pena. No tenía que aprenderme una canción o una escena, sino todas las escenas con lenguaje de señas. Nos enseñaron todo eso Isabel Pastor y su nieta Agustina, que estuvieron siempre con nosotros. Tomando clases de canto particular también. Mucho ensayo y estudio en mi casa. Y en paralelo obviamente, haciendo mi vida, trabajando todo el día. Y soy mamá de una niña de cuatro años. Ella habita todos los lugares que voy, y por suerte disfruta y le gusta todo lo que yo hago también. Eso hace que todo fluya, porque si a Ámbar (su hija) no le gustaba este trajín, yo no podía hacer esto. Se sabe todo el espectáculo, la letra de las canciones, las señas. Muchas veces se comunica conmigo haciéndome señas, y nada… a mí se me estalla el corazón.

La primera vez que hicimos la pasada general de “Coda”, Ámbar estaba justo en ese ensayo. Y después que terminó la parte en la que Fede (su padre en la parodia) me toca la garganta para por lo menos sentir la vibración de cómo cantaba, ella viene corriendo hacia mí cuando salgo de escena, llorando. Yo pensé que le había pasado algo, le preguntaba si se había caído, y ella me dice: mamá, me emocioné. Son cosas que son únicas para mí. Las charlas con compañeros en el pedregullo al terminar cada rueda, mensajes en redes de gente que me escribe por el personaje. Muy emocionante todo.

“Sabía que podía protagonizar una parodia”

Su historia en carnaval empieza con La Compañía, cuando entró por casting hace más de diez años. Luego pasó por Sociedad Anónima, para después llegar a los Aristophanes, el grupo encabezado por Federico Pereyra. Coincidieron en 2016 en Cenicienta, un musical para niños que fue un éxito en el Teatro del Notariado, donde Camila protagonizaba y Pereyra dirigía.

A partir del 2020, entre la pandemia y su embarazo, debió hacer un paréntesis hasta el carnaval anterior, cuando ingresó al conjunto de Horacio Rubino, reencontrándose con una de sus pasiones.

¿Qué otras categorías te gustan del carnaval? ¿Has podido ver algo más?

Yo amo las revistas. Vi a Tabú y La Compañía, me parecieron espectaculares. Las murgas también me gustan. Lo cierto es que trabajo mucho, después tengo los ensayos, los tablados, casi no tengo tiempo de ver. Llego a mi casa, estoy con mi hija, como y me acuesto.

¿Cuántas veces viste la película Coda?

Seis veces la vi entera, y aparte veía fragmentos de escenas de Ruby. Para ver cómo ella reaccionaba con la familia, cómo hacía la lengua de señas, porque no es solo hacerlo con las manos. En la cara va una expresión también.

¿Qué te queda de esta primera experiencia con un papel protagónico en carnaval?

Cuando me dijeron entendí y asumí que era una gran responsabilidad. Pero también entendía que era algo que quería hacer hace mucho tiempo. Sabía que podía protagonizar una parodia, con todo lo que requiere. En teatro he protagonizado muchas veces, pero es muy diferente al carnaval, y al parodismo.

Yo amo el humor. Me encantaría hacer algo con más humor en carnaval. Este año lo tenía, pero llevaba todo el hilo dramático de la parodia. Fue todo una experiencia laburar con compañeros excelentes como Maxi (Azambuya), Fede u Horacio Rubino. Levantar un chiste para que remate otro es algo que te lo da el carnaval. Lo aprendés mirando a otros, nadie te lo enseña. Me encanta ver todo eso desde que salgo y traté de aplicarlo.

También tuve que trabajar en el timing en dos sentidos. Primero en saber medir cuándo hay que cortar un aplauso o una risa. Era responsable también del tiempo de la parodia. Lo fui ajustando en los tablados. El otro timing fue el de hacer el hilo conductor. Me decían que yo era importante por cómo iba llevando cada escena. Si me pongo a hacer chistes o reírme con mis compañeros no entro en el estado que el personaje necesitaba para la parodia. Agarré como un tiempo y una forma de decir, que la repetía igual en todas las ruedas y todos los tablados.

¿Quedaste conforme entonces?

Sí, siento que estoy conforme con lo que hice. Yo soy muy exigente conmigo mismo, y me cuesta mucho reconocer que las cosas las hago bien. Realmente este carnaval siento que salió todo bien y me hizo confiar mucho más en mí. No es por el premio ni por las nominaciones, que son un plus y un broche de oro, yo al bajarnos en la Liguilla sentía que ya lo había logrado. Estaba feliz. Conforme de que logré hacer lo que tanto esperé. Ojalá que esto sea el comienzo de muchas cosas lindas que me pasen en carnaval.

Y en un año donde se dio de que varias mujeres estuvieran dieran el paso al frente en la categoría. ¿Cómo lo viste eso?

No es una moda, se está yendo hacia ese lugar. Nos falta un montón todavía. Pero este año creo fue el año con mayor protagonismo de las mujeres en parodistas. Celina Pereyra, Mariana Sayas, Caro Favier, Martina Bagnato… Antes Lucía Rodríguez. Obviamente que podemos llevar adelante un espectáculo, el tema es que no den el espacio y la confianza. Para los hombres no hay tanta vuelta, en que pueda hacer reír o emocionar. Con las mujeres se duda. Y lo hemos demostrado, que lo podemos hacer.

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