Salió en las cinco categorías del carnaval durante más de 20 años, pero su presencia en el coro de Araca la Cana a partir de mediados de los 90 la transformó en un emblema de la murga. Mónica Santos fue un símbolo de la bruta en los años de auge de la murga y en tiempos en que las mujeres tenían poco y nada de lugar en la categoría.
Actualmente integra el jurado de los premios Romero Gavioli, que destacan las mejores interpretaciones del carnaval, viviendo cada noche en el Teatro de Verano las propuestas de todos los conjuntos.
De las experiencias a lo largo de su trayectoria, lo que significó Araca en su vida, la evolución del género y la presencia femenina en el carnaval de hoy, Santos dialogó con la diaria.
¿Cómo llegó la oportunidad de ser jurado del concurso Romero Gavioli?
Mi vínculo con Sudei viene desde 1995, cuando me hice socia. Años después integré varias comisiones, la de cultura, la de carnaval, la electoral en tres oportunidades. En 2017 me invitan a ser jurado del carnaval de San Carlos, luego del de Paysandú, con Fiorella (Mazzino) y con Artigas (Pérez), mis compañeros actuales. Y después empezamos con los premios Romero Gavioli; estamos fijos en Montevideo desde 2021.
Le llamamos jurado, pero lo que hacemos es premiar las mejores interpretaciones. Y damos muchos premios, y si fuera por nosotros daríamos más menciones todavía. Creemos que todos los intérpretes que pasan por el Teatro de Verano merecen un mimo de parte de la institución.
¿Cuándo fue tu último año concursando y por qué decidiste alejarte?
Mi último carnaval sobre el escenario fue en 2014, con la murga La Timbera de Mercedes. Recuerdo que fue uno de los carnavales más lluviosos. Para mí el proceso de ensayos fue muy bueno, yendo al interior los fines de semana, compartiendo con la gente de allá. Fue un muy buen año en lo personal; quizás para la murga no, porque no se trabajó lo esperado, y los compañeros se habían venido a instalar en enero a Montevideo.
Y decidí dejar porque le quise dar más tiempo a mi familia y mis amigos. Toda la gente que ha salido y sale en carnaval sabe que más de medio año te lo ocupa el espectáculo que estás preparando, y más si tenés que dar prueba de admisión. Entonces yo una vez dije que cuando los ensayos me empezaran a pesar, iba a dar un paso al costado. No me fui del carnaval porque sigo estando en el Teatro de Verano con Sudei, donde veo los espectáculos todas las noches, los disfruto todos y los aplaudo a todos. Les tomé el gustito al verano, a la playa y a compartir más con la familia. No siento que esté fuera del carnaval, sigo dentro, pero desde otro lugar.
¿Cómo fue tu trayectoria desde el inicio?
Empecé en 1987 con humoristas Las Ranas. Se dio porque con unos amigos carnavaleros, Sergio Pérez y Daniel Pintos –hoy en día en La Sara del Cordón y Curtidores, respectivamente–, formamos un grupo en el liceo. Salimos a militar desde nuestro lugar, y ese primer año Gilda Gutiérrez y Mario Troche me invitan a integrar el conjunto. Hice tres años con Las Ranas y luego recibo la invitación de Jaime Muñoz, de parodistas Los Sandros. Salgo unos años con ellos, hasta que en 1991 me llama William Prieto y paso a la revista Uruguay Show, donde conozco a Ángel Farías.
Al año siguiente voy a Marabunta. José de Lima me invitó y me pareció súper interesante conocer el mundo del candombe. Después salgo también en Yambo Kenia. Fui fundadora en el 93, que fue su primer año tras dejar de salir como Sueño del Buceo. Al otro año voy al grupo vocal Perfil, que trabajaba todo el año, y ese carnaval salimos fuera de concurso (como mascarada musical). Y en noviembre de 1994 me llama Catusa Silva. Estuve desde el 95 –salvo 2003, que salgo en Colombina Che, para cambiar un poco el aire y el estilo– hasta 2009. Después armamos La Selección con un grupo de amigos, en 2011. No nos fue bien en el concurso, pero nos fue muy bien con los vínculos. Y ahí estuve sin salir hasta 2014, cuando Jorge Velando va a dirigir La Timbera y me lleva.
¿Cómo explicarías qué era Araca en aquella época y qué te dejó?
La época fuerte de Araca la Cana tuve la suerte de verla en los 80 y de ser parte en los 90. Era una de las murgas que me enseñaron la historia de nuestro país, junto con Falta y Resto y otras. La verdadera historia del país, no la que nos contaban en los centros educativos.
Se cantaba con potencia, pero también una diversidad rítmica, a diferencia de las de la Unión. Y textualmente las murgas de La Teja estaban siempre en la vereda de enfrente de los gobiernos de turno. Araca era una murga que se paraba enojada cuando tenía que criticar y reclamar. En ese momento decíamos, y lo es hasta el día de hoy, que la murga es la voz del pueblo.
Casi no había mujeres en la murga en aquel tiempo, ¿cómo se vivió esa etapa?
En aquellos años en que yo entré en Araca estaría muy mal si dijera que encontré algún tipo de discriminación. Mi entrada a la murga fue pensada por el director responsable, consultada con su familia y con varios componentes de aquella época. Y con el director y arreglador, que fue el maestro Julio Julián. Por una cuestión de tímbrica y de aportes, no porque iba a entrar una mujer. Nunca sentí que estuviera desubicada ni que me hicieran sentir mal.
¿Y cómo ves la presencia femenina hoy en carnaval?
Hoy la presencia femenina en la murga es fundamental. Fundamental por el estilo, por la creatividad, por lo que ponen sobre el escenario. Hay muchas mujeres para nombrar, muy talentosas: Maira, Camila, Lucía, las gurisas que integran Falta y Resto, que son una cosa maravillosa. Conversando con mis compañeros de jurado de Sudei, era una de nombrar mujeres de manera impresionante, pero no teníamos más lugar para meter. Pero en las nominaciones se van a dar cuenta.
Antiguamente las mujeres podían integrar lo que era la revista o los lubolos, por su elegancia y sensualidad, y aportaban al espectáculo desde ese lugar únicamente. Hoy la mujer es cupletera, es escritora, hay artistas que le aportan muchísimo al carnaval. Por suerte ya no se da tanto eso de decir “ah, mirá, hay dos o tres mujeres en la murga”, como si fuéramos una especie diferente. ¡Somos murguistas también! Antes el hombre hacía de mujer, entonces todo aquello era como ridiculizar nuestra figura. Hoy la mujer hace de mujer y tiene todo el derecho del mundo de hacer de hombre, como lo hace Lucía (Rodríguez) en los Patos, y está buenísimo.
¿Qué evolución identificás en el género murga respecto de la época en que empezaste a salir?
Algunas cabezas han evolucionado. Lógicamente, evolucionar es aportarles a los espectáculos, no solamente figuras del género, sino gente que ha venido del teatro a brindarle al carnaval su impronta y sus conocimientos. Antes se cantaba parado y el texto era lo más importante. Bueno, hoy en día sigue siendo la columna vertebral del espectáculo, pero antes se tiraba frente al micrófono la letra y chau. Hoy, en ese sentido, ha evolucionado.
Creo también que hay cabezas evolucionadas en cuanto a la integración de figuras femeninas, pero también creo que muchos conjuntos en los últimos años han cumplido simplemente con una cuota para con el género. No voy a decir que está todo genial. Hay gente a la que le creo y hay gente a la que no le creo. Hay algunos que son súper integradores, con la cabeza muy abierta y muy bien puesta; pero también hay quienes dicen “vamos a poner una mujer” y cumplimos. Lo pensé siempre y lo sigo pensando.
¿Cómo definirías a Catusa Silva?
Fue el gran director responsable de Araca la Cana. Y el responsable de esos textos maravillosos. Las puntas de los espectáculos, sobre todo las despedidas, han sido hermosas. ¿Y qué pasa con Araca hoy? Evidentemente que falta Catusa, y a mí me da pena no ver a mi murga en la calle, más allá del concurso. Si la murga está bien y dice lo que dijo siempre, apuntando a la crítica, y con un par de risas en el espectáculo como es hoy, podría estar.
Me gusta mucho la política en la murga, porque todos somos parte de esta sociedad y todos tenemos derecho a opinar, y decir frente a un micrófono lo que creamos necesario comentar sobre lo que pasó en el año. Me pasa que me gustaría ver a mi murga como antes, en todos los barrios. Pero bueno, falta Catusa, esa cabeza que organizaba, que llamaba a la gente. No he estado cerca de Araca la Cana. Sí tengo contactos con su familia, con Paty, con Lilián, pero yo no me meto. No me meto porque la murga tiene su dirección responsable y sus colaboradores, pero sí me da pena no ver a Araca diciendo y criticando como cuando estaba el viejo.