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Florencia Núñez.

Foto: Juan Diego Duarte, difusión

Florencia Núñez este domingo en la Sala Zitarrosa

11 minutos de lectura
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La cantautora, que ganó cinco Graffiti por su álbum Fe, repasa sus comienzos con la guitarra y la composición, y del cierre la gira del multipremiado disco.

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En la última edición de los Graffiti, los premios que coronan a lo mejor de la música uruguaya, una de las grandes ganadoras fue la cantautora rochense Florencia Núñez, que levantó cinco galardones gracias a su cuarto y último disco, Fe (2024). El material, que cuenta con diez canciones, le valió las estatuillas por Mejor álbum pop, Compositora del año, Solista femenina del año; y la canción “Las vueltas”, en la que comparte voz con Jorge Drexler, ganó Tema del año y Mejor single pop.

El domingo 30 de noviembre, en la Sala Zitarrosa, Núñez se presentará con su banda para cerrar la gira del nuevo disco, porque para el año que viene ya tiene otro proyecto en mente, pero aclara que no necesariamente será otro álbum, sino una gira que quizás traiga “alguna cosita”, ya que en 2026 cumplirá 15 años de carrera y lo quiere celebrar. Tres lustros es bastante, y más teniendo en cuenta que la cantautora recién está por cumplir 35, arrancó en la música bastante joven. Aunque dice que hoy quizás pueda seguir siendo joven para Uruguay, pero ya es “muy adulta para la industria”, sobre todo si se mira “en general el panorama latino”, en el que hay “gente muy joven, salvo casos excepcionales”.

Pero, claro está, también depende del tipo de canciones que se quieran crear. “Mi música tiende a conectar más con las personas de mi edad para adelante, no es tanto para los más jóvenes. No porque no haya jóvenes que no la escuchen -van a los shows y todo-, pero siento que en general a la gente más grande le llegan más las cosas, porque quizás tiene otro temple para escuchar una música en la que la letra tiene mucha importancia. No es una música de tendencia, es algo muy clásico, que en este momento parece que va contracorriente, pero por clásico se logra sostener”, comenta Núñez en entrevista con la diaria, en la mesita sobre la vereda de un café que descansa en donde Punta Carreras se acerca a Parque Rodó.

¿Qué te dejó la carretilla de premios Graffiti que ganaste?

Nuevas estatuillas para ver dónde las ubico en mi hogar, por ejemplo... Fuera de broma, aunque es verdad que la acumulacion ya es un poco alevosa y que son objetos pesados, se agradece porque es un nuevo aval -no sé si es esa la palabra-. De alguna forma, se sigue legitimando mi laburo entre tanto laburo de colegas. Porque siempre hay que pensar en relación al contexto, que es mucha música. ¿Cuántos discos se estrenan? Es una locura todo lo que hay, y que en ese sistema se siga contemplando mi laburo, no solamente para tenerlo entre los ternados sino para premiarlo, es misterioso pero a la vez se agradece.

Algunas de las categorías en las que ganaste son "pop", pero para mí la palabra “pop” no le hace justicia al disco, sobre todo porque hoy significa tantas cosas que a su vez no representa nada. ¿Cómo te llevás con el pop?

Me llevo bárbaro porque para mí “pop” no significa liviano, ni vacío de contenido ni solamente brillitos; viene de popular, ojalá sea un disco muy popular de aquí en adelante. También es cierto que, por ejemplo, tuve más de una canción ternada en diferentes categorías: una en Mejor single de música popular [“Bolero principiante”] y otra en Mejor single pop [“Las vueltas]; pareciera que hay una pata en cada lado. Es un disco que tiene mucho de música popular, a la vez, con una impronta más popera, pero no se olvida de la raíz.

Es un disco orgánico y, parece de Perogrullo, pero hay músicos tocando y todos juntos, con una línea estética que lo atraviesa, como un álbum.

Sí, debería ser de lo que habláramos en realidad, pero, increíblemente, se ha tornado como el elefante en el cuarto. Yo siento que la música debería ser el centro de todo pero a veces para que trascienda hay que generarle un relato alrededor. Pensemos en cualquiera de la música que haya trascendido últimamente: Papota [2025], de Ca7riel y Paco [Amoroso], en un extremo, o Bad Bunny, con el disco Debí tirar más fotos [2025]. ¿Qué hay detrás de todos? Un relato, entonces, ese relato muchas veces se vuelve más importante que la música en sí. Mi visión siempre ha sido que el relato tiene que estar, porque tienes que venderlo, pero a la vez que se desprenda de la música, y no al revés: construir un relato para después ver qué música le ponés. Si te fijas en la banda que me acompaña, es prácticamente la misma desde hace 15 años. Lo bueno de eso es que no solamente el proyecto ha crecido sino que todos hemos crecido individualmente y en conjunto.

Hablando de música: cada canción del disco tiene un ritmo distinto. ¿Fue parte de la idea?

Tiene que ver con cómo soy yo, con que mi discoteca es una ensalada tropical de frutas. Suena choto decirlo, pero realmente escucho de todo. En este momento en casa tengo un vinilo de Mina, y tengo vinilos de Roberto Carlos, y escucho el último disco Maggie Cullen, que me lo pasó el otro día, y folclore, Raly [Barrionuevo], y también los Arctic Monkeys, y me encanta Juan Luis Guerra. Entonces, es realmente variado, no es una pose sino lo que sale de mis vísceras.

¿Qué te da la escucha en vinilo?

Dejar el celular en otra habitación, poner un disco y solamente escuchar eso. Estar en el presente, porque el celular es un arma de doble filo: si lo conectaste a los parlantes, te llega un mensaje, hace "trum" y baja la música; eso me molesta muchísimo. Entonces, es ese valor de poner en algún tipo de soporte físico solamente la música. No sé si es mejor pero es distinto.

Es más tranquilo.

Sí, hay mucho ruido, real y mental. Es una locura.

¿Cómo te llevás con la fe, en todos los sentidos que tiene esa palabra? Porque también está el religioso.

En el ámbito religioso no tengo mucha formación, no viene por ese lado, pero quien lo quiera tomar por ahí, bienvenido sea, porque cada uno le da a la canción y a la palabra el significado que quiera. En mi caso, tiene que ver con la convicción que he tenido toda la vida de que este era mi camino. He creído siempre en esto, lo he trabajado y he tratado de que otros también crean. La fe tiene una cosa que uno no le puede explicar a otro por qué la tiene. No lo podés entender pero lo podés sentir, a mí me pasaba exactamente eso.

¿Es algo parecido a la confianza?

Sí, es como estar convencido de que hay algo e invitar a la gente a que te acompañe a caminar contigo a esa búsqueda, para disfrutar y descubrir ese algo, que uno quizás no sabe ni a cuánto está. Es como cuando de noche un amigo te dice "vamos a este lugar que está buenísimo, a tres o cuatro cuadras", y al empezar a caminar son 40 cuadras. Es una sensación parecida, de invitar a la gente a recorrer, sin certezas.

O sea que siempre pensaste que lo tuyo era la música. Si bien han cambiado algunas cosas, para mucha gente todavía es “la guitarrita", como si no fuera algo serio. ¿Lo viviste?

Obvio, pero siempre sentí que las canciones me hablaban. Yo escuchaba canciones en la radio y sentía que me decían algo, un mensaje encriptado; suena medio místico. No que eran dedicadas a mí sino como que tenía que entender algo de eso y, cuando empecé a tocar la guitarra, entendí que yo podía hacer eso mismo. Con tres o cuatro acordes empecé a hacer canciones con una estructura, redondas, como si hubiera hecho eso toda mi vida. A partir de entonces salió esa musculatura de componer, componer y componer. Sentí que ese era mi llamado, mi vocación, pero después, cómo llevarlo adelante, es medio misterioso y azaroso.

¿Cuando aprendiste los primeros acordes ya empezaste a componer?

Sí, a los dos meses de ir a clase ya estaba haciendo canciones. Era raro, porque se las mostraba a mis compañeros de liceo y quedaban muy asombrados. ¿Cómo era posible que alguien que recién sabía rasguear la guitarra con tres acordes hiciera una canción y que tuviera sentido? Con todo lo que debe tener una canción: letra, melodía, etcétera. Ahora ni la recuerdo, pero me acuerdo de que la grabaron en un casete, en un equipito de música, todos juntos, en silencio. Fue como un ritual de que ellos entendieron rápidamente que eso era algo medio mágico y que estaba bueno capturarlo. No se rieron, no dijeron "ah, qué boludez", que podía haber pasado. En seguida hubo un respeto, como "che, esto no está mal".

Y sos zurda, que para tocar la guitarra suele ser una dificultad extra.

Sí, la cantidad de adversidades que he tenido que trascender para hacer esto… Fue realmente con mucha insistencia y mucho coraje. Porque toda la vida tomé la guitarra como zurda pero en la casa de mi familia había una guitarra diestra, de cuando mi padre hacía conservatorio, una época muy lejana. Yo la tomaba como zurda pero la bordona estaba abajo y la prima arriba, entonces, sonaba muy mal. Me acuerdo de que con Enrique Cabrera, que fue mi primer profesor de guitarra, empecé en agosto, ni siquiera en marzo, cuando cansé a mis padres de tanto pedirles por favor que me llevaran a clase de guitarra, y accedieron, muy a su pesar. Cuando llegué, él me dijo "si ya agarrás la guitarra así, mejor démosle vuelta las cuerdas a cualquier guitarra de estas que andan acá, y quedátela, para no tener que aprender todo de nuevo, la ductilidad de las manos, pero va a complicarte porque vas a tener que llevar tu guitarra a los lugares".

Pero eso está bueno, porque si vas a un asado sin tu guitarra y hay una para diestro, y te piden tocar una, no podés.

Es la mejor excusa que he conseguido y también la peor adversidad cuando realmente he querido compartir una canción con alguien. En general, odio bastante andar con mi guitarra yendo a lugares, porque se pierde la espontaneidad, es rarísimo. Pero desarrollé, con mucha picardía o falta de vergüenza, una pequeña técnica para poder tocar algunas de mis canciones con la guitarra encordada como diestra, entonces, puedo tocar tres o cuatro temas y zafo de ese mal momento. La gente dice "uy, ¿cómo podés tocar la guitarra al revés?”, charlan de eso y yo rápidamente cambió de tema.

La canción “Las vueltas”, en la que cantás con Drexler, fue una de las premiadas. La melodía le calza perfecto a él. ¿La compusiste pensando en que la pudiera cantar Drexler?

No. Venía obsesionada con _Mediterráneo _ [el disco de Joan Manuel Serrat, de 1971], había vuelto de Europa, en donde había estado como un mes y pico, con mi familia, y me acuerdo que enseguida que llegué hice esa canción. La idea era qué pasaría si en realidad la historia de Serrat en la canción "Lucía" no fue porque no era su tiempo, e hice esa relectura. Le di como una especie de revancha, la compuse así tal cual, con el silbido. Al tiempo, cuando en el verano lo veo a Jorge en el encuentro de La Serena, que canté con él, le dije que tenía unas canciones del disco nuevo que me encantaría mostrarle. El disco ya estaba grabado, se estaba mezclando, y "Las vueltas" le encantó. Entonces, le dije "bueno, si tanto te gusta, estás más que invitado". Surgió así, de forma muy orgánica, no es que la escribí pensando en su voz, pero justo se dio.

O sea que "Las vueltas" se desprende de otra canción, pero la de Serrat es bastante bajón y la tuya es más luminosa, es como la otra cara.

Sí, se desprende de "Lucía" y de una canción de mi segundo disco [Palabra clásica, de 2017], "Todo indica que caí”, que también habla sobre un amor que no es, pero a la vez te queda en la canción. Dije: “¿Qué tengo en común con Serrat?”. Seguramente, poco, y que no se nos den las cosas, que es lo más humano que te puede pasar, que te digan que no o que algo no prospere, entonces, dije: "Voy a juntar esas historias".

Este álbum tiene arreglos de vientos y cuerdas que le dan otro color a las canciones.

Desde el segundo disco venía incluyendo arreglos de cuerdas y de vientos, y con Guillermo Berta, que produjimos el 80% del disco, nos conocemos tanto que rápidamente podemos trazar un mapa mental de qué nos imaginamos para cada tema y que después sea lo que nos imaginamos. En el caso de "Lo canté” y "Buena suerte", ya las veníamos tocando y tenían una pata de vientos, como más festiva. Y las secciones de cuerdas me gustan mucho: voy a ver orquestas y filarmónicas porque lo disfruto, y también lo siento como una cosa muy clásica del pop y de la balada. Por ejemplo, amo a Juan Gabriel, y hay un concierto de él en el Palacio de Bellas Artes con una orquesta que me pone la piel de gallina, y canta Isabel Pantoja, por favor, qué emoción. La orquesta tiene esa cosa muy grandiosa, hace que las canciones crezcan muchísimo. Cuando hay buenos arreglos y arregladores en general pasa eso. En este disco contamos con Luciano Supervielle, que es un zarpado, y además es un tipo carismático, buena persona, talentoso y es muy fácil trabajar con él. Él convocó a su cuarteto, con el que toca habitualmente, que después tocó con nosotros en él Solís, fue súper sencillo.

La canción que cierra el disco, "La gloria", me llamó la atención porque te leí contar que el disparador fue una final de Champions League. En este país las metáforas futboleras están a la orden del día, pero si no contás que la canción nació de un partido de fútbol, esa relación pasa desapercibida.

Sí, si no la cuento, ni te enteras. Entonces yo vivía con mi hermano, y de fondo tenía un partido de final de Champions, no me acuerdo ni quiénes jugaban. Llegó el momento de la premiación y vi que tallaban el nombre del equipo ganador en la copa, y también vi que cuando le entregaban las medallas al equipo que perdió, los jugadores se la quitaban, como si el segundo lugar no fuera lo suficientemente meritorio. Entonces, me hizo pensar en la dualidad del triunfo y la derrota. Quien gana sabe que eso es circunstancial, que lleva mil derrotas detrás. Es tan relativo todo eso y no existe ganar siempre. De hecho, se puede ganar y para afuera estar en un momento de gloria, y por dentro en un momento antiglorioso y totalmente olvidable.

¿Sentiste que tuviste que perder muchas veces antes de ganar?

Uf, por favor... Si bien quizás desde afuera se ven todos los triunfos, brillantes, yo sé perfectamente cuáles son las derrotas, pero no son publicables. Tiras diez tiros y embocas medio, pero no porque esos nueve y medio no entren vas a dejar de insistir; mi intención siempre ha sido no frustrarme. Si en mi camino se puede ver algo que pueda dejarle a otros, es que no dejen de intentarlo, trabajar mucho y muy duro, porque esto no es changa. Hay que saber esperar, trabajar, insistir y ponerle mucha cabeza.

Además, imagino que cuando estás con tu guitarra, componiendo canciones, no andás pensando "termino esto y voy a ganar cinco Graffiti".

Por supuesto que no, no tiene nada que ver con el proceso creativo y con lo que me pasa cuando hago una canción. Para mí el premio más lindo es hacer una canción y sentir que me cambió algo, me hizo bien, y después pasa que le hace bien a otros, entonces, el premio crece, porque conecta a las personas. Los artistas de verdad no piensan en eso, es totalmente anecdótico.

Hemos tenido muchas distracciones sonoras en esta entrevista, con el ruido de camiones, motos, autos y afines. ¿Extrañás la tranquilidad de Rocha?

No, en realidad, lo que está un poco molesto de Montevideo es el tema de tantas construcciones, que pasa en todos los barrios: hay edificios por doquier y grúas trancando el tránsito. Y ahora llega fin de año y a la gente le viene una especie de ansiedad por llegar en hora. Yo trato de tomármelo con un poco más de paciencia, porque no es el fin del mundo; es fin de año, nada más.

Florencia Núñez en la Sala Zitarrosa. Domingo 30 de noviembre a las 20..00 en la Sala Zitarrosa. 2 x 1 para la diaria

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