Cultura Ingresá
Cultura

Christian Font.

Foto: Alessandro Maradei

Christian Font: “La cobertura de carnaval se volvió concursocéntrica, pero lo más rico está en los barrios y tablados”

8 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

El periodista y comunicador habla de su incorporación a Subrayado, con una columna de espectáculos, y del motivo por el que se enfoca en mostrar un carnaval por fuera del concurso oficial.

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Censa, Halven y Ronlay son algunos de los logos de extintas distribuidoras de video que Christian Font se hizo estampar en la remera que lleva puesta, y que delatan lo que el periodista, comunicador, murguista y afines cataloga como “cinefilia de videoclub”, ya que vivió su niñez en los 80 –nació en 1978–, cuando había uno de esos locales para alquilar películas en cada barrio. Por eso sigue siendo hincha “de tener videoteca, colección de películas, que no pase todo por las plataformas y los algoritmos”. “Me gusta tener películas en formato físico, algo que hasta ahora no me ha llevado al divorcio, pero es un aspecto a cuidar”, bromea.

Hace pocas semanas, Font se incorporó a Subrayado, el informativo de Canal 10, con un espacio dedicado a espectáculos, en el sentido más clásico, de cine, música y etcétera. En ese etcétera hay un gran espacio para el carnaval, un mundo que no tiene estampado en una remera pero forma parte de su ADN. Alejado de los tablados, Font confiesa que, a veces, cuando escucha alguna retirada o un “cuplé ingenioso”, en su rol de periodista, le pica el bichito carnavalero, pero agrega: “El carnaval demanda un grado de energía, tiempo y atención que hoy no le podría dar”.

Mirar una película también requiere un interesante nivel de atención, pero resulta cada vez más difícil con la propagación radiactiva de los videítos de la red social de turno. ¿Se puede ser optimista sobre el futuro –y el presente– de la forma de consumir cine? Es uno de los pequeños grandes temas de los que Font conversó con la diaria.

¿Te tomó por sorpresa la propuesta para incorporarte a Subrayado o la veías venir?

Ni lo uno ni lo otro. Hace algunos años, desde Subrayado habían manifestado su interés en que me incorporara. Estuvimos muy cerca, pero, por distintas razones, no llegamos a concretar. Yo recién terminaba mi vinculación con Canal 4, a principios de 2022, coexistieron dos propuestas y terminé optando por la de Teledoce, porque significaba volver a conducir un programa de entretenimientos en horario central, y me gustaba mucho el formato, que era 100 uruguayos dicen. Ahora la propuesta llegó en un momento ideal, pero me sorprendió, de todas maneras, porque fue a fin de año, no era algo que estuviese en el horizonte.

¿Qué desafío implica armar una columna televisiva de espectáculos o de cultura en este mundo en el que la información está en todos lados a mansalva?

Más allá del nombre con el que se dé a conocer una sección, creo mucho en la noción de entretenimiento. Es cierto que hoy hay una sobreoferta, pero ahí es donde este tipo de espacios ayudan a hacer una especie de curaduría o jerarquización de determinados contenidos, dentro de un escenario en el que tampoco disponés de mucho tiempo. ¿Por qué voy al entrenamiento como paraguas más amplio desde donde encaro la tarea? Porque es el arte y el oficio de concentrar el tiempo y la atención del público, y hoy son capitales –sobre todo la atención– porque están muy tensionados. Tenemos el foco de atención sumamente disperso y con muy poca tolerancia para poder procesar determinados contenidos si no son ultrarrápidos y fragmentados. Dentro de eso, hay que hacer un equilibrio: generar piezas audiovisuales atractivas, que sean entretenidas y que al mismo tiempo dejen algo para seguir conversando. En el entretenimiento entran todo tipo de manifestaciones culturales: cine, música, carnaval, etcétera.

La primera entrevista que hiciste para Subrayado fue a la actriz inglesa Kate Winslet. Tenés un repertorio de entrevistados del mundo del cine bastante importante; ¿hay alguno que recuerdes más que otro por cinéfilo?

En estas instancias de entrevistas virtuales, que es un músculo generado sobre todo en la pandemia, la de Winslet definitivamente picó alto, por el nivel de la entrevistada y porque la charla fluyó de una manera muy natural. En cuanto a las presenciales, obviamente, el mano a mano con Quentin Tarantino cada tanto lo evoco. Estaba en el hotel Ritz de Nueva York esperando para hacer la nota e hice una pequeña trampita: fui temprano, aunque me habían citado a las 14.00, porque así agarrás a los entrevistados mejor dispuestos que cuando se pasaron todo el día dando notas. Entonces, hice la del 30 y llegué a las 9.00; me miraron con cara extrañada y me dijeron: “Bueno, ya que estás acá, apenas se libere te aviso”. No llevaba ni cinco minutos sentado y me llamaron. A las 9.10 estaba con Tarantino, que andaba de muy buen humor y disposición. Fue para Canal 5, por el lanzamiento de la película Django sin cadenas, en 2012.

Trabajaste en los cuatro principales canales de aire del país: 4, 5, 10 y 12. ¿Hay alguna diferencia al armar un programa en la televisión pública con relación a los demás canales?

Lo que pasa es que la televisión pública va cambiando de acuerdo a la gestión; ese es uno de los grandes temas que tiene, no poder lograr una política a largo plazo, que trascienda las gestiones. Entonces, viene un director o una directora –en ese caso era Virginia Martínez–, una dirección del noticiero, y van cambiando, aunque se mantiene un plantel de técnicos que hace muchos años que están en el canal. En el momento en el que yo trabajé había muy buena disposición para hacer cosas, pero también un montón de trancas: cada vez que alguien planteaba algo nuevo, se encontraba con palos en la rueda. Hay que buscar la manera de diseñar algo que trascienda los períodos de gobierno como política para la televisión pública. En cuanto a los canales privados, en general el engranaje es bastante similar.

En octubre de 2025 falleció Jackie Rodríguez Stratta, quien durante muchos años tuvo un espacio de cine en Subrayado. Si bien vos no lo sustituís estrictamente en su rol, era la referencia para hablar del séptimo arte en el informativo. ¿Cómo tomás estar ahí?

Nunca tomé este rol como una sustitución de Jackie porque él tenía su lugar y su impronta, y porque estoy cubriendo cosas por fuera del cine. Jackie era un hombre de cine, con el que yo tenía una relación muy cordial, a pesar de que teníamos estilos y formas de trabajar muy distintas, pero teníamos el entusiasmo cinéfilo que nos unía mucho. Participé en sus talleres y durante la pandemia hablábamos por teléfono prácticamente todos los días para, entre todos los que hacíamos columnas de televisión vinculadas a lo cultural, pasarnos materiales, datos y cosas como para poder estar al día y mantener la sección adelante. Siempre que participé en una transmisión de los Oscar, capaz que el primer mensaje del día deseando suerte era de Jackie. Obviamente, fue una noticia muy triste su fallecimiento, pero creo que el lugar de la difusión de cine está bien cuidado. Cada tanto, en algunas de las noticias, con los compañeros que hacen la conducción lo recordamos. Yo estoy muy abocado a la cobertura de carnaval, y ahí hay una mirada mía, que por suerte la dirección del informativo acompaña, de mostrar un carnaval por fuera del concurso oficial.

Foto: Alessandro Maradei

¿Por qué?

Yo estuve de los dos lados: salí en carnaval más de 20 años y, al mismo tiempo, hace 20 años que trabajo en televisión. La cobertura de carnaval se volvió un poco concursocéntrica, como que casi todo lo que gana notoriedad gira alrededor del concurso, las presentaciones en el Teatro de Verano y los premios. Pero creo que lo más rico del carnaval es todo lo que está a nivel de la calle: los barrios, los tablados, el desfile, los locales de ensayo, los clubes y la bañadera. Es decir, lo que se parece más a una película de [Federico] Fellini que a un musical de Broadway; eso es lo que más me interesa del carnaval. Por eso vamos a apuntar a ese tipo de cobertura, y ya lo estamos haciendo. Lo denominé “de barrio en barrio” porque el móvil es una especie de bañadera que va de tablado en tablado o de ensayo en ensayo.

Volviendo al cine: ¿qué te parecieron las nominaciones a los Oscar? Pecadores, de Ryan Coogler, batió el récord histórico, con 16 nominaciones.

Hay algunas sorpresas. Será una especie de reconocimiento, mezclado entre taquilla y méritos cinematográficos... Me parece que F1 es una buena película, un entretenimiento sólido, pero me sorprende que esté entre las diez nominadas. Entre las nominadas me hubiera gustado ver a Fue sólo un accidente, de [Jafar] Panahi, que me parece una película tremenda. También hay sorpresas por la positiva: la actuación de Kate Hudson en Song Sung Blue es maravillosa, y me encanta que esté nominada, aunque no creo que vaya a ganar. En líneas generales, como el Oscar es la coronación de la temporada de premios, hay algunas sorpresas pero está todo dentro de lo previsto, es como una foto del estado de ánimo general de la industria. Los Oscar son un premio muy democrático, con un cuerpo de 9.000 votantes, divididos en un montón de ramas. Lo de Pecadores es un récord, pero aun así creo que el estado de ánimo de la industria va a terminar premiando a Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson.

¿Te parece mejor película que Pecadores?

Las dos están en muy buen nivel. De las diez nominadas, la mejor me parece El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho, y creo que es la que tiene más chances de ganar como Mejor película internacional. Sería un hito si ganase ambos, como pasó con Parasite [en 2019].

¿Hay alguna película de las que se van a estrenar en 2026 que estés esperando en particular?

Sí, voy a nombrar dos, pero seguramente hay más: La Odisea, de Christopher Nolan, nuevamente, por la apuesta al gran espectáculo, a lo épico, y la gran producción; y Disclosure Day, de Steven Spielberg, que es uno de los últimos maestros en pie y hay que ir a verlo como quien va a la iglesia. A Spielberg hay que ir a rezarle. Pero si hablás con mis hijos te van a decir Avengers: Doomsday, la nueva del Hombre Araña y Toy Story 5.

Hace pocos días, el actor estadounidense Matt Damon dijo en el podcast de Joe Rogan que cuando se produce para Netflix la empresa pide que se repita tres o cuatro veces la trama en los diálogos porque la gente se distrae con el teléfono mientras mira una película. A esto hay que sumarle que se empezaron a producir “series” en formato de pantalla vertical, como para redes, con episodios de un minuto. ¿Sos optimista sobre el futuro de todo eso?

Soy optimista en pensar que el cine con intención de contar una historia y la experiencia colectiva van a prevalecer. Me preocupa, como integrante de una sociedad y como padre, el tema de la atención fragmentada y esta narrativa ultraveloz que no te deja procesar nada. Hay un director, que justo ahora estrenó una película, Mercy [Timur Bekmambetov], que formuló una especie de tesis autoral que se llama screenlife: son historias contadas a través de un sistema multipantalla, y es interesante verlo en funcionamiento, pero también es un estímulo constante que pareciera luchar a byte partido por la atención. Lo que me preocupa es qué pasa que como espectadores no podemos entregarnos a una película o a una serie solamente mirando la pantalla.

Es lo que decía Damon, pero también hay cineastas muy hábiles que pueden burlar esos mandatos, y con suficiente poder en sus obras como para pasarles por arriba. Con mis hijos, que son adolescentes y preadolescentes, fui a ver las últimas dos de Misión: imposible, y ninguno sacó el teléfono en tres horas. Cuando el entretenimiento está bien hecho, sigue convocando. Pero, obviamente, me preocupa. En la Universidad Católica soy docente de una materia que se llama Storytelling de Entretenimiento y Proyectos Digitales de Entretenimiento, y mis alumnos me han contado que ven películas en TikTok; así, en el celular, partidas en 120 videos distintos. Yo les digo que no están viendo una película. Capaz que me sale la rebeldía de alguien formado en el siglo XX, con cinefilia analógica. Pero espero que sea una era y, en todo caso, que si llega para quedarse, no termine siendo la propuesta hegemónica.

Me imagino ver El Padrino en videítos de TikTok y es el Apocalipsis.

Voy a citar a un amigo en común, que ya no está entre nosotros, al Tüssi, Gonzalo Curbelo, cuando en un posteo, de esos muy agudos que él solía hacer en redes sociales, escribió que “Barry Lyndon no se hizo para ver en un Nokia”. Hay obras que merecemos verlas lo más cercano posible a la manera en la que fueron pensadas y, en ese sentido, por más que todos vemos cine en modo doméstico, el espectáculo de las salas sigue siendo insustituible.

Capaz que para que tus alumnos vean las películas tenés que probar con el método Ludovico, de La naranja mecánica.

Eso sería una imposición, y ya viste que a Alex DeLarge le generó un efecto contrario, así que prefiero no tener que llegar a lavarles la gulivera.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura