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Ilustración: Ramiro Alonso

El Kafka de Safranski

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Biografía del escritor checo.

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“A Franz Kafka, nacido en Praga en 1883, tan solo lo conocieron en vida unos cuantos iniciados. No fue sino después de su muerte, acaecida en un hospital cercano a Viena, que su fama creció hasta el infinito en el panorama literario internacional”. Este es el comienzo de Kafka, el libro de Rüdiger Safranski que apareció a fines de 2024 al cumplirse 100 años de la muerte del escritor.

Safranski –filósofo y escritor alemán nacido en 1945– entrelaza la vida y la obra de Kafka de manera impecable, con una prosa sobria y clara. A partir de los diarios, las cartas y diferentes documentos del escritor checo, nos cuenta, entre otras cuestiones, sobre sus momentos de felicidad, sus momentos de angustia, sus miedos. Desde las primeras páginas queda marcado a fuego de qué materia prima está hecho Franz Kafka y lo que siente por la literatura: “No es que yo posea algún interés por la literatura, sino que estoy hecho de literatura; no soy nada más, ni puedo ser nada más”, le escribe a su novia Felice Bauer en agosto de 1913. Quiere que Felice entienda esto porque, de lo contrario, podría aferrarse a alguien que no existe, escribe Safranski.

Ese mismo sentimiento por lo literario lo aleja de lo cotidiano de la vida. En su diario escribe: “Detesto todo lo que no tiene relación con la literatura, me aburren las conversaciones, las visitas. Las penas y las alegrías de mis parientes me aburren hasta los tuétanos. Las conversaciones sustraen la importancia, la seriedad y la verdad de todo lo que pienso”, dice, y redobla la apuesta: “Cuando mi organismo tuvo claro que la escritura es la orientación más fecunda de mi ser, todo se concentró en ella y dejó desocupadas todas las demás aptitudes orientadas preferentemente a los placeres del sexo, de la comida, de la bebida, de la reflexión filosófica, de la música. Enflaquecí en todas esas otras orientaciones”.

Safranski establece que Kafka es un ejemplo fascinante de lo que la escritura puede significar para la vida en un caso extremo, y agrega que el escritor solo se sentía vivo en los momentos de éxtasis mientras escribía.

***

El primer capítulo del libro prepara al lector para lo que sigue: temas como la familia, los primeros textos, las primeras publicaciones, el abogado, el empleado de la compañía de seguros, los amores, sus grandes obras, sus últimas voluntades. Safranski cuenta que, con la salud deteriorada por la tuberculosis, en 1922, Kafka logra una jubilación anticipada por recomendación de los médicos de la aseguradora. Ante esta situación, en noviembre de ese año escribe una carta a Max Brod en la que le comunica sus últimas voluntades con relación a su legado como escritor. Allí pide que, salvo algunas de sus obras que considera valiosas, el resto del material debe ser destruido: “Todo lo demás escrito por mí (ya sea impreso en periódicos, en manuscritos o en cartas), [...] todo eso, sin excepción y preferiblemente sin ser leído (pero no te impido que le eches un vistazo, aunque preferiría que no lo hicieras, pero si se lo echas, que no lo haga nadie más), todo eso, sin excepción, debe ser quemado y te ruego hacerlo lo antes posible”.

Como se sabe, Brod no cumplió las últimas voluntades del escritor en ningún aspecto. Acabó publicando todo, hasta la última hoja de papel escrita encontrada. Justificó su decisión alegando que nunca le ocultó a Kafka que no se atendría a ninguna disposición suya sobre la destrucción de su legado literario. Hay que agradecerle que no se destruyera esa inmensa obra literaria, escribe Safranski. Max Brod fue íntimo amigo de Kafka y fue su editor. También abogado y escritor. Entre sus obras se encuentra una biografía y varios estudios sobre su amigo.

El libro de Safranski es un excelente acercamiento a uno de los más grandes escritores del siglo XX. No solo para quienes no han leído sobre Kafka y su obra; también para quienes, conociéndolo, quieran volver sobre él.

Safranski escribe que en la víspera de su muerte Kafka estuvo corrigiendo uno de sus textos y que, al terminar, las lágrimas rodaron por su rostro por un buen rato, y que eso no era habitual en él. Luego explica: “Franz Kafka murió a eso del mediodía del 3 de junio de 1924”.

Kafka, de Rüdiger Safranski. 320 páginas. Planeta, 2024.

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