Cultura Ingresá
Cultura

Virginia Sampietro, de Comunicación Provincial de la Memoria, y Norberto Ruso Verea.

El rock argentino en la mira de los servicios de inteligencia

5 minutos de lectura
Contenido exclusivo con tu suscripción de pago

La miniserie documental Hay que saltar, hay que saltar

Contenido no disponible con tu suscripción actual
Exclusivo para suscripción digital de pago
Actualizá tu suscripción para tener acceso ilimitado a todos los contenidos del sitio
Para acceder a todos los contenidos de manera ilimitada
Exclusivo para suscripción digital de pago
Para acceder a todos los contenidos del sitio
Si ya tenés una cuenta
Te queda 1 artículo gratuito
Este es tu último artículo gratuito
Nuestro periodismo depende de vos
Nuestro periodismo depende de vos
Si ya tenés una cuenta
Registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes
Llegaste al límite de artículos gratuitos
Nuestro periodismo depende de vos
Para seguir leyendo ingresá o suscribite
Si ya tenés una cuenta
o registrate para acceder a 6 artículos gratis por mes

Editar

Hay que saltar, hay que saltar: la juventud vigilada es una docuserie sobre el espionaje a grupos de rock argentino y al público que asistía a sus conciertos, comandado por la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), uno de los organismos de investigación a civiles más notorios de la historia porteña.

Si bien la serie se concentra en los años 1980 y 1990, también brinda algunos pantallazos previos, como las imágenes de archivo del Noticiero bonaerense (1955) con la entrevista a una autoridad policial que anuncia el montaje de la DIPPBA: “Se ha creado una oficina de información que no tiene nada que ver con Orden Público; es una oficina que son los ojos y oídos de la Jefatura con el simple efecto de conocer qué pasa en la provincia en lo que respecta al movimiento gremial o alguna actividad subversiva, precisamente del partido depuesto. No puede detener, no puede sumariar. Es decir, es simplemente información. Esa es la misión de la División Informaciones”. En otras palabras, el servicio de espías fue creado por la dictadura cívico-militar que derrocó al gobierno de Perón en 1955, pero siguió operando mucho más allá del fin de ese régimen, hasta 1998.

El brazo tonto de la ley

Cada episodio desarrolla un tópico puntual. El primero, titulado “¿A dónde está la libertad?” (como el tema de Pappo’s Blues), trata acerca del funcionamiento de la DIPPBA y cuenta con varias entrevistas, entre ellas, una al periodista Juan Ignacio Provéndola, autor del libro El ojo que espía, que examina el espionaje estatal durante la última mitad del siglo XX.

Incluso tras haber publicado esa investigación, Provéndola no logra discernir si algunos de los informes de la DIPPBA son verdad, mentira o un chiste, y los describe como “una mezcla de temor y disparate”. Por momentos, parece que los papeles producidos por los espías pretenden conceptualizar el rock, analizar el trasfondo de las letras del Indio Solari o descifrar qué había detrás de la despedida de Almendra: el informe “Factor extremismo. Asunto: actuación del conjunto musical Almendra” trata de la separación del grupo y el futuro de sus integrantes: “Dos de ellos viajarán a Estados Unidos y los dos restantes quedarían en nuestro país”.

Otro asunto que le importaba comprender a la DIPPBA era el comportamiento de las tribus urbanas. Uno de los informes dice: “Actualmente, los denominados PUNKS NOVENTISTAS no son tan violentos y entre los cuales predominan las mujeres. Provienen de la clase media baja y la mayoría son desocupados, teniendo como forma de vida la anarquía total. La música que escuchan es la llamada HEAVY ROCK, practicando como danza el denominado POGO (empujarse unos a otros mientras saltan)”. Concluye que podrían convertirse en “un elemento de peligro en el futuro para la seguridad social”.

Este absurdo se extiende a filmaciones de la DIPPBA, que se infiltraba en manifestaciones y festivales para identificar a sus participantes. En ellas puede escucharse a los policías mientras describen la indumentaria juvenil (“boina negra, camisa caqui, mochila en la espalda, onda guerrillero monto, ¿no?”) o comentan que algunas organizaciones presentes reivindican “la época esa” y que “están a un paso de la lucha armada”, con un trazo grueso y coloquial que evoca la pericia del detective cómico José Luis Torrente.

Pensé que se trataba de cieguitos

El siguiente episodio se llama “Amor de primavera” (como la canción de Tanguito), y narra el espionaje en los primeros tiempos posdictadura. La línea temporal arriba a los años 90 durante el tercer capítulo, “Estado resignado”, cuyo título surge de un tema de Actitud María Marta, parte de la camada de bandas que durante la última década del siglo pasado acompañaron causas sociales y dijeron presente en eventos de asociaciones de derechos humanos.

Actitud María Marta aparece fichada en un documento de Inteligencia titulado “Grupos de rock del circuito underground”, junto a Todos Tus Muertos, 2 Minutos, La Renga, Los Piojos, Los Caballeros de la Quema, Un Kuartito y Los Miserables (de Chile). Allí se detalla que estas bandas “habitualmente son convocadas por la Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) o grupos de izquierda en la organización de recitales multitudinarios”.

Otro dato que se desprende de la desclasificación de estos archivos es cierta preocupación ante el hecho de que “los rockeros han dejado de lado los principios vanguardistas de los años 60, e incluso de los 80, creando una línea más combativa cada vez que concurren a un recital a escuchar a sus grupos favoritos. Esto se ve agravado por el alto consumo de drogas de todo tipo y alcohol previo a los encuentros musicales, y sobre todo debido a la situación social por la que está atravesando el país y en particular la Juventud Argentina”.

Entre los testimonios de este episodio se destaca el de Malena D’Alessio, una de las cantantes de Actitud María Mara e hija de un desaparecido. Fue secuestrada, cuando era bebé, junto con varios miembros de su familia, y llevada a un centro de detención clandestino. D’Alessio cuenta la influencia de la banda Public Enemy, que le permitió encontrar en el rap una herramienta de militancia musical para denunciar la violación de los derechos humanos.

Por su parte, el testimonio de Gabriela Cei, coautora del libro Al taco: historia del rock argentino hecho por mujeres (1954-1999), contextualiza la aparición de Actitud María Marta, y la psicóloga e investigadora Cecilia Touris define el rock como “un género musical que como ningún otro levanta algo de descontento, rebelión, de la necesidad de plantear nuevas ideas de las juventudes”.

Documentos, por favor

La miniserie es una producción de la Universidad Nacional de Quilmes y cuenta con la conducción de Norberto Ruso Verea, reconocido por su trabajo en programas de radio, televisión y canales de streaming. Vinculado a contenidos musicales, su pasado como futbolista profesional lo llevó a participar en programas deportivos, y alcanzó su mayor visibilidad en Hablemos de fútbol (ESPN).

Verea lleva adelante una carrera más basada en los “no” que en los “sí” como legado de su admiración por Lemmy Kilmister, líder de la banda Motörhead. Su negativa a obedecer ciertas lógicas de la industria del entretenimiento lo ha alejado en ocasiones de los medios, por lo que alternó su trabajo periodístico con otras actividades comerciales, ya fuera al frente de una parrilla o como vendedor de discos. Esa tarea lo llevó por primera vez a la FM Rock & Pop, donde debutó interpretando a un personaje en el clásico Radio Bangkok. Luego arribó a las madrugadas de esa radio para conducir Heavy Rock & Pop entre 1990 y 1995, hasta que uno de sus “no” lo alejó del medio tras diferencias sobre el presupuesto asignado al programa, en el mejor momento de esa FM. Su hablar pausado, sentido y profundo comenzó a dejar su marca en extensos editoriales donde nada de lo humano le era ajeno. Por entonces, también se involucró con causas sociales como la realización de un concierto en la cárcel de Olmos donde tocaron varias bandas de rock.

La suma de estas facetas brindó una legitimidad a su trabajo que lo hace idóneo para conducir un documental asociado al rock y la política. El conocimiento de Verea sobre música, en especial heavy metal, es explícito durante el cuarto y último capítulo, titulado “Gatillo fácil”, como el tema de Malón. Allí analiza la violencia institucional desplegada por la Policía durante los últimos años de esta Dirección de Inteligencia.

Un rasgo en común de los músicos entrevistados es la ingenuidad acerca del espionaje realizado al rock en democracia. Por eso resuenan las palabras de Verea cuando cierra cada capítulo con la cortina musical de “Pantalla del mundo nuevo”, de Riff, en modo Mad Max: “Olvídalo y volverán por más”.

Hay que saltar, hay que saltar: la juventud vigilada. Cuatro capítulos de entre 16 y 35 minutos. En Youtube.

¿Tenés algún aporte para hacer?

Valoramos cualquier aporte aclaratorio que quieras realizar sobre el artículo que acabás de leer, podés hacerlo completando este formulario.

¿Te interesa la cultura?
None
Suscribite
¿Te interesa la cultura?
Recibí la newsletter de Cultura en tu email todos los viernes
Recibir
Este artículo está guardado para leer después en tu lista de lectura
¿Terminaste de leerlo?
Guardaste este artículo como favorito en tu lista de lectura