El poemario que acaba de ser publicado por el sello Bao Bab de la editorial Planeta recibió una mención en los Premios Onetti que otorga la Intendencia de Montevideo. Esa distinción lo acercó a la mirada de lectores que lo condujeron a la posibilidad de ser publicado, con el trabajo de edición de Virginia Mórtola y la ilustración de Lucía Franco. Es decir, un camino virtuoso de un proyecto para hacerse realidad.
En los 20 poemas –y las respectivas ilustraciones– que aparecen en estas páginas, late una mirada de asombro que se va centrando en las distintas cosas que pueden encontrarse en una playa y el juego con la lengua, con la palabra. En ambos casos, hay una perspectiva infantil de acercamiento, guiada por la curiosidad. Bomio describe cada escena como si se enfrentara a ella por primera vez, con ojos nuevos.
Hay un pulso narrativo, en el que un tiempo lento, que parece detenido, pone el ritmo a partir de que “se despereza la playa / de su siesta de invierno”. Se van describiendo distintos momentos, criaturas; cada elemento aparece para ser descrito, como si emergiera desde la arena. El título del poema inaugural expresa esta operación: “De a poco la playa”. Como si se tratara de dejar sin efecto un encantamiento, la acción de mirar va dando vida a los objetos en los que hace foco y estos quedan en el centro de la escena para contar su pequeña historia. Bomio recurre a todos los sentidos para, más que describir, llevarlos a la página. Hay una doble operación de traslado: de la playa al libro, mediante una evocación sensorial, y del libro a la playa, tal el efecto de la lectura.
La ilustración de Lucía Franco amalgama los movimientos de una niña pequeña en la playa con todas las cosas que encuentra allí: caracolas, viento, arena, algas, noctilucas, medusas, el atardecer, un faro, etcétera. Todo se mezcla, en un trazo delicado, para emerger a su momento, en un movimiento similar al de la ola que trae cosas a la orilla y luego las vuelve a llevar a lo profundo.
Bomio despliega un registro poético amplio que le permite encontrar la clave de cada elemento: onomatopeyas, rima, versos que se alargan o se achican hasta lo mínimo, retahílas, imágenes precisas que permiten ver la playa donde sea que se esté leyendo; todo confluye en ese movimiento de mostrar y de discurrir en torno al asunto del libro, a lo que lo vertebra y le da alma. Transita de la pura evocación sensorial, que lleva al lector a la inmediata identificación con una situación alguna vez vivida, a una evocación más compleja, con el puente que le dan las palabras: cada pedacito de playa en el que se detiene esconde un despliegue poético. Así ocurre con los pescadores, para los que elige la copla (“Han llegado a la playa / con sus faroles, / pescadores de mares, / cielos y soles”); con las caracolas, para cuya búsqueda propone unas instrucciones precisas que conducen a encontrarlas y “Un poco más… / Llevarla al oído y escuchar: / ¿qué canción canta la ola?”.
No es habitual que se publiquen poemarios para niños y ese es un motivo para que Donde duerme el mar sea bienvenido, pero no sería motivo suficiente si sus poemas no fueran vehículo de una mirada poética que mantiene la inocencia de la mirada infantil y si no entrañara un trabajo con la palabra acertado y sensible, lúdico y reflexivo, que transmite la experiencia e invita a disfrutar de la materia sonora y gráfica de los versos ilustrados que adquieren forma en la página.
Donde duerme el mar, de Lucía Bomio, con ilustraciones de Lucía Franco. 48 páginas. Bao Bab, 2026. $ 790. Presentación este sábado a las 18.00 en El Árbol Lejano (Libertad 2680), con la presencia de la autora, la ilustradora y Virginia Mórtola. Dirigida a niños y niñas en edad escolar y preescolar.