En los últimos días comenzó a circular en redes sociales una carta pública firmada por 18 librerías independientes uruguayas bajo el título “Los libros se compran en librerías”. Allí manifiestan que su supervivencia estaba en riesgo debido a “las plataformas intermediarias de comercio electrónico y las tarjetas”, que “están promoviendo una competencia feroz”.
“Uruguay todavía tiene una amplia red de librerías donde, además de libros, hay talleres, clubes, presentaciones y actividades culturales. Hoy esos espacios están en peligro”, dice el texto. “Por eso defendemos una ley de precio único del libro, como existe en Alemania, Francia, España, México y Argentina: para cuidar la bibliodiversidad, competir en igualdad de condiciones y preservar la cadena de valor”.
Martín Seoane, de la librería Amazonia, es uno de los voceros del grupo. En conversación con la diaria, explicó los motivos de la movida: “Las librerías independientes queremos plantear la situación en la que estamos viviendo. Estamos todas endeudadas y en una bicicleta en la que estamos corriendo permanentemente de atrás”.
“Hace cerca de dos años se juntaron firmas entre varias librerías independientes para ir a la Cámara Uruguaya del Libro y plantear la posibilidad de que exista una ley de precio único. A raíz de esa juntada de firmas y esa reunión, se formó una comisión que desde hace dos años viene trabajando en el proyecto”, dijo.
“Ese proyecto se les llegó a presentar a algunos parlamentarios, pero la verdad es que no tuvo mucho eco”, agregó. la diaria tuvo acceso al documento, titulado “Hacia la reglamentación del precio único en Uruguay”, presentado por la Cámara. Allí se señalaba que “históricamente se manejó como criterio tácito que el precio de venta al público (PVP) fijado por la editorial y/o el distribuidor se respetara en el punto de venta”, y que ese acuerdo informal “comenzó a perforarse mediante dos procesos independientes”.
Por un lado, se encuentra “la introducción de descuentos otorgados por bancos, a través de sus tarjetas de crédito”, y por el otro, “la aceleración a partir de la pandemia de cambios a nivel de comercio electrónico”. En el caso de las tarjetas de crédito, el proyecto señalaba que “si bien el PVP se respeta, la posibilidad de que una librería acceda al descuento de una tarjeta depende de su tamaño y de la capacidad financiera de asumir una pérdida de ingresos, lo que en la vía de los hechos redunda en una mayor concentración del consumo en grandes superficies o cadenas”.
El otro punto se refiere en particular a plataformas como Mercado Libre, que para los responsables del proyecto “alteran las dinámicas de funcionamiento del sector, al tiempo que generan una especie de mercado paralelo en el cual personas físicas o empresas unipersonales comenzaron a vender libros sin tener una tienda física, al que también se sumaron muchas librerías. En este espacio, totalmente desregulado, la dinámica impuesta es la de competir a partir de precios que muchas veces están muy por debajo del PVP ofrecido en librerías”.
Seoane explica lo que ocurre en otros países. “En Brasil, Chile y Reino Unido no hay reglamentación de precio único. En Chile las librerías independientes están cerrando, en Brasil Amazon barrió, y en Reino Unido está pasando lo mismo. En Alemania, Francia, España, México y hasta en Argentina, que ahora la quisieron sacar y los libreros se pusieron de punta, hay reglamentación”. Si bien sabe que eso “no te asegura nada”, lo considera mejor que la actualidad. “En lugar de que la competencia sea por catálogo, atención, ubicación, por quién tiene la librería más linda, lo que fuera, es por el precio. Y por el precio les termina sirviendo a los más grandes”.
El articulado
El texto presentado el año pasado por una comisión formada dentro de la Cámara del Libro propone cambios a introducir en la Ley del Libro del Uruguay. Entre sus artículos se sugiere que “todo editor, importador o representante de libros deberá establecer un precio uniforme de venta al público o consumidor final de los libros que edite o importe”.
“Los descuentos al PVP podrán ser de hasta un 10% del PVP para las ventas de libros según la definición dada en el artículo anterior”, marca otro de los artículos sugeridos, que se elaboraron tomando como base la ley argentina de 2002. “Solamente se podrá dar descuentos mayores sobre el PVP luego de que transcurran 18 meses de la edición o importación del libro”, dice más adelante. “Las librerías podrán saldar en librerías libros que se compraron luego de 18 meses de cada una de sus ediciones. En estos casos no se podrán vender los referidos libros a través de webs o plataformas masivas de venta”.
También se plantean excepciones al PVP único, como ser ediciones limitadas, libros artesanales, libros de colección, libros usados, libros descatalogados por decisión del editor, libros saldados en el exterior, preventas y libros de estudio.
La situación actual, remarcó Seoane, es crítica. “Te rompe toda la cadena, que ya está rota. Por eso salimos a decirlo”. La idea de la campaña en redes es poner el tema en la opinión pública para que el proyecto vuelva a discutirse.