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Los dioses entre nosotros: clásicos del cine en la Sala B del Sodre

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El ciclo anual Cinearte revisita la época en la que se quebró la hegemonía de Hollywood.

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Desde hace años está establecida la rutina de los ciclos de cine histórico los lunes en la Sala B. Están totalmente al margen de la programación habitual de la sala, especializada en estrenos de cine latinoamericano –sobre todo uruguayo–, de jueves a domingo, aun si ambos repertorios están bajo la curaduría de Gabriel Massa Agueti. Suelen quedar por fuera de la atención mediática, por razones comprensibles: son películas casi siempre ya estrenadas, obras muy conocidos de la historia del cine y casi todas accesibles por vías alternativas (algunas incluso están en Youtube).

Más allá de eso, la experiencia de ver las películas en sala, en colectivo, con muy buenas condiciones de imagen, sonido y comodidad y, aún más, acompañando ciclos tan bien armados, es intransferible. La temporada 2026 de Cinearte del Sodre se titula Los otros cines. El “otros” es porque los ciclos que lo precedieron en los últimos años fueron de cine francés, italiano y británico, por sí mismos “otros” con respecto a Hollywood, pero estos de ahora son aún más “otros”: proceden de Japón, Suecia, Dinamarca, México, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Unión Soviética e India.

Entre 1950 y 1970 esas cinematografías ganaron un alcance global (en el caso de los países escandinavos y de la URSS, se trató de un redescubrimiento, luego de las glorias del período mudo). Ese lapso fue el del afianzamiento, en buena parte del mundo occidental, de todo un nuevo campo de acción y de apreciación, que fue el cine de arte o cine de autor (que ya había tenido cierta prominencia en tiempos del cine mudo, pero subsistió como un nicho insignificante hasta esa nueva eclosión). El proceso, por supuesto, fue facilitado por la normalización que sucedió a la Segunda Guerra Mundial, pero tuvo su gran impulso inicial con el neorrealismo italiano, a partir de 1945, que reveló la potencialidad de estéticas cinematográficas muy distintas del clasicismo hollywoodense en productos de alto impacto emotivo y conceptual.

Estas películas tendieron a ser exhibidas en salas de cine chicas, que pronto dieron origen a un circuito que se especializó en películas no masivas destinadas a un público cultivado, paciente, adepto a leer subtítulos, propenso a apreciar complejidades temáticas y a dejarse sorprender. Pronto se armó un sistema rico y complejo que incluía los festivales de cine, las revistas de crítica y ensayo cinematográficos y un difuso pero muy real universo de boca a boca apasionado, “intelectual”, donde cada cual defendía sus nuevos héroes y proponía interpretaciones personales que interactuaban con otras facetas del espíritu de la época (el psicoanálisis, el existencialismo, el estructuralismo, la nueva izquierda, Marcuse, la fenomenología, la descolonización y muchos etcéteras). La apertura curiosa hacia cinematografías menos usuales, especialmente con respecto a los productos que encajaban con la noción de arte y de actualidad, fue parte de ese culto (en buena medida, ese renacimiento del cine de arte fue simultáneamente la semilla del world cinema).

Fue un momento fundacional, y sus protagonistas quedaron firmemente establecidos con un estatuto legendario: forman buena parte del panteón del cinearte y del modernismo cinematográfico. Quien vaya a cualquiera de las funciones de este ciclo tiene garantizado encontrarse con un pedazo de historia del cine, una parte infaltable del canon y una obra muy estimulante. Además de eso, hay un 60% o 70% de chance de ver alguna obra maestra absoluta.

El canon

Si este ciclo fuera una olimpíada, la delegación nacional que se llevaría más medallas sería la japonesa. Hay cinco películas de Akira Kurosawa (1910-1998), de las cuales Rashomon (1950), que reveló el cine japonés para Occidente cuando ganó el León de Oro en el Festival de Venecia, abrió el ciclo el 20 de abril (tuve la alegría de hacer la presentación). Hay otros tantos títulos de sus pares mayores Kenji Mizoguchi (1898-1956) e Yasujito Ozu (1903-1963). La película más querida de este, la punzante Cuentos de Tokio (1953), va a ser presentada por Fernán Cisnero el 1º de junio. Hay además dos exponentes de las siguientes generaciones: Masaki Kobayashi (1916-1996) –con la chance de verificar su monumental trilogía La condición humana (1959-1961), de nueve horas de largo, repartida en tres lunes consecutivos– e Hiroshi Teshigahara (1927-2001).

El cineasta más representado es, por supuesto, Ingmar Bergman (1918-2007), con seis películas, incluida su pieza más desafiante y osada, Persona (1966), que va a ser presentada por Bruno Cancio el 3 de agosto. El ciclo incluye también las dos últimas piezas del enorme creador danés Carl Dreyer (1889-1968). Del viejo bloque comunista tendremos a los soviéticos (ambos georgianos) Mijaíl Kalatózov (1903-1973) y Sergey Paradzhánov (1924-1990), y la creatividad espeluznante de los entonces jóvenes polacos Andrzej Wajda (1926-2016), Jerzy Kawalerowicz (1922-2007) y Krzysztof Zanussi (1939), así como el prodigioso cineasta húngaro Miklós Jancsó (1921-2014) y los checos Jiři Menzel (1938-2020), Milos Forman (1932-2018) y Vera Chytilová (1929-2014). De esta, la anárquica, delirante y ambivalente Las margaritas (1967) va a ser presentada por Casandra Boldo el 14 de setiembre.

El “Kurosawa de India” fue Satyajit Ray (1921-1992), del que se va a exhibir su increíble trilogía de Apu (1955-1959) completa. El primer estamento, Pather panchalí, va a ser presentado por Mariana Amieva el 6 de julio. La condición de “otros” excluye la producción francesa de Luis Buñuel (1900-1983), pero tenemos cuatro de sus películas mexicanas (todas brillantes), entre las cuales la durísima Los olvidados (1950) va a ser presentada por Cecilia Lacruz el lunes.

 Temporada de Cinearte del Sodre 2026. Los otros cines (1950-1970). Lunes a las 19.00 en la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño del Sodre.

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