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Foto: Laura Sosa

Steve Hilman: camerunés, exfutbolista y bailarín en Más Que Lonja

7 minutos de lectura
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Llegó a los 17 años para jugar al fútbol, lo hizo, pero hoy por hoy compite en carnaval y está encantado con Uruguay.

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Steve Hilman nació en Camerún, donde vivió hasta los 17 años; mantiene arraigadas las raíces africanas, pero se siente agradecido a Uruguay. Probó suerte en Atenas de San Carlos, pero no pudo jugar oficialmente por un tema administrativo. Fénix lo fichó y ahí fue parte del equipo con el que llegó a participar en una Copa Sudamericana, luego anduvo por Salus y también devolvió a Albion al profesionalismo.

Trabajó paralelamente al fútbol, fue padre joven y despuntó el vicio de la danza africana, lo que le valió su paso a Más Que Lonja, comparsa que cumplió 20 años y logró el sueño de participar en el Concurso Oficial de Carnaval.

Nos atendió con la camiseta de entrenamiento que usó Roger Milla en el Mundial 1990, y aunque ya no le entra, la mantiene porque “es una leyenda”. Las camisetas de fútbol se fusionan con los trajes de comparsa en una casa donde vive con su hermano y un montón de migrantes africanos. Cada uno tiene su habitación, pero se mezclan en los lugares comunes, donde se mantienen las raíces africanas pese a los kilómetros de distancia.

¿Cómo fue tu infancia en Camerún?

Tengo recuerdos esporádicos, llevo 15 años en Uruguay. Son más de la familia, de estar unidos, de poder comer en la misma mesa. Fue una infancia linda, no nos permitimos todos los gustos porque debíamos cuidar la economía; nuestros padres siempre intentaron darnos lo mejor y en ese entorno de amor crecimos. Hace diez años que no los veo.

¿Cómo jugabas al fútbol de niño?

Básicamente es lo mismo, los pibes se crían de la misma manera, en el potrero y después orientan ese sueño a una formación profesional. Allá funciona exactamente igual, con la diferencia de que tenés que ser mayor de edad para jugar profesionalmente y tener un currículum estudiantil. Comenzabas jugando con tus amigos y a partir de ahí cualquier persona que te ve en la calle se va contactando con la familia para tener oportunidad en el futuro.

¿Qué conocías de Uruguay antes de venir?

Conocía a los futbolistas que jugaban en Europa; en Camerún miraba mucho fútbol de Francia, España e Italia. Tengo recuerdos de Javier Chevantón, que estaba en el Mónaco, el Chino [Álvaro] Recoba en Inter, Fabián O’Neill en Juventus, por nombrar algunos… Cuando se me dio la oportunidad de caer en Uruguay, pensé: “si todos esos jugadores juegan en esos campeonatos, el fútbol de este país tiene que tener algo”. Fue el impulso más fuerte para tomar esa decisión.

¿Y cómo fue cuando llegaste?

Era menor, con 17 años. No estar en tu tierra es un cambio brusco que genera miedo. Me fui a Atenas. Pasar de un país como Camerún, con 28 millones de habitantes, y terminar desembocando en San Carlos, que aún es menos gente que Montevideo, fue encontrarme con otra realidad. Ahí fui abriendo mi mente.

Tuviste una carrera con muchos altibajos...

Como casi todos los que incursionan en un deporte o la vida en general. Los recuerdos son todos buenos. Por más que no jugué en Atenas por un problema de TMS que tenía que llegar de la Federación de Camerún, fue muy hermoso. Fueron mis tres primeros meses en Uruguay, compartiendo con otra gente, con pibes de mi edad con los mismos sueños. Fénix fue el equipo que me abrió al fútbol uruguayo, Salus me vio renacer después de quedar un año sin jugar, ahí recobré las ganas de seguir, y en Albion participé en la historia de volver al profesionalismo, el primer cuadro en ser fundado en Uruguay.

¿Siempre fuiste haciendo otras actividades paralelas al fútbol?

La formación educativa que recibimos en Camerún es bastante similar a la francesa, te vas preparando más allá de cualquier otro hobby. Cuando llegué ya tenía la base de ser bailarín de afro y encontrarme con un país como Uruguay, donde hay una fuerte vinculación cultural con lo que es la danza, la actuación en general y que tenga estirpe afro; fue como reencontrarme en una parte de Camerún. Eso me abrió el abanico y tuve la oportunidad de intercambiar con gente del candombe.

La vida es un carnaval

Pasaste por el fútbol y ahora carnaval, dos de las expresiones más populares de Uruguay...

Es muy interesante porque me genera lo mismo que el fútbol, porque en todos los cuadros donde me tocó jugar sucedió algo nuevo. Por ejemplo, Más Que Lonja tiene 20 años y por primera vez está en el concurso oficial. Me fueron a buscar a la movida joven y terminé subiendo en el Teatro de Verano. Estoy viviendo en carne propia un proceso que viene de mucho tiempo con esos pibes; están llegando los momentos que ellos siempre anhelaron, es un regalo enorme.

En Uruguay se compara subir al Teatro de Verano con jugar en el Centenario, ¿es así?

Agregaría que sería como jugar la final de un Mundial con Camerún en el Centenario. El Teatro de Verano tiene algo. Estoy acostumbrado a los escenarios, podés tener la preparación que quieras, pero en ese momento, cuando estás ahí, frente a los ojos de miles de personas que ni siquiera ves, te puedo asegurar que es muy gratificante, aterrador y hermoso a la vez.

¿Trasladaste algo de tus raíces africanas para el espectáculo de Más Que lonja?

En la comparsa hay gente que sabe mucho de la materia; por más que no sean africanos pueden haber aprendido. Cada uno tiene algo para aportar, así sea para decir una palabra. En el conjunto hay una mixtura de gente de todos los países que genera el enfoque que puede tener el espectáculo. No es lineal que deba dar el ejemplo; siendo africano, hay cosas que no sé. Hay un equipo fantástico trabajando que transmite sus conocimientos.

¿Cómo están preparando el Desfile de Llamadas?

Es la mayor fiesta para los que nos gusta el candombe, más que la idea de competir, que eso lo dejamos para el concurso oficial. Si bien todos queremos ganar, va a ser un impulso más para seguir creciendo. La llamada es compartir, ver a los otros compañeros y hacer lo que sentimos. Después, el jurado decidirá, para nosotros la victoria ya está.

¿Sos competitivo en carnaval como en el deporte?

Siempre vamos a competir. Es una realidad. Pero la forma no tiene que generar en nosotros una diferencia, tuve que lidiar mucho en Uruguay. Es muy difícil disociarlo, la competencia no tiene que ser una diferencia, puede ser sana. Ahora en la comparsa queremos hacer un buen espectáculo y ayudar a que la categoría crezca. Son cosas que hay que cuidar. Podemos ser distintos, soy papá, quiero que mis hijos puedan crecer en un ambiente donde puedan tener diferencias con otros.

Sus raíces

¿Qué extrañás de Camerún?

El aire, el polvo mojado de las calles y el asfalto. Extraño salir y encontrarme con dos abuelos que no pueden cargar con su bolsa, ayudarlos a caminar dos kilómetros y después volver para atrás, eso es la enseñanza, porque en ese camino recibís una charla.

¿Te gustaría volver a vivir ahí?

Si me voy a Camerún, aguanto dos semanas y vuelvo a Uruguay. Vivo acá hace 15 años, me hice hombre. Si voy a una conversación con mi viejo me van a salir tres palabras en español y me va a cagar a puteadas. Me gustaría tener la oportunidad de ir un tiempo para allá. En Uruguay tengo el carnaval y otras actividades que me exigen estar, sobre todo el crecimiento de mi hijo. Me siento muy a gusto.

¿De qué trabajás?

Estoy trabajando en Zonamérica; después de la implementación del home office la empresa me permite trabajar desde mi hogar. Eso me da la posibilidad de organizarme para la comparsa. Tener un hobby también es bueno porque hay que equilibrar, es necesario hacer las cosas que te gustan. El dinero del trabajo lo necesito para formar mi familia en Uruguay.

¿Cómo fue ser padre joven en otro país?

Ser padre me vincula con el Uruguay para toda la vida. Fue difícil, estaba en un país donde realmente recién estaba haciendo mis primeras armas, sin tener un miembro familiar que me aconsejara. En África la familia lo es todo, tuve que madurar, salir a trabajar, y eso me dio la oportunidad de crecer personalmente, organizarme; no soy el mejor papá del mundo, pero tengo una buena relación con mi hijo, la madre y su familia. Soy sumamente agradecido.

¿Cuánto le pudiste transmitir de tus raíces?

Se interesa mucho, tiene contacto con mi viejo, con mis hermanos. Siempre estoy traduciendo y anhelando que él pueda aprender inglés y francés para tener la capacidad de comunicarse con la familia sin ser el intermediario, así se pueden conocer mejor. Tiene una familia más grande de lo que imagina.

¿Cómo es para vos que tu hijo te vea hacer lo que te apasiona?

Tener a mi hijo abajo de un escenario después de actuar es inexplicable. Él viene de una familia candombera, que me acompañe es hermoso. Me gusta que pueda conocer otros gurises; quizás el día de mañana pueda crear su comparsa, es una bendición.

¿Podés seguir el fútbol de Camerún desde acá?

Hace pocas semanas terminó la Copa de África, es el mismo nervio. Cuando llegué a Uruguay se jugaba el Mundial de Sudáfrica; en África no importa qué país sea, todos hinchamos por los nuestros. El primer partido que vi acá fue Uruguay-Ghana, con todo lo que fue y lo que marcó esa selección. Fue mi primera discusión real, con la efusividad que tiene el uruguayo con el fútbol y su selección. Como africano en cuartos de final, que podía pasar por primera vez a la semifinal, te podés imaginar el quilombo, pero fue lindo; eso también me dio a entender con qué me iba a encontrar de ahí en adelante.

¿Cómo te proyectás?

No estoy abocado a ser una persona reconocida desde la cultura, lo hago porque es un anhelo personal para desarrollarme y conocer vinculado a mis raíces. Hay una gran comunidad africana en Uruguay; representar y acercar las raíces es un orgullo.

En el bolso

¿Por qué sos hincha de Nacional?

Es lo más grande que hay. Los primeros cameruneses que llegaron a Uruguay, como Pierre Webó y Angbwa Benoît, jugaron en el bolso; la orientación era bastante simple, y eso que llegué a Uruguay en la final de la Libertadores de Peñarol con Santos. Pero voy a la cancha, soy socio de Nacional, voy al básquetbol, me junto con pibes de colectivos para hacer actividades en los alrededores del Parque Central, para unir, para generar confraternidad por otros lados que no sean siempre abocados al fútbol. Poder generar conciencia y compartir desde otros ambientes para que los más chicos puedan crecer.

¿Qué sentiste cuando Nacional salió campeón con gol de Christian Ebere?

Ebere ya venía jugando muy bien en Plaza Colonia, pero tuvo que llegar a Nacional y definir un campeonato para tener reconocimiento. Para los africanos la satisfacción es enorme, aunque no lo conozca, porque él porta la bandera de nuestro continente por encima de la suya o incluso la de Nacional; eso a veces la gente no lo entiende. Fue un orgullo contarle a mi familia que un jugador nigeriano le dio el campeonato al equipo del que soy hincha.

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