El empleo creció, el desempleo bajó y los salarios reales volvieron a mejorar, pero el mercado laboral aún tiene cuentas pendientes.
El dato
En diciembre, la tasa de empleo (indicador de demanda laboral) se sostuvo en torno al 60% de la población en edad de trabajar, cerrando 2025 en el nivel más alto de los últimos diez años. Al mismo tiempo, la tasa de actividad (indicador de oferta laboral) retrocedió levemente frente a noviembre (64,5% versus 64,7%), pero aún se mantiene en niveles históricamente elevados. De esta forma, la tasa de desempleo, que representa el indicador que captura los desajustes entre oferta y demanda, se redujo y cerró el año en 7%. Esta cifra es, en efecto, la más baja de la última década.
¿Cómo se encuentra el mercado laboral respecto de 2024?
De esta forma, durante el año pasado la tasa de empleo aumentó 0,7 puntos porcentuales con relación a 2024, lo que implica que se crearon aproximadamente 27.300 puestos de trabajo, de los cuales dos tercios corresponden a empleos formales. Este patrón contrasta con el observado durante el año anterior, cuando la mayor parte de los nuevos puestos no estaban registrados en la seguridad social (es decir, eran informales).
Al mismo tiempo, la tasa de actividad, que es la que mide el porcentaje de personas activas sobre el total de las personas con edad de trabajar, aumentó en menor medida que el empleo, lo que generó una reducción de la tasa de desempleo equivalente a 0,7 puntos porcentuales; hay, por lo tanto, 12.000 desocupados menos que entre 2025 y 2024.
Cabe destacar, además, que este desempeño tuvo lugar en un año en el que crecieron los salarios en términos reales, dado que el aumento del índice medio de salarios superó al del índice de precios al consumo. De forma que, en promedio, el poder de compra aumentó 1% con relación al año anterior (resta conocer el dato de diciembre, que todavía no se publicó).
Los desafíos que persisten en materia laboral
A pesar de las buenas noticias en términos del número de trabajadores y sus remuneraciones, todavía persisten desafíos en el mercado laboral de cara a los próximos años. Uno de los más recientes (dado que hay muchos que revisten un carácter estructural) tiene que ver con el impacto asociado a la inteligencia artificial. En efecto, entre el 26% y el 38% de los ocupados estarán expuestos a ser sustituidos por esta tecnología, según las estimaciones elaboradas por el Instituto Cuesta Duarte.
En el plano de los problemas más estructurales, el desempleo entre los jóvenes sigue siendo desproporcionadamente alto (24,5%), persisten las brechas salariales entre hombres y mujeres en todas las dimensiones, y cerca del 30% de las personas ocupada perciben salarios que están por debajo del mínimo nacional, entre tantos otros.
En particular, si agrupamos a las personas desempleados, a los trabajadores informales y a los subempleados (personas que tienen un trabajo pero no llegan al volumen de horas deseado), encontramos que una de cada tres enfrenta una restricción en su relacionamiento con el mercado laboral, con fenómenos como el subempleo y la informalidad que persisten en niveles similares a los observados en años anteriores.
En síntesis, 2025 destacó por la generación de puestos de trabajo y por la mejora de los salarios en términos reales (aumento del poder de compra). Sin embargo, todavía resta un largo camino por recorrer para abordar las problemáticas mencionadas y que son de naturaleza estructural. Esto cobra aún más relevancia si tomamos en consideración los mayores niveles de incertidumbre que caracterizan al desempeño económico internacional y los bajos niveles de crecimiento previstos para Uruguay en el corto plazo.
De esta manera, la discusión hacia adelante no debería pasar únicamente por la cantidad de nuevos empleos que se crean, sino también por los mecanismos que podrían operar sobre la calidad del trabajo y mejorar la capacidad de los trabajadores para adaptarse a un mundo marcado por un cambio tecnológico sin precedentes.
Joaquín Pascal, Centro de estudios Etcétera.