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Foto: Rodrigo Viera Amaral

Finanzas públicas: ¿cuáles son las perspectivas?

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El resultado fiscal fue peor del previsto en 2025 y existen riesgos que podrían limitar la corrección proyectada hacia 2029.

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Leída por Rossana Spinelli
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El déficit fiscal cerró el 2025 en torno al 4,8% del PIB, lo que pautó un deterioro con respecto al año previo equivalente a siete décimas. Si bien esto estaba previsto en el presupuesto, la magnitud del incremento fue mayor y el desvío terminó siendo de dos décimas. El déficit también había subido en 2023 y en 2024, acumulando así un incremento de 1,5% del PIB con relación al nivel que tenía vigente en 2022 (3,3%).

Como señala la Radiografía del sector público, elaborada por la consultora Exante, la mayor parte del deterioro registrado durante el año pasado se explicó por la dinámica del gasto, especialmente por los gastos no personales. El gasto primario, que surge de descontar los intereses de la deuda, aumentó casi un punto del producto durante 2025. De hecho, en términos agregados, el gasto alcanzó el año pasado su máximo histórico, depurado el efecto asociado a las partidas correspondientes a la pandemia.

Según destaca la consultora, parte del aumento del gasto responde a un avance de la inversión pública, aunque “desde niveles relativamente bajos en años previos”. De acuerdo con este análisis, los niveles en los que se ubican otras partidas del gasto corriente sí son altos desde una perspectiva histórica, siendo el rubro de las remuneraciones el único que no creció con relación al PIB durante 2025.

De cara a los próximos años, la trayectoria prevista para el déficit fiscal asume una mejora sostenida durante el quinquenio, ubicándose en el entorno del 3% del PIB hacia el cierre de 2029. Como ha sido analizado, la corrección fiscal estipulada en el presupuesto para la segunda mitad del período (timing que en sí mismo encierra un riesgo producto del ciclo político de las finanzas públicas) se recuesta sobre el lado de los ingresos (con el gasto relativamente constante), descansando concretamente en una mejora de la eficiencia recaudatoria por parte de la DGI y en lo que reporten las innovaciones tributarias, especialmente la adecuación doméstica del impuesto mínimo global.

Sin embargo, el desvío observado para 2025 (dos décimas del producto) podría agudizarse en caso de que el crecimiento económico sea menor al previsto (lo que supondría una recaudación menor) y la inflación se mantenga por debajo de la meta (lo que supondría un crecimiento mayor del gasto en términos reales). Por tanto, habrá que esperar para ver si se introducen medidas correctivas a través de las sucesivas instancias de Rendición de Cuentas, o si lo que se modifica es la trayectoria proyectada para lo que resta del período.

Como advierte el análisis de Exante: “Desvíos en la programación fiscal y/o en las proyecciones macroeconómicas pueden suponer riesgos de que a lo largo del período la deuda neta supere el umbral de ʻdeuda prudenteʼ definido en la nueva regla fiscal”, establecido en 65% del PIB.

Si bien el riesgo país se mantiene en mínimos históricos, durante 2025 la reducción de este indicador (que representa el diferencial entre lo que pagan los títulos de deuda estadounidenses y los uruguayos) “fue menor que en otros países de la región” (diez puntos básicos). Esto era esperable dado que partía de un nivel comparativamente más bajo, pero podría estar recogiendo la incertidumbre en torno a la interrogante planteada: ¿se introducirán medidas de corrección o se asumirá una mejora del déficit más modesta que la estimada en la última instancia presupuestal?

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