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Archivo, diciembre de 2025.

Foto: Alessandro Maradei

Progresividad fiscal y desigualdad: el caso de América Latina

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Para el Observatorio Fiscal Internacional, la región enfrenta una paradoja fiscal difícil de sostener: “Es una de las regiones más desiguales del mundo, pero también una de las que menos recaudan de quienes concentran la mayor proporción del ingreso y de la riqueza”

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El panorama regional

El Observatorio Fiscal Internacional presentó el martes un estudio titulado “Progresividad fiscal y desigualdad: tributación mínima de individuos de alto patrimonio en América Latina y el Caribe”, encargado por Brasil en el marco de la Plataforma Regional de Cooperación Tributaria para América Latina y el Caribe.

Partiendo de que la política tributaria es un instrumento esencial para reducir la desigualdad, el documento analiza la progresividad de los sistemas tributarios de la región, poniendo el foco sobre las limitantes que enfrentan los países para gravar a las personas de muy alto patrimonio. Esta limitante representa, en efecto, una de las fallas que contribuyen a posicionar a la región como la segunda más desigual del mundo.

Para abordar esta problemática el informe analiza la efectividad de distintas herramientas y concluye que el instrumento más eficaz para corregir la “anomalía” que supone gravar las grandes fortunas a tasas más bajas que las que paga el resto de la población es el impuesto mínimo efectivo sobre la riqueza (IMER). De acuerdo con el observatorio, ningún país de la región contempla un impuesto como este, que representa un “mecanismo de piso”: “Si los impuestos ya pagados sobre el ingreso y la riqueza no alcanzan un umbral mínimo, se cobra la diferencia”.

Los principales puntos del informe

En términos esquemáticos, son cinco ideas las que estructuran el informe.

En primer lugar, la que tiene que ver con la marcada concentración que caracteriza al extremo más alto de la distribución de la riqueza. Sobre esto, el informe señala que el patrimonio de los milmillonarios regionales se multiplicó por seis en lo que va de este siglo, saltando desde 117.000 millones de dólares a cerca de 700.000 millones de dólares.

En segundo lugar, que los sistemas tributarios de la región no logran corregir la desigualdad y son, en términos generales, regresivos. Para sostener esta caracterización el documento advierte que el 50% más pobre de la población destina –en promedio– el 30% de sus ingresos a pagar impuestos, siendo el segmento que proporcionalmente paga más. En contraste, esa cifra ronda el 22% para el 1% más rico.

Por otra parte, el tercer pilar del informe aborda la fuerte heterogeneidad que existe dentro del 1% más rico, dado que la desproporción entre lo que se paga y lo que se tiene es mucho más escandalosa cuando se analiza la tasa efectiva que alcanza al 0,01% de la población. En este caso, el análisis se focaliza en la situación de Brasil y de Chile, dada la disponibilidad de la información. En Brasil, el 0,01% tributa apenas un 19,7%, cuando el resto de la población tributa casi el 42,5% (ambas cifras expresadas en términos promedio); en Chile, por su parte, esos guarismos son del 11,7% y del 24%, respectivamente (considerando al 0,01%).

La cuarta idea que se despliega en la investigación refiere a la ineficacia que tienen las reformas tradicionales para corregir el problema de la regresividad asociada a la baja tributación en el tope de la distribución. Dado que “las alternativas convencionales, como aumentos del impuesto a la renta personal, muestran poca eficacia para corregir esta anomalía”, la aproximación más adecuada pasa por implementar un impuesto mínimo efectivo sobre la riqueza como es el IMER.

Finalmente, el informe estima que un impuesto como el que se propone cuenta con un alto potencial recaudatorio, dado que en el “escenario central” establecer un impuesto mínimo del 2% a los patrimonios que superan los 100 millones de dólares reportaría cerca de 24.000 millones de dólares anuales (aproximadamente 0,6 puntos del PIB de la región). Con una tasa del 3%, que es la que se contempla en el escenario más ambicioso, la recaudación potencial sería de aproximadamente 36.000 millones de dólares (0,9 puntos del PIB regional).

La mirada de Gabriel Zucman

Para Gabriel Zucman, el economista francés que dirige el observatorio, las personas de alto patrimonio están viendo crecer sus fortunas de forma acelerada y son pocas las regiones que ilustran este fenómeno “de manera tan contundente como América Latina y el Caribe”. La concentración extrema, señala, no es un accidente, sino que surge de las decisiones de política sobre cómo deberían ser tratados los miembros más ricos desde una perspectiva tributaria.

A la luz de lo anterior, “este informe llega en un momento crítico”, dado que el desempeño regional se caracteriza por un bajo crecimiento, elevada desigualdad, fragilidad fiscal y tributación regresiva. La conjunción de todos estos factores, según este investigador, deja los servicios públicos insuficientemente financiados y expone a las democracias a la captura por parte de quienes más acumulan.

El caso uruguayo

Además de abordar la situación agregada de la región, el informe del Observatorio Fiscal Internacional se adentra en los casos nacionales para analizar el contexto y la pertinencia que puede tener el IMER que se propone.

En el capítulo correspondiente a Uruguay, el documento señala que el país exhibe “una carga tributaria media con relación a los estándares regionales”, con una recaudación que en 2023 se ubicó por encima del promedio latinoamericano (27,4% y 21,3% del PIB, respectivamente), pero por debajo del correspondiente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (33,9% del PIB).

Con eso de base, el reporte repasa brevemente el estado de la discusión tributaria actual y enfatiza los tres ejes sobre los que ha girado: la incorporación del impuesto mínimo complementario en la Ley de Presupuesto, la “reforma del régimen de vacaciones fiscales” y la ampliación del IRPF para gravar las rentas del exterior.

En paralelo, agrega el observatorio, “el debate sobre la tributación de la riqueza personal cobró espacio público” a partir de la propuesta que puso sobre la mesa el PIT-CNT de desplegar una sobretasa sobre el impuesto al patrimonio.

En la visión de este organismo, el impuesto mínimo sobre la riqueza propuesto no sustituye a esta iniciativa, sino que la complementa al ampliar su alcance hacia el extremo superior de la distribución: “El IMER no compite con propuestas como la sobretasa del PIT-CNT, sino que la complementa. La sobretasa amplía la base imponible hacia tramos altos, pero el IMER opera en un umbral superior –fortunas que superan los 100 millones de dólares– garantizando que ninguna estrategia de planificación fiscal pueda reducir la contribución por debajo del piso mínimo”.

Algunos datos sobre la distribución y el sistema tributario

Según el informe, el 1% más rico (11.335 personas) concentra el 22% del ingreso nacional, en línea con el promedio correspondiente a América Latina y el Caribe (23%). En el caso de la riqueza, este segmento de la población posee aproximadamente el 37% del total, lo que contrasta con el 14,5% que captura el 50% de la población de menores ingresos.

En esa línea, señala que Uruguay “cuenta con tres milmillonarios que concentran una fortuna agregada de 6,48 mil millones de dólares en 2026” y que, si se amplía el alcance para incorporar también a los 40 centimillonarios (quienes tienen un patrimonio superior a los 100 millones de dólares), la riqueza conjunta trepa hasta los 14,9 mil millones de dólares.

Por otra parte, argumenta que “el sistema tributario uruguayo hace poco para corregir esta desigualdad”, dado que el 50% más pobre es el grupo que paga más cuando se consideran todos los impuestos (31%); el 40% medio paga un 28%; el top 10% más rico paga un 27%, y el 1% más rico promedio paga un 23%. Advierte, además, que esas cifras subestiman “la regresividad real en la cima de la distribución”, en línea con lo que sugiere la evidencia internacional.

¿Cuánto podría recaudar?

De acuerdo con las estimaciones presentadas, un impuesto del 2% sobre la riqueza de las personas con fortunas superiores a los 100 millones de dólares recaudaría cerca del 0,41% del PIB (unos 260 millones de dólares, aproximadamente). Para tener como referencia, si la tasa fuera del 1% arrojaría una recaudación equivalente al 0,18% del PIB, y si fuera del 3% generaría recursos estimados en 0,65% del PIB. En ese sentido, agrega, “un impuesto mínimo a la riqueza podría elevar las tasas efectivas de los ultrarricos hasta niveles cercanos al promedio de la población”.

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