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Foto: Eemac, difusión

La EEMAC reunió a investigadores uruguayos y alemanes en torno a la experimentación agrícola a gran escala

En Paysandú, la EEMAC funciona como uno de los principales espacios de investigación, enseñanza y extensión de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República.

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Una jornada en la Estación Experimental Mario Cassinoni (EEMAC), de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República (Udelar), reunió en Paysandú a investigadores uruguayos y alemanes en torno a la experimentación agrícola a gran escala y los sistemas.

En Paysandú, la EEMAC funciona como uno de los principales espacios de investigación, enseñanza y extensión de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República. Allí, investigadores de distintas disciplinas estudian desde la producción agrícola y ganadera hasta el funcionamiento de los suelos y los efectos de diferentes sistemas productivos.

El viernes 7 de agosto, ese campo experimental fue escenario del seminario y recorrida de campo “Repensando la experimentación agrícola: experimentos para sistemas de cultivo diversificados”, una actividad que reunió a investigadores de la Facultad con la doctora Kathrin Grahmann, especialista alemana en sistemas agrícolas diversificados y experimentación a escala de paisaje.

La jornada se realizó en el marco de la visita de Grahmann a Uruguay, que incluyó recorridas por diferentes sitios experimentales y el intercambio con investigadores que trabajan en proyectos de largo plazo. En la EEMAC, el encuentro permitió conocer una plataforma experimental que busca ampliar la escala de la investigación agrícola y acercarla a las condiciones de los sistemas productivos reales.

La pregunta que está detrás de esta experiencia es sencilla, aunque sus respuestas requieren años de trabajo: ¿qué ocurre cuando, en lugar de estudiar un cultivo o una pastura en una pequeña parcela, se comienza a experimentar con sistemas productivos completos?

Salir de la parcela

La plataforma experimental de agricultura que funciona en la EEMAC comenzó a desarrollarse hace algo más de un año a partir de un proyecto presentado por la Facultad de Agronomía al Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (FPTA) del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).

Ocupa unas 60 hectáreas y está organizada en 32 parcelas de aproximadamente dos hectáreas. Allí se combinan cultivos agrícolas, pasturas y animales, y se estudian distintas alternativas de rotación, con un gradiente de diversidad que va desde una agricultura continua hasta sistemas que incorporan más cultivos y rotaciones con pasturas y ganadería.

“Se busca tratar de emular los sistemas de producción, salir un poco de lo que son las parcelitas experimentales chicas, pasar a escalas de potrero”, explicó el ingeniero agrónomo Javier García Favre, docente del Departamento de Producción Animal y Pasturas. La intención no es abandonar los ensayos tradicionales, sino complementarlos con experimentos capaces de integrar diferentes componentes de un sistema productivo.

Para Santiago Álvarez, docente del Departamento de Producción Vegetal y del Grupo Disciplinario Sistemas de Producción, uno de los aportes centrales es precisamente esa integración. “Muchos de los experimentos que se hacen en la EEMAC consisten básicamente en parcelas chicas”, señaló. La plataforma permite llevar esas preguntas a una escala mayor y observar las interacciones entre diferentes componentes.

El tamaño de las parcelas permite además incorporar elementos difíciles de manejar en ensayos pequeños: hay bebederos y animales que rotan dentro del sistema, mientras las diferentes secuencias de cultivos y pasturas se mantienen durante períodos prolongados.

Uno de los conceptos que atraviesa la investigación es la diversificación. Pero los investigadores advierten que no cualquier combinación de cultivos produce necesariamente un sistema más sustentable. La plataforma estudia la diversidad en el espacio, mediante diferentes especies y componentes presentes en el sistema, y en el tiempo, a través de las rotaciones.

“La diversidad per se, capaz que no”, aclaró Álvarez. “El tener un buen criterio agronómico y a eso aplicarle diversidad de cultivos, eso sí es lo que podría empezar a generar una mejora en la salud del suelo”.

La diferencia es importante: no se trata simplemente de incorporar más especies, sino de determinar qué combinaciones y secuencias producen beneficios agronómicos. La alternancia entre cultivos puede tener efectos sobre los rendimientos posteriores, mientras que la incorporación de pasturas agrega otros efectos sobre el suelo y el funcionamiento general del sistema.

La plataforma busca medir esos efectos y determinar qué sucede cuando las decisiones productivas se analizan en conjunto y durante varios años. Una de las líneas de trabajo está enfocada en la salud del suelo. Los investigadores buscan observar cómo la diversidad planificada en el espacio y en el tiempo modifica indicadores como la materia orgánica, el carbono orgánico total y la presencia y actividad de microorganismos y fauna vinculada al reciclaje. También se estudian las malezas y los polinizadores, ampliando la mirada más allá del rendimiento de los cultivos.

Actualmente funcionan alrededor de seis proyectos vinculados a la plataforma, que abarcan salud del suelo, polinizadores y malezas, bioinsumos, persistencia de pasturas y carbono, además de trabajos orientados a caracterizar los ambientes. En algunos casos, las parcelas se dividen para comparar manejos diferentes. Por ejemplo, se incorporan bioinsumos en una parte y se mantiene el manejo tradicional en otra.

La posibilidad de trabajar a esta escala abre además la puerta a validar tecnologías en condiciones más próximas a las de un establecimiento productivo. Para García Favre, la plataforma puede permitir que investigadores o empresas prueben tecnologías cuya adopción todavía presenta incertidumbres.

“Si alguien quiere venir a validar algún producto con la tecnología que hoy está existiendo pero que es difícil de adopción porque no hay mucho conocimiento aún, con la plataforma eso podría empezar a generarse”, sostuvo.

El valor de esperar

Hay otra característica que diferencia esta experiencia: el tiempo. La evolución del carbono y la materia orgánica del suelo, la persistencia de una pastura o los efectos acumulados de una rotación requieren años de observación. En ese sentido, la plataforma de la EEMAC se incorpora a una tradición de experimentos de largo plazo que la Facultad de Agronomía considera un patrimonio científico de gran valor.

El ingeniero agrónomo Pablo González, docente del Departamento de Biometría y Estadística, participó de la jornada junto con Grahmann y explicó que existe una intención de generar un grupo de trabajo dedicado a recuperar y aprovechar ese patrimonio. “Hay experimentos de Facultad de 30 años, de 20 años, o sea, información acumulada que hoy tendríamos condiciones como para sacar muchos productos o resultados para transferir al sector productivo”, afirmó.

La propuesta apunta a integrar experimentos ubicados en distintas estaciones y centros de la Facultad, algunos con décadas de información acumulada, para revitalizarlos y generar nuevos proyectos y productos de investigación. Entre las posibilidades está la creación de bases de datos de acceso abierto que permitan aprovechar ese conocimiento y transferir nuevos resultados tanto al ámbito académico como al sector productivo.

La visita de Kathrin Grahmann se vinculó directamente con esa búsqueda. La investigadora recorrió durante la semana distintos sitios experimentales donde se desarrollan investigaciones relacionadas con el doctorado de la ingeniera agrónoma Paulina Siri, que codirige González.

“Mi principal objetivo era conocer todos los sitios experimentales donde Paulina Siri va a hacer sus análisis para conocer cómo está el lugar, lo que se está midiendo, conversar también con los líderes de estos experimentos y qué datos van a estar disponibles”, explicó Grahmann.

La investigadora tiene además un vínculo previo con Uruguay. En 2019 dictó un curso de maestría en Montevideo y anteriormente había trabajado en la EEMAC. Actualmente vive en Alemania y trabaja como investigadora en el Leibniz Centre for Agricultural Landscape Research (ZALF), dedicado al estudio de los paisajes agrícolas.

Desde 2020 coordina allí una plataforma con algunas similitudes con la que funciona en la EEMAC, particularmente en la búsqueda de diversificar los sistemas productivos mediante rotaciones y en el trabajo a una escala mayor. Para Grahmann, Uruguay tiene además una ventaja particular: sus experimentos de largo plazo.

“Una de las riquezas de investigación que yo siempre digo son los experimentos de largo plazo que existen aquí en el país”, destacó, tanto los desarrollados por la Facultad de Agronomía como los de INIA. A su juicio, esos experimentos constituyen una fuente de información especialmente valiosa para estudiar propiedades del suelo y secuestro de carbono, y pueden tener interés también para investigadores de otros países.

Para la ingeniera agrónoma Juana Villalba, encargada de la Dirección de la EEMAC, la visita se inscribe en una estrategia de búsqueda de vínculos internacionales para proyectos de características similares. “Viene a hacer una visita pensando en extender puentes y buscar conexiones con proyectos de las mismas características, pero a nivel internacional”, señaló.

La plataforma experimental todavía se encuentra en sus primeras etapas y algunos de los resultados que se buscan medir necesitarán años para hacerse visibles. Pero justamente allí está una de sus principales características: construir conocimiento que no dependa solamente de resultados inmediatos.

Por lo tanto el desafío es pasar de mirar un cultivo aislado a observar el sistema; de medir una campaña a estudiar una secuencia de años; y de analizar exclusivamente la producción a incorporar también el suelo, la biodiversidad y las interacciones entre los distintos componentes.