En la era digital, la inclusión ya no depende solamente de rampas, intérpretes o apoyos físicos. Cada vez más, pasa por una pantalla, un software, una herramienta tecnológica que permita comunicarse, leer, escribir o interactuar. Para muchas personas con discapacidad, la tecnología no es un complemento: es la condición que define si pueden participar o quedar al margen.
En ese escenario, la Intendencia de Montevideo impulsa el Centro de Referencia en Tecnologías para la Inclusión (CeRTI), un espacio público y gratuito que asesora a personas con discapacidad, familias y profesionales en la búsqueda de soluciones tecnológicas adaptadas a sus necesidades. La propuesta parte de una idea que empieza a ganar lugar en el debate público: la tecnología “no es un lujo ni un accesorio”, sino un derecho que habilita otros, como educación, trabajo, comunicación y autonomía, dijo a la diaria la coordinadora del espacio, Roxana Castellano.
Para Castellano, la formación es clave en la integración de herramientas de accesibilidad desde edades tempranas. “Para nosotros es una prioridad que los docentes cada vez más se formen e informen acerca de cómo la tecnología puede ayudar a los estudiantes con discapacidad”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que la tecnología no es un complemento, sino, en muchos casos, una condición de posibilidad. “Siempre decimos que para nosotros la tecnología es un apoyo, pero para las personas con discapacidad en muchos casos es la única forma de hacer las cosas”, afirmó, y ejemplificó: “Puede permitir a una persona comunicarse o quedarse en silencio, acceder a la información o perdérsela”.
“Como educadores y formadores, tenemos la responsabilidad de conocer esto, porque realmente estas herramientas pueden cambiar la vida de las personas”, remarcó.
Consultada sobre la conciencia social en torno a este tema, consideró que ha habido avances: “Creo que hoy se está visibilizando mucho más, que el proyecto ha ayudado a que se visibilice”. Sin embargo, advirtió que, “sin duda, falta muchísimo por hacer”.
Cifras
Según el censo nacional de 2023, aproximadamente 197.000 personas en Uruguay viven con alguna discapacidad, lo que representa alrededor del 6,6% de la población total.
Las brechas aparecen desde edades tempranas. De acuerdo con el informe del Ministerio de Desarrollo Social publicado en octubre del año pasado, el 7% de las personas con discapacidad mayores de 25 años nunca accedió al sistema educativo y el 53% tiene como máximo nivel alcanzado la educación primaria.
El 29% de las personas en situación de discapacidad no tiene acceso a internet y solo un 47% de las personas de 5 años o más en situación de discapacidad cuentan con una computadora o tablet en el hogar, 18 puntos porcentuales menos que la población sin discapacidad.
De qué trata la iniciativa
El CerTI es un servicio público y gratuito impulsado desde la Secretaría de Discapacidad de la Intendencia de Montevideo en conjunto con la institución educativa Creática, que también dirige Castellano.
El proyecto nació en 2011 bajo el nombre Proyecto TIC Montevideo y, según detalló Castellano, “se fue consolidando después, a partir de 2015, como CerTI en el Parque de la Amistad”. Su objetivo central es trabajar en la intersección entre tecnología, inclusión y discapacidad.
“Recibimos en el Parque de la Amistad a personas con discapacidad, sus familias, profesionales, que presenten alguna barrera”, señaló. Esas barreras pueden ser de comunicación, visuales o cognitivas. “Lo que hacemos es poner a disposición de las personas tecnología que las ayude a vencer las barreras”.
El CeRTI combina distintas líneas de trabajo. Por un lado, brinda asesoramiento semanal. “Brindamos asesoramiento los días miércoles”, indicó Castellano. En ese espacio más reducido, “más o menos unas 50 personas al año son las que pasan por allí” y son atendidas “una vez por semana con sus familias y sus profesionales”.
Además, el espacio tecnológico del Parque de la Amistad recibe grupos educativos durante toda la semana. “Todos los días de la semana se reciben grupos de estudiantes de distintos sistemas educativos –primaria, secundaria, UTU– y nosotros invitamos a los estudiantes a participar en el espacio y a generar conciencia de cómo las personas que tienen alguna discapacidad acceden a la tecnología”.
También se desarrollan instancias de formación. “Estamos dando talleres. [...] Buscamos trabajar con la nueva gestión del área de discapacidad para formación hacia otros organismos del Estado”, afirmó. El objetivo es que distintas dependencias, como los sistemas de salud de la propia intendencia, puedan recibir “de una manera más accesible a personas en situación de discapacidad”.
Inteligencia artificial
Si bien el CeRTI no desarrolla tecnología propia, acompaña procesos de innovación. “No somos un equipo desarrollador, pero somos un equipo de profesionales que utilizan tecnologías ya existentes”, aclaró Castellano. No obstante, “sí trabajamos con personas a las que, por ejemplo, les interese desarrollarlas, y también hacemos asesoramientos en ese sentido”.
Según detalló, se han acercado profesionales de ingeniería eléctrica, electrónica e informática con intención de crear dispositivos o aplicaciones. “Nosotros funcionamos como equipo asesor y ya incorporamos inteligencia artificial para personas con discapacidad”, agregó.
Castellano mencionó ejemplos concretos: “Hoy existen sistemas de comunicación aumentativa que incorporan herramientas de inteligencia artificial [IA]. Para el caso de personas con barreras motoras o cognitivas, hoy la IA mejora y resume los textos. Utilizamos IA en muchos casos”.
Alianzas y alcance nacional
El trabajo del CeRTI se apoya en alianzas con organismos públicos. “Permanentemente se van haciendo acuerdos”, afirmó. En distintos momentos han trabajado con la Administración Nacional de Educación Pública [ANEP], UTU y el Ministerio de Desarrollo Social en procesos de formación docente y técnica”.
“El espacio ha formado a docentes de educación especial de la ANEP, de Secundaria y de UTU”, detalló. Además, señaló que el CeRTI impulsó la creación del actual centro de accesibilidad e inclusión, que atiende también las necesidades de tecnología a los estudiantes con discapacidad.
Aunque depende de la Intendencia de Montevideo, su impacto trascendió el ámbito departamental, subrayó.
Tecnología como derecho
Castellano planteó que uno de los cambios necesarios es consolidar la idea de la tecnología como derecho básico. “Hay que ir incorporando a otros organismos del Estado, por ejemplo, el Banco de Previsión Social [BPS], entender que la tecnología no es un lujo, es un derecho”.
En esa línea, compara las tecnologías de apoyo con otras prestaciones ya reconocidas. “Así como hoy hay prestaciones que se entregan, como puede ser un par de lentes, una silla de ruedas, una prótesis, que son necesarias para la autonomía de las personas, la tecnología también está dentro de esas herramientas”.
A futuro, imaginó al CeRTI como un espacio que continúe articulando y ampliando redes. “Lo imagino aportando y apoyando a otros proyectos, ampliando la cobertura a través de las redes que se van tejiendo con otros organismos del Estado y con otros ámbitos de la intendencia”.
“Es un espacio que empuja e impulsa. Es un proyecto pequeño, con un equipo acotado, pero ha servido como disparador para que muchos otros entes, organismos, instituciones tomen el tema, se formen y empiecen a adoptar estas tecnologías hacia adentro de sus propios sistemas”, resaltó.
No obstante, reconoció desafíos estructurales. “Creo que uno de los mayores desafíos es que la tecnología no está en Uruguay, hay que traerla del exterior”, señaló.
“La forma que tiene la gente de acceder a la tecnología es por intermedio de los estudiantes que están en la educación pública, pero las demás personas tienen que comprarla en el exterior, y creo que esa falta de acceso complica la masividad”, reflexionó.
Otro reto es la formación, ya que el problema del acceso no se termina solo con entregar tecnología, sino que la persona y su entorno deben aprender a utilizarla, finalizó.