Montevideo enfrenta un desafío creciente en materia de movilidad urbana. El aumento sostenido del uso del automóvil, la pérdida de usuarios del transporte público y la expansión de los tiempos de viaje están configurando un escenario que, de no revertirse, podría derivar en mayores niveles de congestión y deterioro de la calidad de vida en la ciudad.
Así lo planteó el ingeniero Matías Gutiérrez en diálogo con la diaria, y advirtió que la capital uruguaya “está perdiendo la batalla contra el auto”.
Para el especialista, el principal riesgo es que Montevideo profundice un círculo de deterioro progresivo del sistema de transporte colectivo, en un contexto en el que cada vez más personas optan por trasladarse en vehículos particulares.
“A medida que más personas usan el automóvil, empeora el servicio de transporte público y se encarece porque tiene menos usuarios; entonces se vuelve menos atractivo y todavía más gente se pasa al auto”, explicó Gutiérrez, quien integra un grupo de investigación en la Facultad de Ingeniería que estudia cuáles son las posibles soluciones a los desafíos en materia de movilidad.
Según Gutiérrez, este proceso no solo impacta en la circulación urbana, sino también en la forma en que la ciudad se proyecta al futuro. Si la matriz de movilidad no cambia en los próximos diez o 15 años, sostuvo, podrían consolidarse escenarios de fuerte congestión, mayores tiempos de traslado y dificultades crecientes para sostener un sistema de transporte eficiente.
El especialista señaló que los desafíos de movilidad exceden el tránsito y se vinculan con aspectos estructurales de la vida urbana, como el acceso al trabajo, la organización del territorio y la calidad ambiental.
En ese sentido, planteó la necesidad de discutir políticas de largo plazo que permitan fortalecer el transporte público y reducir la dependencia del automóvil en Montevideo.
El docente universitario sostuvo que Montevideo todavía no alcanzó niveles “insoportables” de congestión como otras grandes ciudades de la región, pero aseguró que la tendencia actual apunta en esa dirección. “Montevideo está perdiendo la batalla contra el auto”, afirmó.
Transporte público, bicicletas y espacios peatonales
Frente a este escenario, Gutiérrez planteó que la única salida viable es avanzar hacia un “modelo de movilidad más sostenible”, basado en el fortalecimiento del transporte público, las ciclovías y los espacios peatonales.
“La única solución que hemos encontrando es migrar hacia modelos de movilidad más sostenibles”, sostuvo, e indicó que el transporte público debe convertirse en una “prioridad”.
Gutiérrez explicó que la transformación requiere dos estrategias simultáneas: generar opciones eficientes al automóvil y desincentivar progresivamente su uso. “Hay que generar buenas alternativas, como un transporte público eficiente o mejores espacios peatonales, pero también empezar a desincentivar el uso del automóvil”, señaló, y remarcó que eso implica una “batalla cultural”.
En ese sentido, consideró que proyectos actualmente en discusión, como los corredores de transporte y las reformas en 18 de Julio, representan una oportunidad para comenzar a transformar la movilidad urbana, aunque advirtió que la discusión pública quedó muchas veces atrapada en polémicas secundarias. “Se enfocó mucho la discusión en temas como el túnel sí o el túnel no, y no en el cambio sistémico que realmente se está proponiendo”, afirmó.
El experto advirtió que si el tema no se aborda de forma completa, se corre el riesgo de que la iniciativa fracase.
Desigualdad territorial y acceso a derechos
Gutiérrez también alertó que la movilidad tiene efectos directos en la desigualdad social y territorial. Afirmó que los problemas de transporte condicionan el acceso a derechos básicos como la educación y el trabajo. “Para muchas familias implica poder acceder o no a la educación para sus hijos o a oportunidades laborales en condiciones adecuadas”, sostuvo.
El especialista consideró que cualquier reforma del sistema de movilidad debe contemplar una expansión progresiva hacia distintas zonas de Montevideo para evitar profundizar desigualdades territoriales.
¿Falta de planificación?
Consultado sobre si Montevideo está planificando la movilidad del futuro o simplemente reaccionando a los problemas actuales, Gutiérrez consideró que predominan los “síntomas de falta de planificación” y advirtió que muchas decisiones recientes muestran más pragmatismo político que una visión estratégica de largo plazo.
El especialista mencionó como ejemplo el debate en torno a las obras proyectadas en 18 de Julio y la discusión sobre la construcción de un túnel, que, a su juicio, evidencian la ausencia de un “plan director” claro para el sistema de transporte de la ciudad. “No se ve una línea que marque el rumbo de hacia dónde vamos en el tema del transporte. Parecería más que estamos reaccionando”, afirmó.
No obstante, sostuvo que las discusiones actuales también representan una oportunidad para corregir el rumbo y comenzar a pensar transformaciones de largo plazo. “Cada una de estas instancias es una posibilidad de cambiar el rumbo”, afirmó, aunque advirtió que muchas veces las decisiones terminan condicionadas por dinámicas políticas que exceden el plano técnico.
Gutiérrez también planteó una mirada crítica respecto del ámbito técnico y académico, al considerar que todavía no existe suficiente capacidad de generar consensos y validaciones que permitan orientar con mayor claridad las decisiones públicas. “Muchas veces los políticos terminan tomando decisiones con herramientas que no necesariamente tienen o que les llegan de tercera mano, porque no es su especialidad”, sostuvo.
Tecnología
Consultado sobre el papel de las nuevas tecnologías, Gutiérrez dijo que herramientas basadas en inteligencia artificial y monitoreo en tiempo real pueden ayudar a optimizar el tránsito, especialmente mediante sistemas avanzados de sincronización semafórica.
“La propuesta se basa mucho en sistemas de monitoreo y respuesta dinámica del tránsito para lograr una sincronización fina de semáforos”, explicó.
Sin embargo, remarcó que la tecnología por sí sola no resolverá el problema de fondo. “No hay mucho más que inventar respecto de la batalla cultural con el automóvil. Hay que generar buenas alternativas y promover su uso”, afirmó.
Finalmente, sostuvo que la transformación de la movilidad debería convertirse en una política de largo plazo respaldada por acuerdos amplios. “Es una oportunidad importante para abordar un tema que nos impacta a todos a largo plazo. [...] Es fundamental alcanzar consensos nacionales que permitan darle continuidad y coherencia al proyecto. Esta sería una verdadera muestra de vitalidad democrática”, concluyó.