Durante el segundo festival Hanjiang en Jiamusi, provincia de Heilongjiang, al noreste de China, el 12 de abril. Hanjiang es una antigua costumbre en Jiamusi, en la que los lugareños gritan al río y rezan pidiendo bendiciones para el año nuevo y una buena cosecha de pesca.
Mientras despliega, fronteras adentro, una versión renovada del macartismo, Estados Unidos encuentra en China la horma de sus aranceles. Pero no todo es oro entre las escamas del dragón: incluso para Pekín la economía guarda algunas luces de alerta. La relación entre Washington y Moscú tampoco es de un solo color: rosa en la sintonía entre sus líderes, opaca en la negociación de sus intereses. El mundo se está reconfigurando, pero no todo lo nuevo está desconectado de lo viejo.