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Ilustración: Ramiro Alonso

El año de Milei

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Surgido de las entrañas de dos dispositivos centrales del capitalismo globalizado –los sets de televisión y las finanzas–, Javier Milei se convirtió, con su triunfo en las presidenciales de 2023, en el primer outsider realmente outsider de la historia política argentina. Llegó sin nada, con el exclusivo aliento de su hermana y las redes sociales, al decir del expresidente Mauricio Macri, y en sus primeros meses en el poder dio vuelta la política como un guante. Casi sin esfuerzo, jubiló a los dos grandes protagonistas de la última década, Cristina Fernández de Kirchner y Macri, y se erigió en el Sol único del sistema político del país. En la Argentina de los pelos de punta, se pasó de las elucubraciones sobre una pronta Asamblea Legislativa que designaría a un funcionario experimentado –se hablaba de Juan Schiaretti [gobernador de Córdoba], que venía de obtener el 6,7% de los votos [en la primera vuelta de las presidenciales, en octubre de 2023]–1 a la sorpresa general ante la veloz consolidación política del gobierno y de ahí a los temores sobre la instalación de un fascismo libertario, una hipótesis que algunos, por un momento, incluso se tomaron en serio.

El 2024 había terminado bien, sorprendentemente bien para un presidente desprovisto de apoyos territoriales y legislativos y que, acompañado por una romería de improvisados y oportunistas, logró contener la inflación, bajar el dólar y construir una precaria gobernabilidad. Con el paso de los meses, sin embargo, el gobierno comenzó a tambalear. Por un lado, los escándalos de corrupción: primero la criptomoneda,2 luego la Agencia Nacional de Discapacidad3 y, por último, los vínculos de Fred Machado con José Luis Espert[^4] afectaron a Milei en dos puntos clave de su discurso: la apelación anticasta y la épica del ahorro fiscal.

Por otro, las inconsistencias del programa económico, sobre todo la decisión de no comprar reservas, dispararon una primera corrida en junio, que Luis Caputo [ministro de Economía de la Nación] logró conjurar gracias al apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los primeros rumores de un posible auxilio de Estados Unidos, y una segunda, más grave, en setiembre de 2025, después de la derrota en la provincia de Buenos Aires. El 22 de setiembre de 2025, con los dólares paralelos subiendo y el Banco Central quemando reservas, Milei estaba grogui: circulaban rumores sobre la renuncia del ministro de Economía, sobre un próximo feriado cambiario, sobre una devaluación a la desesperada. Acorralado, Caputo anunció un esquema de retenciones cero, que más que tranquilizar contribuyó a agravar al panorama, hasta que llegó el tuit salvador de Scott Bessent [secretario del Tesoro de Estados Unidos]. El auxilio de Washington, concretado en la certeza de un alineamiento total bajo las nuevas condiciones geopolíticas de la “Doctrina Donroe”,4 había salvado a Milei sobre la hora.

El auxilio se conjugó con la victoria en las elecciones de octubre de 2025, tanto más contundente por lo que tuvo de nacional y de inesperada. Milei derrotó al peronismo en todas sus variantes, al ensayo de tercera vía de Provincias Unidas, al “voto Radio con Vos” del progresismo metropolitano. Como señalamos en su momento,5 la primera explicación fue la decisión casi diríamos militante de activar el voto antiperonista espantado ante la posibilidad de un nuevo triunfo justicialista luego de la elección bonaerense, que actuó en los hechos como una primera vuelta. La segunda, la capacidad de Milei de leer la sociedad que gobierna, quizás el mayor mérito de un político que es mucho más intuitivo que sistemático, priorizando la baja de la inflación y la estabilidad cambiaria por sobre el resto de las cuestiones (empleo, crecimiento, informalidad), muy consciente de que su frágil adhesión social dependía casi exclusivamente de esta variable.

Así, Milei logró completar su segundo año en el poder evitando un diciembre caliente. Desde 2001, la clase política tiembla ante la posibilidad de que cualquier diciembre se transforme en ese diciembre. “Tenemos todo listo para que cuando se junten 50 personas en la puerta de un Carrefour lleguemos en media hora con los camiones con alimentos, los colchones, los asistentes sociales y... la policía”, me dijo hace años un intendente del conurbano. Pero Milei es el primer presidente en dos décadas que no es un hijo de diciembre; su mito de origen, el trauma fundante de su liderazgo, es la pandemia. Entonces tomó dos decisiones: ordenó aumentar la Asignación Universal por Hijo por arriba de la inflación (una política que no promociona para no espantar a su base) y cortó de un solo golpe los fondos para los movimientos sociales, secando a las organizaciones que durante años y años mantuvieron una paritaria permanente con el Ministerio de Desarrollo Social. Ahí donde el kirchnerismo, e incluso el macrismo, destinaba una creciente cantidad de recursos a planes y cooperativas, Milei se afirmó en su discurso de orden: orden en la macroeconomía y orden en las calles. Como si dijera: a ver quién se anima.

El índice de confianza social de la moneda, elaborado por la Universidad Nacional de San Martín bajo la dirección de Ariel Wilkis,6 parte de la idea de que la moneda organiza mucho más que intercambios económicos, que es un factor estructurante de las relaciones de confianza entre el Estado, la sociedad y el futuro; sin moneda es imposible pensar el mañana, porque la moneda no es sólo una herramienta para el comercio y el ahorro, sino el signo fundante de un orden social. Elaborado de manera sistemática a través del tiempo, el estudio revela que, luego del rescate estadounidense, la victoria electoral y la pax cambiaria, creció la expectativa de que Milei pueda sostener el valor del peso argentino. Pero también muestra que es una estabilidad limitada: el peso argentino recupera legitimidad operativa para pagar y calcular, pero persisten dudas sobre su capacidad para preservar valor en el tiempo y proyectar estabilidad futura. El peso argentino organiza la vida cotidiana, mientras que el dólar continúa siendo la referencia de resguardo, percepción que se impone también entre los votantes de Milei, que serán libertarios pero no zonzos.

Con menos elementos empíricos que la investigación de Wilkis, mi tesis es que la oportunidad que le concedió la sociedad a Milei con su apoyo masivo en octubre de 2025 fue la última. En aquella oportunidad se impuso el temor a un “lunes negro”, la desconfianza económica que despierta el peronismo y la decisión colectiva de conservar la estabilidad; probablemente una mayoría social rechace la brutalidad con la que Milei trata a los discapacitados, los recortes a las universidades y los apaleos semanales a jubilados, pero priorizó la baja de la inflación y la consolidación cambiaria. En los años 1990, la sociedad también premió a Carlos Menem con una sucesión de permitidos, que podían ir desde la ostentación de una Ferrari violando los máximos de velocidad en la ruta 2 a la creciente exclusión social, y recibió a cambio una serie de beneficios. La convertibilidad fue un verdadero pacto social, una implícita Moncloa,7 según el cual la sociedad le entregó al mercado la igualdad y el empleo, y recibió a cambio estabilidad, crecimiento y consumo.

En su último libro,8 el periodista Jorge Liotti advierte sobre la maldición del año tres. Sostiene que en su primer año los gobiernos apenas logran acomodarse, entender dónde están las palancas, integrar un gabinete que en general se improvisa sobre la hora; en el segundo, necesitan revalidarse electoralmente, para lo cual invierten todos los recursos disponibles –fiscales, financieros, políticos–. Ganen o pierdan esas elecciones, quedan exhaustos, como sucedió con Cristina Fernández de Kirchner después de la devaluación de 2014, con Macri obligado a pedir socorro al FMI y con Alberto Fernández ante la crisis de gabinete que terminó con la salida de Martín Guzmán [ministro de Economía].

No es una fatalidad del destino, sino una consecuencia del diseño constitucional de elecciones intermedias en un país en estado de permanente fragilidad económica. Entonces insisto: creo que el crédito obtenido por Milei en las elecciones de octubre de 2025 es su última oportunidad. Para hacer viable la reelección de la que su equipo ya habla abiertamente, tendrá que mostrar algo más que una inflación clavada en dos y pico y un dólar contenido; deberá ofrecer algún nivel de recuperación salarial, el regreso del crédito (que ya había comenzado a insinuarse pero se detuvo a mediados de año), cierta recuperación del consumo popular. Dadas las características de un modelo que apuesta a sectores con poca capacidad para crear trabajo, como los hidrocarburos y la minería, parece difícil que lo logre; quizás con algunas medidas oportunistas –un giro pragmático a tiempo– pueda corregir estas limitaciones estructurales. Pero esto implicaría niveles de flexibilidad que aún no ha mostrado y un enfoque que vaya más allá de las finanzas para poner el foco en la economía real, algo que tampoco hizo hasta ahora. El 2025 fue el año de Milei, pero todavía falta mucho para que se convierta en Menem.

José Natanson, director de Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.

Tres empanadas

Durante décadas, la frontera del río Táchira, que separa Colombia de Venezuela, no sólo dividió dos naciones, sino dos concepciones del bienestar proteico. Mientras que en Colombia la comida callejera estaba dominada por la empanada de arroz, esa masa crujiente donde el cereal actúa como un expansor del volumen y un mitigador de la ausencia de carne o pollo, en Venezuela la empanada de masa de maíz frita, rellena de abundante carne de res o cerdo desmechada, era, hasta el colapso del modelo chavista, un clásico del consumo popular. En Argentina, la novedosa multiplicación de locales de empanadas baratas (1) –y, más recientemente, la venta ambulante en estaciones de tren y esquinas estratégicas– revela el ocaso de una forma de alimentarse. Verdadero fast-food de la crisis, las empanadas al paso ofrecen una solución increíblemente económica –menos de 1.000 pesos argentinos en Buenos Aires, incluso menos en el interior– y práctica para el trabajador que no puede permitirse gastar 10.000 pesos en un almuerzo en un bar, y que además carece de tiempo en una época de multiempleo y transporte público colapsado. La “callejización” de la comida como signo –otro más– del aumento de la informalidad, la caída del salario y la peruanización de la estructura social argentina. A este precio sin competencia, casi el equivalente al de un boleto de colectivo, la empanada resuelve. El resultado es el deterioro de la calidad alimentaria (el abundante uso de cebolla y el recurso al espesante son los trucos habituales) y la pérdida de la excepcionalidad alimentaria del país del bife infinito.

(1): “El fenómeno de las empanadas ‘low cost’: por qué es un negocio que no para de crecer”, Perfil, Buenos Aires, 16-8-2024.


  1. NdR: Ver, por ejemplo, “El círculo rojo se anota en el club del helicóptero: ofrece a Schiaretti en la línea sucesoria”, El Ciudadano, 10-9-2025. 

  2. NdR: Ver, por ejemplo, “Tres claves para entender el escándalo $LIBRA de Javier Milei, la promoción de una criptomoneda que terminó con pérdidas millonarias”, La Nación, 17-2-2025. 

  3. NdR: Ver, por ejemplo, “Difundieron audios de Karina Milei tras el escándalo por las presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad”, Infobae, 29-8-2025. 

  4. Ver cobertura de tapa de Le Monde diplomatique, edición Uruguay, diciembre de 2025. 

  5. “Después de las elecciones: la resurrección de Milei”, la diaria, 27-10-2025. 

  6. https://unsam.edu.ar/institucional/Informe-Completo-ICSM-Unsam.pdf 

  7. NdR: Por los Pactos de la Moncloa, acordados en 1977 en España entre gobierno, partidos políticos, sindicatos y empresarios con el fin estabilizar la economía y consolidar la transición democrática. 

  8. La última encrucijada, Planeta, 2023. 

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