“Lejos de querer yo decirles compañeros”. Así se titula un texto de uno de los principales poetas vivos de la lengua castellana, el peruano Mario Montalbetti. La genial ambigüedad del título es que, si nos abstraemos de la ausencia de la coma, puede ser el inicio de una declaración llena de humildad o una ruptura para siempre. No lo sabremos hasta leer el poema. La poesía permite, incluso, que sea las dos cosas al mismo tiempo. Spoiler: un poco lo es.
Algo de ese doble sentido está en el origen del cortocircuito que ha seguido a la propuesta del más mediático legislador de la izquierda ¿española?, Gabriel Rufián, de generar un espacio común de las izquierdas de ese territorio administrativamente llamado España. Los signos de interrogación del gentilicio forman parte de la barrera conceptual más importante que tiene que superar el diputado de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Es decir, muchos partidos de las comunidades autónomas, incluida la propia estructura de dirigentes de ERC, quieren saber muy poco con España. Y dentro de ese poco no está, al parecer, formar un espacio unitario de izquierda.
La intención de Rufián puede estar llena de personalismo, como dicen sus detractores. Lo que no está es vacía de necesidad. Con la ultraderecha ganando porciones del pastel electoral con voracidad mal disimulada, y la derecha a secas tratando de aprovechar la situación sin ser deglutida en la demanda, a la izquierda le viene tocando el papel del arrinconado. En la curiosa situación de ser parte del gobierno sin que parezca que quiere serlo demasiado, está dejando incluso que el socio mayoritario en el Poder Ejecutivo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de indudable centro, aparezca como la opción más radical de políticas efectivas con las que intentar evitar la debacle. Seguir con el PSOE poniendo mala cara ha sido, hasta el momento, una estrategia que no parece haber dado buenos resultados, a juzgar por las golpizas sufridas en múltiples elecciones locales en los últimos meses y por las proyecciones a futuro.1 Así las cosas, Rufián propone unirse a pesar de hablar lenguas diferentes. Una suerte de brigadas internacionales formadas por gentes de dentro de los límites del Estado español.
Los militantes de a pie, si nos atenemos al impacto en redes sociales,2 parecen haber tomado la idea con beneplácito, pero las cúpulas no.3 Al principio Rufián habló de “crear un frente amplio”, algo que con el paso del tiempo fue rebajando rodaja tras rodaja, hasta quedarse, al parecer, solo con las fuerzas “soberanistas, independentistas, nacionalistas, autodeterministas”.4
Lejos de querer yo decirles de quién es la razón, pero ya que se ha mentado la marca registrada de la centroizquierda de estas pampas, que este 26 de marzo cumple 55 años de su primer acto de masas (habiendo sobrevivido en ese tiempo a 12 años de dictadura y a tres períodos siendo gobierno), sería bueno mencionar algunas de sus “lecciones aprendidas”. No todas. Apenas el abecé de la cuestión.
Como punto A, este medio siglo y un lustro parece sugerir que la unidad no es un fin en sí mismo, pero tampoco es apenas un medio. Entenderlo no es un gambito teórico, es resultado del trabajo. Para lograrla, muchas veces, hay que poner cabeza abajo las reglas de la negociación. Y ese es el término B de la ecuación: en la unidad entre partidos, el que tiene más es el que cede más. Siempre que se negocia con un criterio realmente unitario hay que abordar la negociación con las reglas completamente invertidas, aunque no lo estén del todo. Así, el sector mayoritario renuncia a la aplanadora como mecanismo de relacionamiento, y los minoritarios no se aprovechan tanto como para volver imposible el entendimiento. Uno de los ejemplos fue el hecho de que el luego vicepresidente Danilo Astori –principal figura independiente del momento– encabezara en 1989 todas las listas del Frente Amplio al Senado, sabiendo que iba a ocupar una sola banca, es decir, la del sector más votado. De ese modo el Partido Comunista, que partía primero en las encuestas, sacrificó un legislador propio, pero el conjunto ganó mucho más que esa pérdida de una de sus partes. También por eso es que hoy el avasallante desempeño electoral del Movimiento de Participación Popular (MPP), de José Mujica, no se refleja en el gabinete con exactitud matemática.
Un tercer axioma dice que para construir algo sólido, hay que disolverse un poco. Si se quiere que la unidad entre partidos sea sostenible en el tiempo, se tiene que crear, a la vez, una unidad transversal de los militantes de esos mismos partidos que sea más fuerte que la propia adscripción partidaria. El Frente Amplio lo tiene en su definición: coalición y movimiento en un equilibrio que se refleja en su mecánica orgánica de toma de decisiones. Esa dislocación es la que da el peso orgánico sustantivo a las estructuras militantes llamadas “las bases”, organizadas –sobre todo, pero no exclusivamente– en forma territorial, mediante un encadenamiento de comités barriales que se nuclean en coordinadoras zonales y departamentales que luego inciden –de forma imperfecta, pero en muchos sentidos efectiva– en la dirigencia. Tómese esa práctica, repítase durante cinco décadas y un lustro, y el resultado será una sólida identidad política.
¿Es posible trasladar, en un ejercicio teórico, ese abecé vernáculo a un medio tan diferente como el español? Lo real es que, si al otro lado del Atlántico se quiere hacer un Frente Amplio que sea digno de su nombre, y no solo un espacio vacío para responder a la necesidad de tener una foto sonriente de las cúpulas, la metrópoli tendría que buscar un poco en el carcaj de los indios. Aunque no sea lo habitual.
Roberto López Belloso, director de Le Monde diplomatique, edición Uruguay.
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“La izquierda de Díaz y Montero desaparece ya en 5 autonomías y Vox gana todo para crecer en 11”, El Mundo, Madrid, 17-2-2026. ↩
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“‘Poneos de acuerdo que nos comen los fascistas’, las redes opinan sobre Rufián y la unidad de la izquierda”, infoLibre, Madrid, 13-2-2026. ↩
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“Junqueras mantiene su apoyo a Rufián, pero pasa de puntillas sobre su propuesta para la izquierda”, Público, Madrid, 19-2-2026. ↩
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“El gran obstáculo para la ‘vía Rufián’: el diputado viral no convence a ningún partido”, El País, Madrid, 18-2-2026. ↩