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Murió el investigador literario y cinematográfico Jorge Ruffinelli

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Debido a la dictadura, desarrolló la mayor parte de su carrera en el extranjero.

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Dos concursos organizados por Marcha hace unas cuantas décadas deben seguir siendo los más notables de la literatura uruguaya. El de 1969, porque premió a dos jóvenes raros que se transformarían en autores clave: Cristina Peri Rossi, que había presentado El libro de mis primos, y Mario Levrero, que consiguió una mención especial por La ciudad. El de 1974, por motivos infames: a los dictadores les molestó tanto el cuento ganador (“El guardaespaldas”, de Nelson Marra) que ordenaron la captura de quienes lo habían elegido, además de encaminar el cierre del semanario.

Jorge Ruffinelli integró ambos jurados. Tras la migración de Ángel Rama al hemisferio norte, había sido parte del grupo de estudiantes avanzados y personas de confianza que lo relevaron en sus distintos proyectos culturales: el departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades de la Udelar, la editorial Arca y las páginas literarias de Marcha. Ruffinelli quedó como encargado de ese espacio en el semanario y por eso fue parte de la organización de los concursos, aunque zafó de la cárcel que les tocó a sus compañeros de tribunal Juan Carlos Onetti y Mercedes Rein en 1974 porque ya se había ido del país; estaba en Buenos Aires, donde continuaba su trayectoria académica junto a Noe Jitrik.

El exilio de Ruffinelli se prolongó en México. En la Universidad Veracruzana realizó encuentros, luego libros recopilatorios, en torno a Onetti, Cortázar, García Márquez y Augusto Monterroso, entre otros, con la presencia de los autores. Allí, además, fundó la revista Texto crítico y llevó adelante sus investigaciones sobre narradores y pensadores mexicanos como Juan Rulfo, Mariano Azuela y José Revueltas, al tiempo que examinó la mirada de escritores angloparlantes (John Reed, DH Lawrence, Malcom Lowry) sobre la tierra azteca. Poesía y descolonización: Nicolás Guillén, de 1985, lo ubica entre los latinoamericanistas que imprimían una perspectiva de larga duración a sus convicciones antiimperialistas.

“De la crítica uruguaya en el exilio, lo más interesante a señalar ha sido la persistencia de dos fenómenos legítimos y comprensibles: uno, el que muchos de quienes vivimos parte o todos esos doce años fuera, dedicáramos, al margen de la solidaridad y la denuncia, a un esfuerzo académico vinculado las más de las veces a los países que nos hospedaban, o ampliáramos los intereses a la literatura latinoamericana; el otro fenómeno fue el interés por profundizar en el estudio de los autores nacionales, y publicar estos trabajos fuera del país, contribuyendo a su difusión internacional. Así fue como Angel Rama trabajó sobre Garmendia y Garcís Márquez, luego sobre la literatura colonial, Rodríguez Monegal se dedicó a Borges, Hugo Verani a las vanguardias, Javier García Méndez a García Márquez, María Rosa Olivera Williams a la poesía gauchesca, Rocío Antúnez y Roberto Echavarren a Felisberto Hernández, Hugo Achugar a José Donoso, Mabel Moraña al discurso ideológico nacionalista hispanoamericano, yo mismo a Azuela, a Rulfo y a Revueltas”, escribió en 1990 en un artículo sobre la crítica en los años de la dictadura.

Como muchos intelectuales latinoamericanos de la época, Ruffinelli pasó, en la década de 1980, a trabajar en Estados Unidos. Nuevo texto crítico fue la revista que impulsó desde la Universidad de Stanford, donde llegó a dirigir el Centro de Estudios Latinoamericanos.

Además de un investigador y un divulgador literario –“es visible en la crítica de Ruffinelli una decisión de aligerar el lenguaje y de controlar todo desborde erudito sin perder por ello rigor y coherencia”, escribió el peruano Antonio Cornejo Polar–, fue un estudioso y un coleccionista cinematográfico. Con los años, sus publicaciones sobre asuntos de cine latinoamericano fueron ganando lugar. Aunque no volvió a residir en Uruguay, visitaba el país con frecuencia, en más de una ocasión para actuar como jurado de festivales de cine. En 2015 apareció Para verte mejor / El Nuevo cine uruguayo y todo lo anterior, una combinación de ensayo y registro enciclopédico que daba cuenta de que, a pesar de la distancia, seguía muy atentamente lo que ocurría en el campo audiovisual por estos lugares.

El miércoles de tarde se conoció la noticia del fallecimiento de Ruffinelli. Tenía 82 años.

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