El milagro también es una ficción: Santos como nosotros, primera novela de una promesa

La irlandesa Niamh Ní Mhaoileoin escruta los mecanismos de la Iglesia católica.

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Niamh Ní Mhaoileoin es una escritora irlandesa radicada en Edimburgo que se ha convertido en un referente de la narrativa contemporánea europea tras los reconocimientos obtenidos por su primera novela, Santos como nosotros, de 2025, que llegó a Uruguay a través de Letras del Plata, sello editorial de Urano. Entre las distinciones que ha recibido destacan el primer premio de ficción queer PFD y su nominación al premio Discoveries del Women’s Prize en 2022.

La novela explora, desde la perspectiva de su narradora, el duelo por la muerte de su hermano, el descubrimiento de su propia sexualidad y el dolor que atraviesa su familia. Sin embargo, la trama no se limita a estos ejes, sino que introduce un elemento esencial que trastoca el proceso de duelo tanto en lo simbólico como en lo social. La pérdida por la muerte de Ferdia no queda anclada únicamente en la intimidad del hogar, sino que se proyecta hacia la posteridad: el camino al sacerdocio que él emprendió antes de morir determina la singularidad de este proceso.

Ferdia podría ser canonizado. Este proceso burocrático de la Iglesia –con sus esperas y exigencias– es parte de lo que deben transitar su hermana Jacinta (Jay) y su familia, afectando profundamente su universo sensible. La historia no solo aborda este intento de santificación, sino que viaja al pasado para reconstruir el vínculo entre los hermanos. Allí sobresale la parquedad de Ferdia, quien desde pequeño fue una persona entregada a los demás, realizando actos de servicio durante toda su vida, así como el impacto que causó en su familia –especialmente en su padre– su decisión de ser sacerdote.

No obstante, el foco principal reside en las vivencias de Jay. Desde el inicio, ella nos revela que los hitos de su vida han estado filtrados por la figura de su hermano, quien incluso después de muerto parece seguir siendo el centro de atención: “La primera vez que besé a una chica mi hermano murió. Yo tenía 16 años y estaba en una fiesta en una casa enorme con vistas a la bahía de Dublín”. Como sugiere la cita, uno de los temas transversales es el lesbianismo de la protagonista, que evoluciona desde aquel primer beso hasta una relación adulta turbulenta que transcurre en paralelo al proceso de santidad de su hermano. Se evidencian así los pliegues y mandatos de una familia católica cuya única esperanza radica en que su hijo perdido perdure a través del artificio de la santidad, aunque sea un reconocimiento que, por su tardanza, difícilmente puedan disfrutar plenamente.

El tema de la sexualidad no es accesorio; establece un punto de inflexión en las narrativas de mujeres actuales. Aquí no solo se cuestiona el lugar de la mujer en la Iglesia católica, sino la dimensión de los conflictos sexoafectivos marcados por el dogma y las expectativas familiares. Esta mirada ofrece un contraste revelador: frente al “hijo perfecto” destinado a la admiración de los mortales, surge la hija que no obedece los mandatos, pero que, de algún modo, se pliega a las exigencias del entorno, permaneciendo en un escalón inferior dentro de la jerarquía familiar.

La novela indaga tanto en la legitimación de Ferdia como en la de Jay, quien busca su propio lugar en el mundo queer mientras lidia con las estructuras artificiales de la Iglesia. Las acciones de su hermano deben ser amparadas por un relato coherente de testimonios y milagros; un artificio ficcional que responda a las necesidades políticas y coyunturales de la institución. En este sentido, las discusiones de Jay con el padre Richter, quien lleva adelante la investigación para la canonización, propician debates filosóficos sobre los mensajes de los distintos papados, destacando la figura del papa Francisco y su postura misericordiosa sobre la comunidad LGBTQ+.

En su búsqueda, Jay demuestra un profundo autoconocimiento articulado a través de la memoria de su hermano; un trayecto de duelo que le permite, finalmente, hallar una alternativa a la fe tradicional. Santos como nosotros impacta por su crudo recorrido a través de un sistema hermético como el de la Iglesia, y logra identificar –dentro de esa estructura– espacios de fuga donde reside una verdadera luminosidad. Esta luz no viene del dogma rígido, sino de un cristianismo que se manifiesta en la convivencia y el cuidado del prójimo; nos recuerda que la espiritualidad más genuina reside en la capacidad de redimirnos a través del vínculo con los demás.

Santos como nosotros, de Niamh Ní Mhaoileoin. 348 páginas. Letras del Plata, 2025.

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