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Algo parecido a un don, nuevo libro de cuentos de Horacio Cavallo

Ilusiones que se derrumban y fina percepción.

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El uruguayo Horacio Cavallo ha desarrollado una trayectoria propia en la novela, el cuento, la poesía y la literatura infantil y juvenil. Recibió importantes distinciones, entre ellas, varios premios nacionales de Literatura. Su escritura ha dejado para la poesía uruguaya notables libros como El revés asombrado de la ocarina (2006) y Descendencia (2012), entre otros. Su obra narrativa incluye títulos como Oso de trapo (2008), Fabril (2010), El silencio de los pájaros (2013) –reeditado recientemente por Banda Oriental– y Casa en ninguna parte (2018).

Una de las principales virtudes de su reciente colección de cuentos, Algo parecido a un don, parece ser el acento en el despliegue de una sustanciosa actividad perceptiva. La fluida aparición de los climas mediante el escrutinio y los relieves descriptivos, a veces delegados, deslizan la presencia de otro mundo subyacente. Aquellas suspensiones gestuales de los cuentos de Salinger, donde la detención momentánea de la narración profundiza la experiencia sensible, resuenan especialmente en “Maniobra de Heimlich” y “Un pájaro parado sobre un cable”. El retraimiento inicial de sus personajes enciende una maquinaria sensible que finalmente habrá de naufragar en el fracaso de sus ilusiones transitorias.

El cuento “Maniobra de Heimlich” viaja a través de detalles y pequeñas escenas en movimiento, pero también a través de los pormenores del cuerpo transformado por la enfermedad. Tras su mastectomía y luego de experimentar una dolorosa separación, Julia salva a la madre de Ricardo, un hombre al que conoce en el complejo termal y con quien logra un acercamiento esperanzador. Luego de un paseo perceptivo de alto vuelo por el entorno, el impulso, la ausencia de deseo y el deterioro físico dan un golpe mortal a su autoestima.

Un trance de recuerdos reabsorbidos y de impulsos contenidos insiste en “Un pájaro parado sobre un cable”. Eduardo, un jubilado, recibe la llegada inesperada de Eva, antigua habitante de la casa. La muchacha se presenta como una figura extraña y vulnerable ante un Eduardo que, aunque intenta mantener la distancia, no puede evitar una mezcla de curiosidad y desconcierto, intensificada por otra presencia en los límites externos de la propiedad. En plena tormenta, viendo dormir a la muchacha, una excitación abrupta del personaje remueve los cimientos de su compasión. La nostalgia, que parece querer imponerse, es esterilizada por la huida, el ritual familiar, el vacío y las resonantes heridas.

“Ojos de lagarto” articula, a través de la mirada de un niño, la serie de los años 1980 V: invasión extraterrestre, el vínculo con unas gemelas y la pasión de un amigo por los lagartos. Este entramado de referencias se rarifica con la llegada del tío Carlos, un hombre deteriorado cuya apariencia física y pesadillas recurrentes delatan la huella de una experiencia traumática, sugerente de los efectos de la represión dictatorial. Marcos, el pequeño protagonista de la historia, observa e intenta comprender los secretos de los adultos. El cuento reparte los signos de la violencia desde los límites de un mundo lateralizado por las circunstancias y su incomprensión.

Algo parecido a un don nos regala una serie de emergencias progresivas y saturaciones momentáneas de la experiencia explorada en zonas de contagio entre el deseo y el dolor. Sin embargo, es la notoria ruptura de las imposturas lo que más parece trabajar en favor del conjunto. Varios personajes habitan espacios transitorios que refuerzan el aura de su desprotección. A su vez, una suerte de extranjería emocional va modelando las historias con una fuerza que empuja a actuar y a exponerse casi sin remedio. El ritmo impuesto de ciertos trastornos, siempre presentes o sugeridos, no deja de proyectar un horizonte poco estable en la falta de resolución de los conflictos.

Un grupo de poetas que llega a México, luego de la muerte accidental de su colega Ernesto Reyes, oculta su cuerpo en una fosa clandestina para evitar la cancelación de un festival literario en “Apariencia de Reyes”. El cuento narra la farsa y el reclutamiento de Ricardo Casal, un estudiante de cine de notable parecido que asume la identidad del muerto en las lecturas públicas. Mediante una compleja rememoración, la sustitución como mecanismo de supervivencia ambigua acentúa las paradojas.

En “El olor de la madre” una joven relata, en clave de confesión, su vínculo con un estafador que le proporciona información sobre la dictadura y le promete un futuro económico favorable. La suplantación de la identidad de una hija de desaparecidos termina por conectar a la narradora con su propia familia. La exploración del artilugio narrativo de la confesión suma un matiz diferencial respecto de otras incursiones de Cavallo en temas relacionados con las dictaduras rioplatenses.

Por su parte, el cuento que da título al libro se centra en la desconfianza de un padre hacia una cuidadora con un don –algo parecido a un don– que la conecta de manera especial con los bebés. Mientras la desconfianza crece, la empleada comunica el rechazo de la bebé a ser atendida por su padre. El relato insiste en la inestabilidad psíquica del personaje principal, empujado por sí mismo a una investigación delirante y patética que intensifica su incómodo lugar en la familia.

Algo parecido a un don construye una cartografía de la fragilidad donde el cuerpo y las experiencias se convierten en un territorio expuesto a imposturas precarias o laterales. Esta vulnerabilidad agudiza cierta cualidad perceptiva que resuelve el tono de los relatos. Los paisajes ficcionales, a veces hiperfocalizados, configuran un escenario ideal para el derrumbe trágico de las ilusiones.

Algo parecido a un don, de Horacio Cavallo. 112 páginas. Ocho Ojos, 2025.

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