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El asesino serial Pablo Goncálvez se radicó en Punta del Este: entre la alerta social y la tranquilidad de saber dónde está

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“Hay un grado de impunidad que hace que estos agresores se sientan con derecho a seguir en la sociedad como si nada hubiera pasado”, evaluó María Delia Cúneo, de la Coordinadora de Feminismos.

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El único asesino serial de Uruguay, Pablo Goncálvez, condenado por un triple femicidio en los años 90, está residiendo en un edificio de Punta del Este tras cumplir su condena de 23 años, según consignó Subrayado. La última información vinculada con él fue la demolición de la casa que compartía con su madre en Carrasco (Montevideo), en julio de 2025. Su paradero era desconocido, por lo que su reaparición despertó inquietud entre los vecinos del balneario esteño y del departamento.

El jefe de Policía de Maldonado, Víctor Trezza, informó a la diaria que, tras recibir y verificar un dato aportado por particular, se confirmó que “está viviendo con su madre en Punta del Este desde hace unos meses”. No obstante, aclaró que la Policía no hace un seguimiento, porque “no está requerido por ningún delito y la Justicia no dispuso que se debe registrar en una comisaría ni posee libertad vigilada o prisión domiciliaria”. Por lo tanto, aseguró que “no se sabe si actualmente sigue allí”.

Trezza sostuvo que Goncálvez “ya cumplió con la condena y la Justicia lo dejó en libertad”, por lo que “está haciendo su vida normal y no debe generarse una alarma pública”. Pese a ello, afirmó que “si viola la ley, se procederá”, pero mientras eso no ocurra, “es una persona que está en [estado de] recuperación”.

El psicólogo especializado en masculinidades, violencia sexual y violencia basada en género, Néstor Rodríguez, dijo a la diaria que “los delitos muy graves cometidos por Goncálvez quedan en la memoria social y le dan la etiqueta de ser el primer asesino serial en la historia del país”, entonces, “eso genera una gran conmoción social en los entornos en los cuales él se mueve”. No es llamativo que haya “alerta” o “pánico social” por el temor de que “esa persona cometa nuevamente algún tipo de delito de esa naturaleza”.

Cúneo: la libertad de Goncálvez es “una ofensa para la sociedad”

María Delia Cúneo, integrante de la Coordinadora de Feminismos y del colectivo ¿Dónde están nuestras gurisas?, dijo a la diaria que más allá del dictamen de la Justicia, “el hecho de que un femicida con conducta reiterada pueda moverse libremente resulta inadmisible en la ética y una ofensa para la sociedad”. En este sentido, sostuvo que “hay un grado de impunidad que hace que estos agresores se sientan con el derecho a seguir en la sociedad como si nada hubiera pasado”.

Aseguró que “por año hay al menos 15 feminicidas o más y la violencia contra las mujeres sigue siendo una amenaza y está en el centro de las preocupaciones”. En ese marco, señaló que un femicida de estas características, más allá de haber cumplido su condena, “genera repudio de una comunidad que dice: ‘[A] esta persona no la queremos acá’, por lo que simboliza como victimario”.

A su vez, afirmó que es “irreal” que haya “pagado las cuentas”, porque esos femicidios “siguen presentes y se reactivan cada vez que un varón mata a una mujer”. Resaltó que los femicidas “en el fondo no sienten un castigo, repulsa o vergüenza al respecto, más allá del posible castigo de la Justicia”.

No obstante, Cúneo entiende que este caso “puede ayudar a comprender que un femicidio es el último eslabón de una cadena de violencias que debe cortarse antes, y ese hecho no lo reparan ni los años de cárcel”.

Además, subrayó que la reinserción de Goncálvez en la sociedad “habla de una Justicia para ricos y una para pobres, porque la mayoría de las personas que han estado privadas de libertad, por casos menores, cuando salen no tiene las posibilidades de reinserción absoluta en la sociedad, sin embargo, esta persona sí”.

Vivir siempre en alerta

Por su parte, una militante feminista de Maldonado, que pidió reservar su identidad por precaución, contó a la diaria que desde niña se crio con los femicidios perpetrados por Goncálvez y “el miedo en Punta del Este a lo que podía ocurrirte si ibas a bailar”.

De algún modo, ahora le da “tranquilidad” saber dónde está Goncálvez. Sin embargo, al igual que Delia Cúneo, dijo que le parece “grave” que “alguien que mató a mujeres hace 34 años, esté acá como si nada no hubiera pasado”.

“Las mujeres siempre vivimos en estado de alerta, sea porque conozcamos al agresor o no, entonces, creo que el conocer el rostro del victimario y saber dónde está puede ser una herramienta más”, subrayó.

Triple femicidio en dos años consecutivos

Goncálvez, hijo de un diplomático uruguayo, fue detenido el 20 de febrero de 1993 en el Chuy (Rocha), a los 22 años, por el asesinato de Ana Luisa Miller, de 26 años, cometido el 1º de enero de 1992; el cuerpo de la joven fue hallado en la playa Solymar. También por los femicidios de Andrea Castro, de 15 años, el 20 de setiembre de 1992, cuando salía de la discoteca England, en Montevideo, y de María Victoria Willams, de 22 años, el 8 de febrero de 1993; ambas murieron por asfixia. Tras matar a Castro, trasladó el cuerpo a la playa Mansa de Punta del Este.

Por estos tres crímenes, fue condenado a 30 años de prisión, aunque cumplió 23 años, tras redimir parte de la pena por estudio y trabajo. Luego de ser liberado en junio de 2016, se radicó en Paraguay, donde el 14 de junio de 2017 un juez dispuso su encarcelamiento durante dos años por tenencia de armas y de cocaína. Mientras que, en noviembre de 2023, regresó a Uruguay a través del puente de Salto Grande.

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