Este jueves el histórico líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo), Abdullah Öcalan, pidió desde la cárcel que su organización deponga las armas y se disuelva como parte de un nuevo intento por poner fin a un conflicto de cuatro décadas que costó la vida de decenas de miles de personas.
“Todos los grupos deben deponer las armas y el PKK debe disolverse”, expresó Öcalan en una declaración que fue leída en el hotel Elite World de Estambul por diputados integrantes del Partido para la Igualdad y la Democracia de los Pueblos, más conocido por su sigla DEM, que representa a la minoría kurda que vive en Turquía.
Horas antes de leer la declaración, varios integrantes del DEM se habían reunido con Öcalan en la cárcel de la isla de Imrali, frente a Estambul, donde el líder kurdo está recluido desde 1999.
Fundado en 1978, el PKK, considerado un movimiento “terrorista” por el gobierno de Ankara y la Unión Europea (UE), en 1984 decidió lanzar una lucha guerrillera, que tenía como finalidad la creación de un Estado kurdo.
A pesar de su largo encarcelamiento, Öcalan sigue ejerciendo una influencia significativa sobre el PKK, por lo que se espera que su llamado sea considerado, aunque algunos analistas entienden que diversas facciones kurdas podrían resistirse.
El pueblo kurdo se estima que está compuesto por entre 30 y 40 millones de personas. La mayor parte de ellos vive en Turquía, donde constituyen el 20% de la población, pero también son una minoría importante en Irán, Irak y Siria. También existe una diáspora numerosa en Alemania, donde viven más de un millón de kurdos y sus descendientes, y hay núcleos menores en otros países europeos, como Países Bajos, Suecia y Francia.
De acuerdo a lo que informó Associated Press, el trascendental anuncio de Öcalan es parte de un nuevo esfuerzo por establecer la paz entre las facciones armadas kurdas y el Estado turco. En este caso, el intento de pacificación es promovido desde octubre del año pasado por Devlet Bahceli, un político de ultraderecha que lidera el Partido de Acción Nacionalista (MHP, por sus siglas en turco), aliado en el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan.
El esfuerzo de paz llega en un momento en que Erdogan podría necesitar el apoyo del partido DEM en el Parlamento para promulgar una nueva constitución que le permita permanecer en el poder.
La Constitución turca no permite a Erdogan, que está en el poder desde 2003 como primer ministro y posteriormente como presidente, postularse nuevamente para el cargo a menos que se convoque una elección anticipada, algo que también requeriría el apoyo del partido prokurdo.
El gobierno de Erdogan tomó el llamado de Öcalan con cautela, pero analistas consultados por la cadena Euronews dijeron que la apertura de un proceso de paz podría conducir a reducir las tensiones internas, especialmente en las regiones del sureste de mayoría kurda, que durante décadas han sido testigo de sangrientos enfrentamientos entre el ejército turco y los militantes del PKK.
Paralelamente, un acuerdo a mediano plazo promovería la estabilidad política y social, lo que podría contribuir a una mayor integración de los kurdos en la vida política y social turca, además de reforzar la unidad nacional y reducir la polarización étnica y política que existe en el país.
Además, un acuerdo podría ser capitalizado internacionalmente por el gobierno de Erdogan para mejorar sus relaciones con Washington y la UE, que vienen criticando reiteradamente su política discriminatoria hacia la población kurda.