El escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) que involucra a Karina Milei, hermana del presidente argentino, Javier Milei, y secretaria general de la Presidencia, complejiza todavía más el terreno para las elecciones legislativas de setiembre y octubre en una sociedad que ya viene demostrando una baja intención de voto.
Este caso, que se conoció por la divulgación de audios en los que Diego Spagnuolo, el exdirector de la Andis, habla sobre cómo funcionaba el sistema de cobro de coimas a proveedores de la agencia y del supuesto porcentaje que recibía Karina Milei, surge cuando los votantes de la provincia de Buenos Aires se encaminan a elegir a sus legisladores provinciales, el 7 de setiembre, y a poco más de un mes de que se renueve parte del Congreso Nacional, en las elecciones del 26 de octubre.
La pregunta que surge es: ¿en qué medida puede impactar este caso en la decisión de voto? El martes se publicó una encuesta realizada por la consultora Management & Fit sobre qué piensan los argentinos del escándalo que salpica directamente al oficialismo y reveló que el 94,5% conoce el caso Spagnuolo, el 73,2% lo considera grave y el 81% exige a Milei una explicación pública.
Asimismo, más de la mitad de las personas encuestadas (56,1%) afirma que el caso redujo su confianza en el gobierno de Milei, frente a un 42,8% que sostiene que su visión no se modificó. La desconfianza aumenta entre las mujeres, agrega el estudio; sin embargo, un 82,6% indicó que no cambiaría su voto en las próximas elecciones legislativas. La estabilidad del voto se da principalmente entre varones y menores de 40 años; entre las mujeres, en cambio, el 16,2% dijo que podría modificarlo.
Al respecto, el politólogo Iván Schuliaquer dijo en diálogo con la diaria que “en una sociedad altamente polarizada como la argentina, probablemente las denuncias de coimas generen un grado mayor de retraimiento entre los más mileístas, y de fortalecimiento en aquellos que quieren votar contra Milei. Es decir, aparece una acción que moviliza dentro de la polarización pero que no alcanza –para nada– para que los votos de un partido migren al contrario”.
“Que se acuse de corrupto a Milei no quiere decir que eso erosione o modifique las identidades políticas”, señaló Schuliaquer. “En todo caso, puede pasar que aquellos que tengan un voto más débil hacia el gobierno, a quienes lo que los movilice sea sobre todo el antikirchnerismo, se sientan relativamente decepcionados y opten por no ir a votar, por votar en blanco o por elegir una tercera opción –que, por el momento, no ha aparecido–”, afirmó.
Señaló también que “en Buenos Aires esto último es difícil porque el PRO [de Mauricio Macri] cerró listas con La Libertad Avanza, con lo que perdió la posibilidad de postularse como una alternativa de derecha y antikirchnerista de tercera opción. Así, seguramente muchos de los votantes sostengan su apoyo a Milei por rechazo al contrario, en un tipo de voto que va más por la negativa que por la positiva”.
Para comprender qué se pone en juego en cada espacio político en las dos elecciones legislativas, la diaria conversó con distintos especialistas que, en gran medida, coinciden en dos aspectos centrales. Por un lado, observan un peronismo (y kirchnerismo) muy golpeado por la falta de una agenda propia definida, que se suma al fallo judicial que prohibió a su líder Cristina Fernández de Kirchner acceder a cargos públicos. Por otro, afirman que hay una muy baja intención de voto debido al descrédito que existe en la sociedad argentina sobre la capacidad de la política para cambiar o mejorar las condiciones materiales (y simbólicas) de existencia de su vida diaria. El voto “anticasta”, que en 2023 convocó a miles de votantes, hoy también perdió credibilidad.
Qué se pone en juego en La Libertad Avanza
Martín Unzué, doctor en Ciencias Sociales, licenciado en Economía y en Ciencia Política y miembro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), dijo a la diaria que las elecciones de setiembre en la provincia de Buenos Aires y de octubre para legisladores nacionales “son un plebiscito a la gestión del gobierno de Milei, que van a causar un reordenamiento obligado de los espacios de gobierno”.
“En La Libertad Avanza hay un proyecto fuerte de absorción del PRO y de algunas otras fracciones minoritarias, que pueden quedar diluidas y generar más tensiones en el interior de ese partido. También existe la posibilidad de que un fragmento del PRO residual necesite reacomodarse y opte por hacerlo en una alianza más de centro con distintos desprendimientos que están empezando a articularse de la mano de una serie de gobernadores del interior, algunos con trayectoria en el PRO, otros del radicalismo y algunos más de otros partidos”, puntualizó.
Schuliaquer coincidió, y reafirmó que en estas elecciones La Libertad Avanza busca reivindicar su propia gestión. “Podríamos pensar que es el primer test electoral desde que Milei ganó, aunque en ese momento ganó solo (y no con su fuerza política) y resultó toda una sorpresa. A casi dos años de gobierno se busca una revalidación, además de continuar apropiándose [del voto] del espacio de centroderecha y de los sectores antikirchneristas”. Subrayó que “el clivaje entre kirchnerismo y antikirchnerismo es la principal estrategia de Milei para captar votos”, ya que el lema principal de la campaña es “Kirchnerismo nunca más”, y no es “políticos nunca más o casta nunca más”.
Hay al menos dos grandes aspectos que se ponen en juego para La Libertad Avanza en las elecciones de setiembre en la provincia de Buenos Aires: un triunfo allí implicaría, por un lado, ganar el distrito electoral más importante de Argentina y, por otro, quedarse con un bastión histórico del peronismo y también del kirchnerismo, lo cual sería muy grave para la principal fuerza opositora.
Si La Libertad Avanza gana terreno y le va bien en las elecciones, advierte el politólogo, “podría profundizarse el tono autoritario con el que viene avanzando en varios aspectos”. “Más allá del resultado, en las experiencias de la derecha radical en la que Milei se inscribe (como ocurre con Donald Trump en Estados Unidos o como sucedió con Jair Bolsonaro en Brasil) se trata de actores no democráticos, que no reconocen derrotas ni contraargumentos. No están en el plano argumental, sino en el plano permanente de la congruencia cognitiva, donde ellos siempre tienen razón y, en todo caso, la que se equivoca es la realidad. Entonces, como no hay ninguna realidad que ordene, también es posible que el escenario hacia adelante en Argentina se vuelva cada vez más violento, con un gobierno que, en caso de salir fortalecido, quede más envalentonado para avanzar con reformas en el plano económico, pero también con la quita de más derechos, incluidos los políticos, civiles y sociales”, agregó.
Agustina Kupsch, antropóloga y fundadora de Panóptico Cultural, observó que lo que está en juego no responde únicamente a quién gana una elección, sino a “cómo se redefinen el sentido común y las narrativas que sostienen la vida en común”, porque la famosa “batalla cultural” atraviesa a todos: oficialismo, oposición y cualquier espacio que quiera disputar poder. “Es una pelea por imponer qué entendemos por libertad, por justicia, por futuro y hasta por quién merece protección y quién no”, puntualizó.
El desafío para la oposición
Para el campo opositor, según consideró el investigador de Clacso, una de las cuestiones fundamentales se da en el proceso de construcción del liderazgo del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, y en el resultado que aparezca como consecuencia del desdoblamiento de las elecciones de setiembre en la provincia, es decir, la decisión de que las legislativas provinciales no coincidieran con las nacionales.
“Mientras que los sectores que siguen al kirchnerismo apostaron y sostuvieron la necesidad de la unificación, el gobierno de la provincia decidió el desdoblamiento: el resultado electoral va a dar un ganador y un perdedor, y creo que esto va a tener mucha incidencia en la construcción del futuro liderazgo de cara a las elecciones presidenciales de 2027”, consideró Unzué.
Schuliaquer, en este sentido, advirtió que para el kirchnerismo se pone en juego la posibilidad de ser la principal fuerza opositora, además de ganar o competir dignamente en algunos espacios nacionales y revalidar su liderazgo en la provincia de Buenos Aires en las elecciones de setiembre. Si esto último no ocurre, dice, “podría cambiar la composición de las elecciones de octubre de la Cámara de Diputados y de Senadores en el medio de un clima de victoria para el gobierno, algo que también podría ser aprovechado para revalidarse como espacio y alinearse con otros actores”.
Probablemente, una de las sorpresas más grandes sea que el kirchnerismo no cuenta en estas elecciones con una agenda propia que interpele directamente al votante, “a pesar de estar en un momento en el que hay condiciones objetivas para movilizarse en respuesta al desguace de las políticas públicas en salud, en jubilaciones, en educación, por la eliminación de políticas de memoria o la pérdida del poder adquisitivo en general, entre muchas otras. Sin embargo, la pelea en el interior del partido por la disputa por liderazgos ha dejado eso un poco fuera de la agenda”, analizó Schuliaquer. “También están en juego el lugar que van a ocupar los gobernadores y la posibilidad de que aparezca una tercera vía que no sea peronista ni kirchnerista y que no esté totalmente alineada con Milei”, agregó.
Por su parte, la antropóloga y comunicadora Inés Menéndez Hopenhayn coincidió en que la oposición está debilitada por la disputa de conducción política en el interior de la fuerza, al mismo tiempo que observa a un peronismo “muy golpeado ya que tiene a su líder [Cristina Fernández de Kirchner] presa y proscripta”.
“El problema clave de la oposición es la falta de proyecto; muchas veces se queda sólo en ser oposición, en vez de ocuparse de construir agendas propias. Sólo se contradice todo lo que dice Milei, falta imaginación política para crear la agenda que interpele directamente a la gente que hoy no llega a fin de mes”, dijo en diálogo con la diaria.
Frente a este escenario, observa como “un gran desafío” la posibilidad de “volver a encantar al votante sin estar gobernando”. “Hay que plantear agendas que tengan sentido para las personas que van a votar y que vean en esas propuestas una respuesta posible a las necesidades reales y cotidianas. Por todo esto la provincia de Buenos Aires es muy importante, ya que es el lugar donde el peronismo tiene cierta capacidad de ganar”, continúa Menéndez Hopenhayn.
En relación con el programa del oficialismo, la antropóloga no divisa una agenda propia que pueda ir “más allá del discurso de deshacer todo lo que los gobiernos progresistas hicieron, a través de desfinanciar, quitar presupuesto, vaciar el Estado”. Quizás, dice, la gran pregunta tenga que ser cómo va a hacer la dirigencia política, y en especial la fuerza opositora, para potenciar el desencanto y convertirlo en algo activo.
La baja intención del voto debilita a la democracia
En este punto, Menéndez Hopenhayn observó que la baja intención de voto está conectada con la falta de representación de los problemas de la gente común en las agendas de los distintos partidos políticos. “Ahora Milei parecería no lograr canalizar el voto de los desesperanzados con la política, como sí lo hizo en 2023; perdió mucho de los votos anticasta, porque muchos de sus votantes se dieron cuenta de que él también es un político y es la casta”. Con relación a si esta situación perjudica al presidente argentino, consideró que no, “porque toda esa gente que hoy decide no votarlo no cambia su voto hacia la oposición y, en todo caso, si decide no ir a votar, a quien está debilitando es al sistema democrático en general y no a un partido en particular. En la ciudad de Buenos Aires [en las elecciones legislativas de mayo] no teníamos tan baja participación de voto desde 1997”.
“Hay una gran parte de la población que está descontenta con el sistema en general”, se lamentó, y señaló que, “lejos de lo que pasó en 2001, cuando el pueblo se levantó y protestó hasta sacar al gobierno de ese momento, ahora se observa a la población argentina mucho más debilitada y pasiva”. Entonces, lo que vale la pena cuestionarse, dijo, será “¿cómo vamos a hacer para defender a un Estado que el propio oficialismo está rompiendo desde adentro como un topo, en medio de un clima de indignación e incredibilidad respecto del poder popular del voto?, ¿cómo hacer para que la sociedad no deje de luchar?”.
En la misma línea, Unzué aseguró que los números de no concurrencia a las urnas son muy altos; en algunos casos superan el 60% de abstención. “Hay que pensar en las causas de este fenómeno: Milei surge como respuesta a un malestar social acumulado respecto del rol tradicional de la política, un malestar que tiene que ver con una disociación entre los problemas de la gente y las discusiones de la política. Él respondió a un voto casi desesperado de una porción del electorado que también estaba formado por sectores despolitizados o antipolíticos, que lo apoyaban porque aparentaba ser diferente, pero ahora muchos sectores lo ven como un político más que tampoco les brinda una solución más allá del discurso contra la casta”.
“También hay muchas inconsistencias en el frente económico del gobierno que repercuten con la caída del poder adquisitivo de importantes sectores de la población y con niveles de inflación que siguen siendo altísimos, a pesar de que el gobierno los desconozca y diga que la inflación ya está resuelta. Todos estos factores aportan al descrédito en el que se pone a la dirigencia política y al abandono de las urnas como la manifestación de un profundo malestar con el funcionamiento del gobierno, con el funcionamiento de la democracia, con los canales de representación, con los modos de procesamiento de las demandas sociales”, sostuvo el investigador de Clacso.
Para la fundadora de Panóptico Cultural, la baja participación responde a algo más que mera apatía. La vinculó con el fenómeno de la desafección: “Se tiene la sensación de que la política dejó de hablar el idioma de la gente, entonces, cuando vivís en un contexto de precariedad económica y emocional, la promesa de cambio pierde peso frente a la urgencia de sobrevivir. Y ahí, para muchos, votar se percibe como un gesto inútil, porque no creen que ninguna fuerza vaya a modificar sus condiciones reales de vida”.
“Este escenario termina beneficiando a quienes pueden capitalizar el desencanto (a veces desde discursos antisistema, a veces, y últimamente más, desde la violencia y los discursos anti) y perjudica a quienes necesitan que la gente se movilice para sostener su legitimidad”, agregó.
¿Se puede reactivar el voto? “Sí, y no depende únicamente de números de inflación. Se necesita recuperar la capacidad de imaginar un futuro compartido; hablar de seguridad, pero también de derechos, de economía, pero también de dignidad, y hacerlo de una forma en la que la gente sienta que le están hablando a ella”, concluyó la antropóloga.
“La movilización del voto se puede leer en el plano moral y cultural y también en el plano económico”, retomó el politólogo, y finalizó: “En el primer caso, Milei moviliza a la gente por la negativa, ante algo que genera pánico. Para muchos podría ser que vuelva el kirchnerismo. La derecha radical lo utiliza mucho, es una estrategia coordinada a nivel transnacional que se usó contra el feminismo o contra las políticas de diversidad sexual. A ciertas personas, el pánico las moviliza a votar contra algo. Por otro lado, está la movilización del voto por la cuestión económica. El gobierno tiene a su favor la baja del dólar y en contra la baja de poder adquisitivo ante el aumento de servicios y la licuación de salarios. Si bien la situación económica puede hacer que se diluya un poco el apoyo a parte de la agenda del oficialismo, no necesariamente va a llevar a la gente a votar por otra opción que no encuentre más atractiva, y, hasta el momento, no parecería emerger un actor con el poder suficiente para ganarle”.