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Movilizaciones contra el impacto ambiental, económico y social de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, el 7 de febrero, en Milán.

Foto: Piero Cruciatti, AFP

Los escándalos de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina: corrupción, ICE e insostenibilidad

6 minutos de lectura
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El evento se está desarrollando entre acusaciones de irregularidades en las obras, graves impactos ecológicos y polémicas decisiones de seguridad.

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Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, que comenzaron el viernes, están marcados por varios escándalos que los pusieron en el centro del debate público y político en Italia.

El evento, símbolo de unidad deportiva global, llegó acompañado de una serie de críticas, desde acusaciones de corrupción hasta graves impactos ecológicos y polémicas decisiones de seguridad conectadas a tensiones internacionales, con la presencia de efectivos del Servicio de Control de Inmigraciones y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) para proteger las delegaciones oficiales de Estados Unidos.

En esta ocasión, Italia vuelve a ser sede de los Juegos Olímpicos invernales después de los de Turín, en 2006. Los eventos deportivos están repartidos en varias sedes: Milán alberga las disciplinas en espacios cerrados, como hockey y patinaje, mientras que la ciudad de Cortina d’Ampezzo, en la región del Véneto, acoge las de montaña, como esquí y snowboard.

Italia ganó la asignación de estos Juegos Olímpicos en 2018, luego de la renuncia de la ciudad suiza de Sion y la canadiense Calgary, que se retiraron después de haber tenido referéndums populares que mostraron el desinterés de la población local en celebrar el evento en sus ciudades.

Contrariamente en Italia, las criticas ya empezaron porque los ciudadanos de Milán y de los pequeños pueblos, como Cortina d’Ampezzo, no tuvieron posibilidad de expresarse. Este es un tema recurrente en el evento, que fue organizado y dirigido sin dar cuenta a la población, en particular a los pueblos de la montaña.

De hecho, los tres escándalos conectados a los Juegos Olímpicos denotan un total desinterés de los organizadores sobre la opinión pública, concentrándose en la viabilidad económica y la realización de las estructuras necesarias por cualquier medio necesario.

Como resultado, el desarrollo del evento demostró ser insostenible, hay indicios de que pueda estar conectado a casos de corrupción, y ahora que los Juegos empezaron, también está generando rechazo la presencia del ICE para complacer a los líderes de Estados Unidos.

Juegos insostenibles

En 2020, como respuesta a las criticas respecto de los efectos negativos sobre la población local, el Comité Olímpico Internacional (COI) aprobó la Agenda Olímpica 2020, un conjunto de directivas para hacer los Juegos más sostenibles.

Milán-Cortina es la primera edición de los Juegos Olímpicos proyectada para respetar estas directrices, y en 2025, el presidente de la región Lombardía, Attilio Fontana, del partido de derecha Lega, presentó el evento como “la primera vez que los Juegos se adaptan al territorio, y no, como sucedió en el pasado, al contrario”.

Pero en los hechos, a nivel de sostenibilidad, estos Juegos Olímpicos mostraron ser deficitarios, con varios proyectos, particularmente en localidades de montaña, que destruyeron el paisaje, al crear nuevos edificios construidos únicamente para el evento.

El ejemplo más notable es la nueva pista de bobsleigh en Cortina, una serpiente de hormigón armado construida desde cero en la misma zona donde se encontraba otra pista de la misma disciplina construida para los Juegos de Turín 2006, pero que por la falta de mantenimiento quedó en un estado irrecuperable.

El COI se opuso a la propuesta de una nueva pista y sugirió mover el evento en lugares que ya tienen las estructuras necesarias, como la localidad de Saint Moritz en Suiza. Sin embargo, el presidente de la región Véneto, Luca Zaia (también integrante de Lega) y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni (secretaria del partido de derecha Fratelli d’Italia, aliado del gobierno con la Lega), se opusieron fuertemente a trasladar parte de los eventos fuera de Italia.

En consecuencia, la pista costó 120 millones de euros más de lo estimado, y también fue necesario derribar 800 alerces, que fueron reemplazados por cemento, a pesar de que el territorio es patrimonio mundial de la Unesco desde 2009.

Esta construcción no fue precedida por ningún debate público y tampoco se hicieron los estudios geológicos necesarios sobre la zona, en riesgo de derrumbe. Ahora, a pocos metros de distancia de la pista, se ha creado una grieta de 30 metros en el suelo, evidentemente inestable. También se construyeron otras obras nuevas, con apuro y, por lo tanto, sin demasiados controles, y además con cierto grado de opacidad.

Posible corrupción en las concesiones de construcción

Las obras para las instalaciones olímpicas han estado marcadas por la polémica, no solamente sobre la sostenibilidad sino también sobre su financiamiento y los entes responsables de las obras.

En Milán, un caso de corrupción en la concesión de permisos de construcción ha salpicado incluso al alcalde Giuseppe Sala, del centroizquierdista Partido Democrático. De hecho, hay una investigación judicial sobre la modalidad de concesión de algunos permisos sobre la construcción de nuevos edificios modernos. Junto con las investigaciones por corrupción, ya están en curso otros procedimientos y juicios por los delitos de abuso edilicio, loteo ilegal y falsificación, que llevaron al secuestro de obras en construcción, rascacielos y torres.

Entre los investigados se encuentra el CEO de la empresa Coima, Manfredi Catella, compañía responsable de la construcción de la villa olímpica de Milán, donde se están alojando todos los atletas.

La fiscalía está indagando sobre lo que parece ser un verdadero y amplio sistema de corrupción, utilizado por varias obras y actores, como el empresario Catella, posiblemente con la complicidad del alcalde Sala. El sistema se basa en los sobrecostos de estas obras, exigidos por los privados y pagados por los organismos públicos. Hace años, Catella, Sala, su secretario de Urbanismo, Giancarlo Tancredi, y el ministro de Infraestructura, Matteo Salvini (secretario de Lega), reclaman una ley ad hoc para justificar la cobertura de esta “fórmula”.

El problema radica en que estos sobrecostos van en contra de las garantías dadas por las empresas privadas ganadoras de una licitación en condiciones económicas predeterminadas y con obligaciones precisas en términos de obras públicas a realizar y devolver a la comunidad, a cambio de rentas privadas extraordinarias. El resultado es que el presupuesto inicial para las obras de los Juegos Olímpicos era de 1,5 millones de euros, pero ahora se han gastado más de seis millones para completar las obras. Y ahora, con los Juegos ya en marcha, todavía quedan obras sin terminar: de las 98 estructuras programadas por los Juegos, solo 40 fueron concluidas.

El caso ICE

Finalmente, surgió un nuevo escándalo tras las declaraciones de algunos políticos italianos, quienes sugirieron la posibilidad de desplegar, para proteger a políticos estadounidenses, como el vicepresidente, James David Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, agentes del ICE, quienes han estado al frente de la polémica de control migratoria vinculada a asesinatos de manifestantes en Minneapolis y a la represión indiscriminada en otras ciudades estadounidenses.

De hecho, después de varias declaraciones de varios políticos italianos, la embajada de Estados Unidos declaró que el ICE estará presente en Milán, pero que “seguramente no operará”, y que en caso de que lo hiciera, sería “de forma funcional y no operativa”.

El objetivo de su presencia no es ocuparse de la inmigración ni del orden público, sino apoyar al país anfitrión en el proceso de verificación y mitigación de los riesgos provenientes de organizaciones criminales transnacionales. Tradicionalmente, la protección es responsabilidad del Departamento de Estado, pero la administración del presidente Donald Trump decidió enviar al ICE.

Algunos interpretaron esto como un mensaje político fuerte, respaldado por varios dirigentes del gobierno de derecha, entre ellos, el ministro del Interior, Matteo Piantedosi, figura política muy cercana a Matteo Salvini. En cambio, desde fines de enero y hasta este sábado, la oposición de izquierda y los sindicatos salieron a la calle para protestar contra la presencia del ICE, con más de 2.000 personas que expresaron su rechazo al accionar de la agencia.

También el alcalde Sala expresó su desaprobación a la presencia del ICE, diciendo que “actúa en la ilegalidad y mata”, por lo que es “incompatible con la gestión de la seguridad”.

Signos de protestas se presentaron también en la ceremonia de apertura de los Juegos, con algunas silbatinas cuando desfiló la delegación estadounidense, y de mayor intensidad cuando apareció en una pantalla gigante el vicepresidente Vance, presente en el evento.

Trump, por su parte, subió en sus redes sociales un video de Vance modificado, con las silbatinas omitidas. El episodio se difundió de forma viral desde el primer momento en Estados Unidos, tanto que los periodistas le pidieron a Trump un comentario. Él dijo que “es sorprendente porque (Vance) le gusta a la gente”, y “no lo silban aquí en Estados Unidos”.

Al final, la protesta más dura contra el evento se dio el sábado, organizada por grupos de izquierda más radicalizados. A diferencia de la manifestación pasada, organizada por partidos políticos tradicionales y los principales sindicatos, los grupos presentes, como Rifodazione Comunista, protestaron contra el ICE, la especulación inmobiliaria en Milán y un nuevo decreto del gobierno, que impone reglas y sanciones más estrictas sobre las manifestaciones públicas.

Esto muestra cómo los Juegos Olímpicos y los escándalos vinculados a ellos están interrelacionados y revelan, en parte, los problemas que Italia debe enfrentar actualmente. Sin embargo, en el contexto del gobierno nacionalista y de derecha de Meloni, alineado con Estados Unidos, el descontento popular suele ser ignorado con tal de alcanzar sus objetivos políticos.

Meloni respondió a las movilizaciones diciendo que “quien protesta contra los Juegos Olímpicos es enemigo de Italia”. A pesar de todo, la coalición gobernante de derecha, compuesta por la Lega de Salvini, Fratelli d’Italia de Meloni y Forza Italia (el partido que fue de Berlusconi), sigue siendo la más popular en los sondeos.

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